Lo vi atento, con la mirada fija en su objetivo, lleno de curiosidad. Como un depredador acecha a su presa, tenía la mirada fija en el curso de aquel pequeño río a las afueras de Potrerillos, pareciera tener mil dudas y mil certezas al admirar el paisaje que decoraban de fondo Los Andes nevados.

Observaba como las hojas de un viejo álamo caían sobre sus propias raíces y el viento casi como acompañando a ritmo de dos por tres camino a su fin las llevaba hasta el lecho del río, donde eran arrastradas a un infinito e incierto destino. Convivo hace tiempo con la incertidumbre de saber que piensa un niño al ver tamaña escena que la naturaleza nos obsequia. Casi lamentándolo decidí interrumpir el danzar de sus pupilas y el mundo que lo rodeaba.

– ¿Qué mirás enano?

– ¿A dónde se van?- Me preguntó de manera tajante, mirándome fijamente, ansioso de encontrar la respuesta.

– Fluyen, con el agua- le dije mientras sonreía y acariciaba su cabeza.

– ¿Fluyen? ¿Qué es eso?

– Uff.. ¿Cómo te explico? Fluir es un instinto básico de la naturaleza, para poder sobrellevar, aceptar y continuar. ¿Ves el agua?

– ¡Si! La veo

– Pues el agua fluye, aún cuando se estanca y parece estar quieta, espera su oportunidad, es paciente y cuando el momento se presenta no pierde la chance para continuar. No importa cuán turbia esté, cuanto la hayan pisado, no importa cuánto tiempo lleve allí, siempre está lista para seguir adelante. Así la vida debe ser, siempre fluir, sin importar cuán difícil sea, cuán empinado esté el camino, cuantas piedras aparezcan, cuantas pérdidas llevemos pesándonos en el alma, sin importar que tan grande sea la desilusión o el fracaso, todo lo que no sirva quedará al costado del camino y simplemente sigue, todo lo que te até tarde o temprano deberá soltar o Fluir contigo, cuando la tristeza te invada no te des por vencido, cuando parece que no avanzas no te rindas, la vida como el mundo está llena de altos, bajos y planicies, disfruta la magia y la belleza que hay en cada uno de ellos, pues no sabes hasta donde llega el camino y tampoco hasta donde podrás seguirlo.

– Ahh entonces es re lindo fluir.- Dijo con la inocencia que su corta edad le regalaba

– Sí, es hermoso. Tanto como verte sonreír.- Lo abracé sin saber que esas palabras llegarían más allá de lo que mi mente comprendía.

Compartí, no seas paco