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Ricardo se arrepiente del pacto con los turcos, intenta refugiarse en el alcohol pero sabe que algo tiene que hacer. Percibe que algo malo va a suceder, recuerda la espantosa pesadilla de la mujer pariendo… entonces decide actuar.

Capítulo 5: ¡Teklif!

– ¿Qué necesita hijo?

– Padre necesito hablar con usted, hoy a la mañana tuvimos un problema con mi esposa en este mismo templo.

– ¿Me estas hablando de la señora que vomito en medio de la misa?

– Si.

– Pase, por favor. ¿Qué es lo que anda pasando?

– Padre no creo que hagas falta contarle que no soy un hombre devoto, pero mi familia está atravesando un momento muy difícil.

– El pueblo atraviesa por un momento muy difícil.

– Créame que esto es peor, o mas complicado.

– Explícame de que se trata, por favor.

– ¿Usted conoce a la familia Atadam?

– Dios me libre, si los conozco. ¿Qué pasa con ellos?

– Hemos hecho un trato no hace mucho.

– ¿Qué clase de trato?

– Leticia está embarazada, y como habrá visto es una mujer ya grande, y estamos, mejor dicho estábamos atravesando un momento muy duro, llegamos a pensar en sacar al bebé de su vientre.

– Que horror. ¿Y qué clase de trato hicieron con la familia?

– Neylam, la menor de los hermanos nos ofreció adoptar al niño, prometiendo darle una crianza privilegiada, además de ayudarnos económicamente. Pero a cambio, nosotros debíamos cumplir una serie de requisitos.

– Me imagino, deben haberle pedido que no bautizaran al niño.

– Efectivamente. ¿Cómo lo supo?

– Ricardo te voy a explicar algo, tanto el Islam como el cristianismo y el judaísmo, son religiones Abrahámicas, es decir que si bien tenemos costumbres distintas, todos creemos en el mismo dios. El problema no es a quién adoramos, sino a quién aborrecemos. La familia Atadam practica un culto, desconozco cual, pero te aseguro que no es nada bueno. Si te han pedido que no lo bautices es porque lo que pretenden evitar es la consagración del niño, bautizándolo el niño queda exento de pecado, vuelve a ser un alma pura, pertenece al reino del cielo, sin bautizar es un pecador, lleva la marca del pecado original.

– ¿Qué quiere decir con todo esto?

– El niño esta consumiendo a Leticia por dentro, no físicamente, sino espiritualmente, al tener la hostia en la boca, éste la rechazo de inmediato.

– ¿Y qué se puede hacer?

– Bautizar al niño de inmediato.

– Pero la familia pidió estar durante el alumbramiento.

– No importa, podemos bautizar al nonato, es algo que se hace cuando la vida del niño o de la mamá está en riesgo, se lo bautiza en el vientre. Mañana por la mañana voy a ir a su casa lo mas temprano posible, hay que evitar llamar la atención, avísele a su mujer.

Ricardo llego a su casa tratando de hacer el menor ruido posible, pero no alcanzo a meterse en la cama que sintió como Leticia frotaba su cuerpo, apoyando sus glúteos en su entrepierna, cuando sintió la erección, tomo el pene en su mano, entre la sorpresa y la excitación Ricardo comenzó a penetrarla y besarla apasionadamente como hacia meses que no pasaba. En el momento del clímax Leticia se aferro a su espalda con fuerza y comenzó a clavarle las uñas al tiempo que gemía y jadeaba agitada, pronto el jadeo se transformó en una risa histérica al tiempo que enterraba las uñas mas y mas en su carne. Ricardo intentaba salirse de encima, pero Leticia se aferro a él como un animal. La sangre goteaba por su espalda, la tomo por los hombros y la sacudió hasta que aflojo las garras y desenterró las zarpas.

Apenas logro desprenderse, Ricardo pego un salto alejándose de la cama lo mas rápido posible, Leticia lo miro fijo durante unos segundos como si nada hubiera pasado y de la nada comenzó a llorar desconsolada. Fue hasta el baño donde vio la profundidad de los cortes que le había provocado su esposa, se enjuago con agua, busco un sillón del comedor y se sentó en la esquina de la habitación, sin quitarle la vista de encima ni por un segundo.

Ricardo no logró conciliar el sueño durante toda la noche, apenas comenzó a aclarar fue hasta la cocina y se sirvió un tazón de café caliente, prendió un cigarrillo mientras esperaba impaciente la llegada del cura. Transcurrió media hora y no daba señales, se sirvió el segundo y así hasta que promediaba las 8 de la mañana. No podía contener su impaciencia, tomó las llaves del auto y salió hasta la capilla.

Frente a la iglesia se encontraba el viejo Siam del clérigo todavía encendido, golpeó la puerta repetidas veces, pero nadie atendía. Esperó algunos minutos hasta que se le agotó la paciencia y fue a buscar una entrada alternativa, puesto que la puerta del frente estaba cerrada desde adentro. Al costado de la iglesia estaba la humilde casa del párroco, se acercó y vio la puerta entreabierta, por lo que empujó al tiempo que saludaba como anunciándose, sin recibir respuesta. Fue hasta la puerta que separa la casa del templo, golpeó y la abrió despacio, para encontrarse con una escena dantesca:

El templo había sido destruido, las figuras hechas añicos en el suelo,

El cura se arrastraba por el piso dejando tras de si una charco de sangre, su cabeza estaba hundida, como si se tratase de una pelota deshinchada; y aunque el hombre trataba de decirle algo, no podía modular una sola palabra. Ricardo se inclino sobre el moribundo, tratando de entender lo que decía pero le extendió la mano y la apretó con fuerza señalando hacia la calle, casi como echándolo.

Ricardo subió al auto y acelero a fondo, la sangre hacia que el volante se deslizara entre sus manos, lo sujetó con firmeza y continuó su camino. Metros antes de llegar a su casa distinguió algunos vehículos, era demasiado tarde.

En la puerta lo esperaba el mismo hombre que lo había recibido en la casa de los Atadam:

– ¡¿Qué hicieron hijos de puta?!

– Shhhhhh, va a despertar a los niños.- dijo mientras habría la puerta del comedor.

En medio del comedor había una camilla, sobre ella Leticia, que parecía tomar todo con total normalidad, Neylam sentada en una esquina como esperando la llegada de Ricardo.

– Fuimos claros, queríamos a un niño puro, le dimos todo lo que le pidieron y mas; no los molestamos, solo los vigilamos desde la distancia. Su esposa estas en fecha, si hubiera aguantado solo un día mas, se hubieran ahorrado todo este desastre.

Ricardo se sabia rodeado, antes de que pronunciara palabra, sintió la frenada de un vehículo en el frente de la casa. Neylam se paro de su asiento, y salió a recibir a los visitantes.

– Ricardo, le presento a Osman, mi hermano mayor, y mis otras 3 hermanas.

El hombre se movía con la ayuda de un andador, vestía una especie de sotana blanca y no pronunciaba palabra, respiraba con muchísima dificultad, se acerco hasta la camilla donde estaba Leticia y la beso en la frente, a lo que ella respondió con total normalidad.

Entre dos de los hombres que lo acompañaban lo subieron a un mesón de madera.

– ¿Que esta pasando? ¿Qué van a hacer?

– Siéntese querido.

– ¿Pero que van a hacer con Leticia? ¿Con los niños?

– Su esposa esta a punto de parir, ¿qué imagina que podemos hacer? Ayudarla en el parto. Siéntese por favor. – uno de los hombres le acerco la silla y se quedó a su lado, inmóvil.

Las 4 hermanas se colocaron en círculo alrededor de Leticia y Osman, mientras Neylam recitaban…

Büyük Abdiel dualarımızı duyar (Gran Abdiel escucha nuestras)
Bu teklifi almaya gelirlerse aşk (oraciones, recibe nuestra)
sizi ebedi olması için yalvarıyorum (ofrenda para que vuelvas a ser eterno)

Cada vez con mas fuerza, con mas energía, hasta que el ambiente del cuarto se volvió irrespirable, lleno de un vapor sofocante, las gotas de sudor empapaban los rostros y manos de todos. Neylam se inclinó sobre Leticia y la besó en la cabeza, saboreando su sudor, tomo una tijera y la acerco a su vientre, Ricardo hizo un ademán, como queriendo levantarse, pero el hombre que lo escoltaba lo sostuvo, impidiéndole cualquier movimiento.

-Tuz çocuk, ailen seni bekliyor ( Sal niño, tus padres te esperan) – murmuró Neylam, mientras deslizaba la tijera cortando las ropas de Leticia y abriendo sus piernas. – Teklif (puja), teklif,teklif. – Como si nada estuviera sucediendo el niño asomaba la cabeza. – Teklif, teklif.

El pequeño cubierto de liquido y sangre no tardó en salir del vientre de su madre, grande, fuerte y llorando como si hubiera esperado siglos ese momento. Lo alzó y volvió a rezar, esta vez emocionada

Büyük Abdiel dualarımızı duyar
Bu teklifi almaya gelirlerse aşk
sizi ebedi olması için yalvarıyorum

Osman, recostado sobre la mesa sonreía satisfecho – Bana ablam çocuk ver (Dame el niño hermana mía)

El anciano lo sostuvo entre sus manos mientras Neylam sujetaba el cordón umbilical y lo acercaba a la boca de Osman, el hombre mordió con fuerza hasta cortarlo, arrojando un chorro de sangre por toda la mesa, Neylam lo anudó y cortó el otro extremo. – Ağzını aç ve kardeşi yemek (abre la boca hermano y come).

Enroscó el cordón y se lo metió en la boca a Osman, presionando con la mano, para que no pudiera vomitar, lo sostuvo por unos minutos hasta que el hombre no se movió mas.

Neylam tomo nuevamente las tijeras en sus manos y degolló una por una a sus hermanas, que no opusieron ningún tipo de resistencia, para después abrirse el cuello a si misma.

Cada segundo que pasaba se hacia mas difícil respirar, por mas que intentase moverse, Ricardo apenas podía mantener los ojos abiertos, hasta que finalmente el sueño lo venció.

***

Sintió una brisa de aire fresco, no quería abrir los ojos, todavía guardaba la esperanza de que se tratase de una pesadilla. El entorno parecía calmado, miró hacia los costados desorientado.

– ¿Amor, vas a cenar?

– Si, vida.

– Te quedaste dormido en la silla.

– Es que estoy muy cansado.

La casa estaba intacta, como si nada hubiese pasado, Leticia lucía radiante como siempre y los niños jugaban en el comedor.

– ¿Qué hora es?

– ¿Las 10 de la noche gordo, por?

– Por nada, quería saber.

Leticia sirvió una enorme cazuela, con grandes trozos de carne y verduras, con un caldo bien espeso, como le gustaba a él. Todo parecía normal, hasta que el llanto de un niño los interumpió. Ricardo los miro a todos como esperando explicaciones, Leticia se levantó y trajo al bebé hasta la mesa.

– ¿Qué te pasa Ricardo? Te veo raro

– Nada Leticia, estoy como si me hubiera pasado un tren por encima.

– ¿Has estado tomando otra vez?

– En absoluto.

Ricardo corrió la manta con la que estaba envuelto el niño, era un recién nacido, no se parecía en nada al resto de sus hijos, de piel blanca y pelo rubio y abundante. Le miró las manos, las piernas, algo no estaba bien, si había sido un sueño, ¿cuando había sido el parto real?

– Nos tenemos que ir ya mismo.

– ¿A dónde?

– No se, carguemos todo al auto y vamos a San Rafael, hace mucho que no visitamos a los tíos

– ¿Estás loco?

– Un poco. ¿Quieren ir niños?

– ¡¡Si!!

– Bueno, si es decisión de la mayoría…- dijo Leticia con cara de asombro

Ricardo saco un par de prendas del placard, las metió en un bolso y se escondió en el bolsillo un pequeño revolver que guardaba desde hacia años. No sabia muy bien que es lo que hacia, pero tenia que salir con su familia de ese pueblo lo antes posible.

Subieron al auto, puso la radio esperando escuchar alguna noticia de la muerte del cura, o de la familia Atadam, pero nada. Tomó la ruta, la familia cantaba contenta, Leticia lo acariciaba, como si entendiese lo que sucedía. Los niños no tardaron en dormirse, llegando al control de gendarmería de Pareditas, el bebé empezó a llorar, Leticia le dio el pecho y se calmó.

– ¡Ay!

– ¿Qué paso?

– Me mordió.

– ¡Ay!

– Amor, cuidado. – Ricardo se inclinó para ver lo que estaba pasando, el niño se había aferrado con fuerza al pecho de su esposa y le hincaba unos pequeños y amarillentos dientes en el pezón. El rostro de Leticia parecía como el de un maniquí, inmutable.

– ¿Por qué me mira señor? Dijo que no iba a mirar.-. El rostro de Leticia se había transformado en el de una anciana, surcado por profundas arrugas que parecían zanjas.

Ricardo entro en pánico, intento disminuir la velocidad, pero los frenos no respondían, el auto seguía acelerando

– ¿Tenes miedo amor? ¿No era que te querías morir?

Se acercaba una curva muy cerrada y de frente un camión que viajaba a toda velocidad. Intentó maniobrar, pero Leticia tiró el freno mano al tiempo que en su rostro se dibujaba una sonrisa burlesca, provocando que las ruedas traseras se bloquearan y chocaran de lleno contra el rodado. La explosión provoco una bola de fuego que pudo verse a kilómetros de distancia…

Continuará…

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