Primera Parte: Amores y aristas

 

Infiel. Nunca me había gustado esa palabra y eso era lo que él me había dicho. Tenía razón, había sido infiel. Lo había sido.

Había caído en la realidad plana actual y clásica en donde en una relación seria y “normal” no había que tener atracción por nadie más que por la pareja. Me dolía porque Yael me lo dijo después de un “esto ya no tiene vuelta atrás”. Quizás era cierto y mis emociones en ese momento habían nublado mi razón, pero yo a él lo seguía amando, y se lo dije. “¡No puedo querer a una sola persona! No me puedo cerrar como las ojeras que les ponen a los caballos en las carretelas, no me puedo cerrar a la posibilidad de sentirme atraída por nadie más”. ¡Si quisiera ser infiel no se lo hubiese dicho! No le hubiese dicho lo que había pasado con Hernán, pero se lo dije. Aunque no le dije que seguía teniendo ganas.

¡No estaba mal de la cabeza! Necesitaba despejarme y empecé a buscar en internet grupos de esta temática o ayuda, no debía ser la única. Y lo encontré,un grupo llamado “Amor Libre”. Me puse a ver sus publicaciones y descubrí que lo yo quería era justamente eso, no estar atada a una monogamia, sino ser capaz de tener dos relaciones a la vez, la más intensa y profunda, por supuesto, con Yael. La otra, más visceral y mundana con Hernán. Al primero lo amaba, al segundo lo deseaba. Y eso quería yo, pero el problema era hacérselo entender a los involucrados.

Supuse que Yael no me iba a entender, pero como mejor pude le dije que no lo quería dejar, que tenía planeada mi vida con él, pero necesitaba ordenar las cosas en mi mente. Que no quería irme con otra persona, sino que ambas relaciones coexistieran entre sí. Ya en frío, sin comprenderme, pero respetándome, me dió un poco de espacio. Iba a ver a Hernán, tenía que hacerlo.

Pasó una semana y le mandé un mensaje de WhatsApp. Teníamos que hablar y le pregunté si estaba en Mendoza. Si, la casa a donde había ido al asado era suya y me dijo que nos podíamos ver esa misma noche. Pediríamos unas pizzas, y lo más importante, veríamos qué iba a pasar.

Llegué y él me estaba esperando. Lo vi y sentí lo mismo que había sentido aquella primera vez. Atracción increíble, magnética. Él se dio cuenta y, una vez que entré a la casa y cerró la puerta me empezó a besar despacio, pero constante, como alguien que desea algo hace mucho tiempo. Esta vez me llevó a la cama y acostados nos seguimos besando, y lento me sacó primero la remera y después el pantalón. Se dedicó cuidadosamente a besar cada rincón de mi piel, y cada tatuaje oculto también. Después de eso yo lo deseaba, le baje el pantalón, el bóxer y con ansias le agarré el miembro y le hice sexo oral, saboreando, sintiendo todo. Ya en plena excitación me poseyó, él primero arriba, y después yo hasta que acabamos en un éxtasis conjunto.

Ya acostados en la cama, con las respiraciones agitadas justo siento que alguien toca el timbre. Me mira y me dice “seguro es el delivery, ya vengo”, se puso rápido una remera y un pantalón que estaban arriba de una silla y salió así, descalzo, a buscar la comida.

Esta vez no sentía la culpa que había sentido la vez pasada después del asado, sino que me sentía relajada, y sabiendo que también tenía que ver qué pasaba con Yael, me acosté así, desnuda como estaba y me deje llevar. A los minutos volvió con la pizza y se volvió a desvestir. Un cuerpo flaco, sin demasiados músculos pero sensual a mis ojos. Le pregunté si me podía quedar a pasar la noche y me dijo que sí.

Al otro día me desperté temprano y le llamé a Yael para ver si nos podíamos juntar en algún lado y me dijo que sus padres se habían ido por el finde al Valle de Uco a visitar unos familiares. Que fuese para allá después del mediodía que llegaba de trabajar, estaríamos solos. Le di un beso en la boca a Hernán que todavía seguía dormido y emprendí el camino. Primero me quedaría en mi casa y después iría para allá.

El camino a verlo fue una suma de pensamientos que se me agolpaban en la cabeza por salir, y esperaba que todo saliese lo mejor posible.

Llegué, me abrió y no sé qué me animó y me acerqué a besarlo, y fue el mejor beso que le había dado en mucho tiempo. Lento primero, tanteando el terreno, y más apasionado, sintiendo todo y haciendo que nuestros labios parecieran uno solo. Entré y cerré la puerta, me detuve un segundo y le dije:

-¿Qué hacemos ahora?

-Ya sabes que hacemos – me respondió.

Agitado me levantó la remera, corrió el corpiño y me empezó a besar y lamer los pechos. Sabía que eso me volvía loca, era mi punto débil, él también lo era. Le besé el cuello, le di pequeñas mordidas, lo arrastré a la cocina, y sabiendo lo que quería, me subió a la mesada y me bajó el pantalón. Yo sin dudarlo demasiado le desabotoné el jean, bajé el cierre y ahí lo vi, su excitación a pleno, no tenía ropa interior puesta, me miró y me corrió las manos hacia su espalda y entró en mí. Un momento que se nos hizo eterno, gemíamos, disfrutábamos como hacía mucho no lo hacíamos. Y en la cumbre de nuestros placeres, terminamos extasiados a la vez.

Teníamos que hablar, y hay pocos momentos tan sinceros como el que viene después del sexo. Me miró a los ojos y me dijo:

– ¿Sabías que te amo?

Tenía esa mirada que me enamoró, los ojos le brillaban.

-Yo también te amo. ¿Qué vamos a hacer entonces? Le respondí.

– Yo te dije que esto no tenía vuelta atrás, y así es, no puedo fingir que no ha pasado nada porque vos estuviste con otro tipo, esa es la verdad.

-Sí, pero mi amor por vos no ha cambiado, y estos días he pensado mucho sobre esto y me he dado cuenta que sí, me atrae ese tipo pero no dejo de planear mi vida entera con vos, de amarte, de ser feliz a tu lado. Lo que pasa es que he descubierto que no puedo dejar de sentirme atraída por otra persona, y no es que tengo algún problema, es mi forma de expresarme, mi forma de ser, y no lo sabía antes, sino te lo hubiese dicho, sabés que te digo todo. En este tiempo he descubierto muchas cosas sobre mi misma y más allá de que ya las cosas no son iguales, quiero decirte que quiero estar con vos siempre, pero fidelidad como vos la entendés no te prometo, pero te soy fiel con mi alma, con mi ser. Deseo a otras personas, es cierto. Pero te amo a vos. Si no me lo entendés está bien, deberemos separarnos, cosa que yo honestamente no quiero. Quiero que seamos libres, juntos.

-¿Un amor libre? Suena medio raro, debo decir, pero tenés razón también. Te amo con toda mi alma, me enojé mucho cuando me dijiste que habías estado con otro hombre, sentí como se iba todo a la basura, pensé que me habías dejado de desear

-Eso nunca

-Bueno. Pero si esto va a funcionar quiero que me digas todo. Doloroso o no. No te quiero perder, y me va a costar adaptarme, pero quiero hacerlo por vos, porque mi alma la tenés vos, porque no quiero arrepentirme de haberte dejado.

-De lo único que me podría arrepentir es de no ser honesta ni con vos, ni conmigo misma. Te amo.

Y acto seguido nos besamos, sabiendo que todo lo que viniese, vendría juntos.

Cierro los ojos y sé que todo estará bien. Sé que estaremos juntos, amándonos, sabiendo que todo lo que venga, vendrá. El amor libre me libera, me hace ser enteramente yo amando a quien amo, deseando a quien deseo. Pase lo que pase.

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