Muchas veces nos pasa que tenemos ganas de escribir, que queremos hacerlo, que nos gustaría poder y por diversos motivos no nos animamos, no nos largamos o nos amilanamos ante el cursor del procesador de textos titilando.

No estudié para escribir, simplemente descubrí que las letras son mi cable a tierra, que me hace bien y que me permite sublimar la angustia y la tristeza que a veces me rodea. Las letras son mi religión, mi fuerte. A través de ellas puedo crear y destruir, como un Dios. Por eso me he aferrado a la literatura, como algunos se aferran a la religión, al amor o al trabajo. Para mí es un desafío poder llevar a texto lo que pasa por mi cabeza y un acto de magia cuando el lector lo interpreta como espero.

Estas recomendaciones no son de mi plena autoría, son un rejunte de todas las cosas que he leído a lo largo de mi vida, las opiniones que he escuchado y los consejos que dan los escritores consagrados, ordenadas de la manera que mejor las he interpretado; también son opiniones propias, ya que a mi en lo personal me resultan efectivas.

En absoluto siguiendo estas recomendaciones vas a convertirte en escritor, ni hablar de un buen escritor, pero… estoy convencido que te va a ayudar, como a mí me ayudaron.

1- Tener siempre a mano dónde escribir una idea.

Muchas veces la inspiración surge espontáneamente y corremos el riesgo de olvidar una buena idea generada de manera inconsciente. Libreta, celular, computadora, tablet, lo que sea.

2- Comunicarse con el mundo.

Escribir (muchas veces) es transmitir una experiencia o un sentimiento. Las mismas surgen por el mero hecho de vivir la vida, de observar, de ser. Aunque sea con uno mismo.

3- Acostumbrarse a leer libros.

Ni internet, ni revistas ni diarios… libros. Leer nos nutre, nos da ideas, es el mejor maestro, el mejor taller de literatura. Hay que leer por lo menos un libro por mes. Si podemos variar estilos y autores mucho mejor.

4- Escribir como ejercicio.

Aunque no se tenga una idea concreta. Por lo menos quince minutos por día o media hora. Ni siquiera quienes tienen el “don” de la escritura pasan grandes lapsos sin sentarse a escribir. Escribir bien precisa práctica y esfuerzo, son contados los dedos de una mano los escritores que han tenido el don de vomitar un libro sin constancia.

5- No esperar para una historia un final explosivo.

Ahondar en el nudo, en la situación, en el lugar. El lector disfruta con sensaciones, no con finales. Independientemente que un buen final jamas está de más, no es condición necesaria para un buen texto. Muchos posibles escritores se quedan en el intento por miedo a no tener una historia impactante que contar.

6- Leer el texto en voz alta para ver cómo se percibe al oído.

No hace falta recitar, con susurrarlo basta. Es personal el trabajo. El sentido del oído nos va a hacer ruido en algunos errores que la vista omite.

7- Demorar su publicación impulsiva.

Volver a leer el texto al otro día, o un tiempo después. Siempre surgen detalles para modificar e ideas que editar. Se puede asentar lo escrito, dejar reposar y concretar mejor algunos cabos sueltos.

8- Mejorar el léxico.

Tener a mano diccionarios para usar nuevas palabras es una sana costumbre. Otro detalle indispensable es no repetir la misma palabra en un párrafo. Esto se supera utilizando sinónimos: Ésta web es práctica y sencilla: http://www.wordreference.com/sinonimos/

9- Adecuar el entorno.

Tenemos que escribir de la manera física y mental que más cómodos nos haga sentir, utilizando las herramientas necesarias para ello. Música, silencio, ruido, máquina, celular, lapicera, etc. Depende de cada uno.

10- Animarse a publicar.

No amedrentarse ante el desafío de publicar. Bancarse ser leído es un riesgo que trae aparejado el maravilloso placer de ser disfrutado. No hay nada más sublime que compartir arte. Y si nadie nos lee, no importa, porque escribir es personal, es un trabajo interior que nos cicatriza, nos cura y nos hace bien, por lo tanto publicar es aceptar, es aceptarse.

Bonus Track- Hacer cursos y talleres.

Jamás está de más inscribirse en algún curso o taller de literatura. Hay muchos escritores que saben educar, que gustan de enseñar y que están dispuestos a compartir sus conocimientos. Siempre es útil, siempre es interesante y jamás va a ser tiempo perdido.

Compartí, no seas paco