Dentro de la fauna mendocina hay pocos seres tan despreciables y rastreros como los RRPP. Son la friendzone del marketing, cuando vos querés se hacen los ricos pero cuando te necesitan te rompen los huevos con publicidad hasta dejártelos secos.

Ustedes se preguntarán ¿Cómo se gestan estos pequeños mutantes? ¿De qué alcantarilla salieron? ¿Y cómo llegaron a creerse seres de la superficie? Bueno, déjenme contarles con este breve manual que hace falta:

Ser un perdedor: estos no son losers como yo, porque en mi caso la cago todo el tiempo sin darme cuenta en pelotudeces, porque hago cosas. Estas larvas de entre 22 y 35 años no salieron ni de la largada como para perder la carrera. Se quedaron esperando que la vida los reconozca por ser “cool”, el éxito y el reconocimiento les debe venir por tener “onda” y combinar las zapatillas con el pantalón aunque a duras penas sepan leer.

Sin laburo estable, estudios a los ponchazos o más abandonados que dieta en fin de semana, viven con papá y/o mamá porque con los dos mangos que les pagan no les alcanza.

Complejo de inferioridad: como dije antes a estos mamertos no los conoce nadie y de repente se creen la última Manaos del desierto. Seguramente toda la vida quisieron encajar en esta sociedad careta y ahora se creen adentro porque un par de pendejas lindas y chetas los joden para que les regalen entradas. Los boludos se creen lindos y los están usando por dos mangos, pero son felices porque por primera vez entran al VIP, rápido y sin pagar…pobreceeeetos.

Virgo: no hablamos del signo, sino de no ponerla. Salvo algunos más o menos agraciados por la naturaleza, la mayoría son bagartos que se gastan el paupérrimo sueldo en negro que tienen en pilchas. Pasan horas combinando la ropa para ser un collage teen-cool-top o más bien un pendeviejo que se estrelló contra una paleta de colores.

Alma de esclavo: aunque para el exterior se muestren como semidioses del olimpo, para su jefe no son más que la servidumbre de turno, que apenas no cumpla o se ponga muy vejeta será descartada sin anestesia. Tal vez cobrarían más en una barra, pero aparte que eso implicaría realmente trabajar, no garpa.

Se dividen en dos modus operandi:

El denso: que te bombardea con publicidad toda la semana y el doble el sábado, sabiendo que no salís desde 1998 más o menos. Que es buena onda hasta que se las cree y se sube al pony.

El forro: ser despreciable si lo hay. Cuando les va como el culo te ruega que vayas al sucucho de mala muerte, pero remontó un poco y pretende que le chupes las medias por una entrada pedorra, que no me importa pagar ¿sabés? Así como no me importaba prestarte la Play para que jugaras con el resto de los mamertos amigos del barrio de mi hermana. Es más entiendo que no te de la cabeza para actuar bien que no te acordás mi nombre, pedazo de forro, pero si el de mi amiga que conoces hace dos meses, porque esta buenísima y tenés más ganas de ponerla que de vivir, pero como aparte de linda es más viva que vos te sacó mil entradas… ¡choto!

Ejem… disculpen… Me fuí de tema, un poco, porque ¿saben qué? A veces el problema no es del chancho sino del que le da de comer, si dejáramos de alimentarle el ego a estos puerquitos rogándoles hipócritamente que nos regalen una entrada, que podemos pagar pero no lo hacemos porque somos unos ratas y caretas, no tendrían razón se ser y seguirían desaparecidos revolcándose en su mediocridad o repartiendo tarjetas pero de un delivery.

Compartí, no seas paco