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John Winston Lennon, el hijo de Julia y Alfred ‘Alf’ Lennon, tuvo una infancia difícil. Su padre estaba constantemente ausente de su casa debido a su trabajo marítimo, y su madre no sabía afrontar bien las responsabilidades de criar a un hijo, razón por la cual John creció con su tío George y su estricta tía Mimi.

Para colmo de males, cuando tenía tan solo 17 años, su madre muere como consecuencia de un accidente de auto, y su padre, aún ausente, no da señales de vida.

James Paul McCartney, en cambio, tuvo una infancia más tranquila: su madre Mary era enfermera y su padre Jim, bombero. Encontraron, no obstante, un punto de conexión entre ambos músicos: la madre de Paul falleció cuando él tenía tan solo 14 años, producto de un embolismo.

El destino de ambos habría de cruzarse en el patio trasero de una iglesia. Una iglesia que alojaba también un cementerio. En esa época era común que familiares fueran enterrados en un mismo sitio, “apilados” para estar cerca de sus seres queridos, por lo que los epitafios solían mencionar a varias personas a la vez. Una tumba en particular, en dicho cementerio, rezaba el siguiente texto: “Mi querido esposo, John Rigby, quien partió el 4 de octubre de 1915 a los 72 años”. El texto continuaba, mencionado a otros seres queridos que compartían el espacio físico, y llamó la atención varios años después ver que, entre aquellas personas, de repente aparecía: “También Eleanor Rigby, la querida esposa de Thomas Woods, y nieta de los arriba mencionados, murió el 10 de octubre de 1939, con 44 años, mientras dormía”.

Paul, autor del tema que lleva su nombre, jura y perjura no haber visto jamás esa tumba, y que el nombre sea apenas una coincidencia. Esos mitos del rock que nunca podremos comprobar, como tantos otros.

John y Paul se hicieron amigos rápidamente. Un contacto en común, un tal George Harrison, que manejaba la guitarra como si fuera una extensión de su cuerpo, se unió para conformar un poderoso trío.

Los tres amigos, junto con el bajista Stuart Sutcliffe y el baterista Pete Best, formaron lo que sería la primera versión de The Beatles.

Stuart, lamentablemente, fallece de un aneurisma a los 21 años, mientras que Pete es echado de la banda y reemplazado por Richard Starkey, un joven que solía usar muchos anillos en los dedos, lo que le hizo ganarse el mote de Ringo (por “ring”, anillo en inglés). El apellido Starr aparece como abreviatura de Starkey.

La banda, entonces, quedaba fundada. Su nombre original de The Silver Beetles (Los Escarabajos Plateados, una especie de homenaje al músico Buddy Holly y su banda “The Crickets”, los grillos) fue recortado en su adjetivo, y la palabra Beetle fue modificada sutilmente para que contenga el término “Beat” (pulso), tan presente en la música. Nacían entonces, finalmente, los cuatro jóvenes de Liverpool que el mundo habría de conocer como The Beatles.

(Just Like) Starting Over

Tan solo 10 años después, aunque parece que hubiera sido mucho más tiempo, la banda más famosa del mundo se separaba por “diferencias irreconciliables” (un término que hoy en día se usa mucho para justificar el divorcio de famosos y diversos personajes de la farándula local).

Paul McCartney enviaba un comunicado a la prensa informando de su alejamiento de la banda, lo cual confirmaba, de manera oficial, lo que ya se venía rumoreando hace tiempo.

Muchos dijeron que la razón de la separación fue Yoko Ono, la mujer de John. Otros decían que no, que los problemas venían de antes y tenían que ver con los egos de los dos compositores principales (y un poco de esto dejó entrever George en el tema “I me mine” que se incluye en el disco “Let it be”).

La realidad es que los motivos de la separación nunca se supieron con certeza, pero puede haber sido un poco de cada cosa. Una cosa era cierta: luego de ese anuncio de Paul, en abril de 1970, el mundo perdía a la que probablemente fuera la banda de rock más influyente de todos los tiempos.

Los años siguientes fueron aprovechados por los ex-Beatles como motivo para lanzar sus carreras solistas. El primero fue George, que se despachó con un álbum triple llamado “All Things Must Pass”. Le siguieron luego los demás, cada uno fue publicando sus propios discos, a la manera que deseaban.

Por supuesto que hubo camaradería entre (casi) todos, Ringo colaboró con George en su disco, Paul, a su vez, hizo lo propio con Ringo en su álbum. Había una amistad que los unía, por lo cual no era raro que cada uno estuviera como estrella invitada en el disco del otro.

Todos excepto John y Paul, por supuesto.

En 1971 Paul McCartney saca su primer álbum solista luego de la separación: “Ram”. Dicho disco contenía, entre otras canciones, el tema “Too Many People” (Demasiada gente), que declaraba directamente, y de manera muy poética, sus sentimientos para con su ex-compañero de banda. A su vez, John Lennon incluye, en su propio disco “Imagine”, el tema “How do you sleep?” (¿Cómo duermes?) donde, sin tapujos, menciona la línea “Esos locos tenían razón cuando dijeron que estabas muerto”, una clara referencia a un supuesto mito urbano que indicaba que Paul McCartney había muerto en 1966 y quien se encontraba actualmente era un doble.

¿Era un mito? Nota mental: averiguarlo.

Los años siguientes fueron de rencor y desprecio entre los dos compositores más famosos de la historia de la música, hasta que eventualmente las noticias sobre el asunto se fueron disipando y lo único que se podía saber era que cada uno había seguido su camino.

Fue entonces cuando, en el ámbito privado y a espaldas del planeta, John y Paul comenzaron a reconciliar su relación.

Two of Us

Ese día mi relevo había llegado más temprano, lo que me permitía escaparme un poco antes sin culpa. Le comenté brevemente las novedades del día: un caño con una pérdida en el tercer piso que provocaba tener que pasar cada tanto con un trapo, unos vidrios con unas marcas difíciles de sacar en el pasillo del segundo piso, lo usual.

1:30 de la noche ya estaba listo para retirarme. Pasé por la puerta del departamento de John y noté que estaba entreabierta. Más por preocupación que por curiosidad, golpeé suavemente dos veces, y oí de adentro una voz que me llamaba por mi nombre.

“¿Eres tú?” preguntaba John. “Sí, señor Lennon, soy yo, ya me estoy retirando”.

“Pasa, por favor, entra, ven a comer algo. Y por favor, díme John”.

Ingresé con timidez, la casa era un verdadero palacio, había lujo por donde uno mirase. Pero la corona que destacaba en ese espacio enorme era el hermoso piano de cola blanco, tan famoso por ser el que dio origen a la canción “Imagine” entre otras.

“Por aquí”, me indicaba una voz inconfundible por su acento liverpoolense. Era fácil perderse en ese laberinto de habitaciones, pero siguiendo el rastro sonoro logré encontrar la cocina. Allí, sentado en la mesa y leyendo un libro se encontraba John Lennon. Estaba comiendo un sandwich y tomando un té. Había, a su lado, un plato con otro sandwich intacto. “Es para tí, espero que te guste el salmón”.

No era particularmente fanático de este pescado, pero tampoco podía decirle a John “prefiero unas salchichas”, por lo que me senté gustoso a probar el bocado que, por otra parte, me venía bien porque no había comido nada desde que comencé mi turno.

Hablamos un rato de cosas varias, le comenté mi afición por la música en general y mis básicas habilidades para tocar el piano, él me invitó a visitarlo otro día y tocar juntos algunas canciones. No le mencioné, por supuesto, ni a Paul ni a la banda en sí, lo que menos quería era incomodarlo. En su lugar, hablamos más de nuestros gustos personales, nos reímos un buen rato y finalmente me retiré contento a eso de las 3 de la mañana.

Ese sentido del humor tan característico de él estaba siempre presente, aquél que lo hizo cierta vez comentar en un recital: “los que están en los asientos baratos aplaudan con fuerza, y aquellos en los asientos más caros, por favor agiten sus joyas”. John era un hombre muy carismático, y a la vez muy sencillo. Verlo comer ese sandwich mientras leía un libro lo hizo parece tan frágil, que casi comprendí cómo pudo haber caído víctima de los disparos de Chapman sin intentar correr o protegerse.

Todo el camino de vuelta a mi hotel lo pasé recordando nuestra charla, y riéndome por lo bajo de algunos comentarios que John había hecho.

Al día siguiente llegué dos horas antes del comienzo de mi turno, saludé a Henry, que estaba apostado en la puerta como todos los días y me miró extrañado por mi horario de ingreso, y me dirigí directamente al apartamento de John.

In My Life

Golpeé la puerta con un poco más de confianza que la noche anterior, y la mismísima Yoko Ono abrió. Me saludó muy cordialmente (no se notaba que fuera una persona muy afectiva, pero sí muy correcta), me ofreció un vaso de agua y me dijo que John estaba en el estudio esperándome.

Avancé sobre los mismos pasos de ayer, y al llegar al piano blanco, allí encontré a John sentado, tocando y cantando una versión estilo balada del rock’n roll “Bony Moronie”. Me quedé parado en un rincón escuchando, sin molestar, hasta que notó mi presencia. Se acercó a saludarme, me hizo una broma sobre mi atuendo (yo suelo llegar hasta el trabajo con mi mameluco por debajo de mi ropa para hacer más rápido, evidentemente John notó la camisa sobresaliendo), y me preguntó qué me gustaba tocar. Traté de no hacer parecer tan obvio las ganas que tenía de tocar temas de los Beatles, pero fue él mismo quien me sugirió tocar algo de la banda. Incluso dijo “¿qué te parece Hey Jude?”. Un tema universalmente reconocido como composición exclusiva de Paul McCartney. Ese pequeño gesto daba a entender más de lo que parecía.

Me ofreció sentarme al piano, y él tomó una guitarra. Comenzó a cantar el tema y yo lo seguía, tímidamente, sin vociferar una palabra. Lo miraba y él me inspiraba confianza, me hacía señas de que cante.

Para el final de la canción, ambos estábamos coreando el famoso “Naaa na na, na na na na”. El pequeño Sean saltaba y cantaba también junto a su padre.

John me comentó que amaba esa canción. “De los mejores trabajos de Paul”, decía.

Me dio el pie.

Tomé coraje y le pregunté: “¿Cómo están las cosas con Paul? ¿Se hablan cada tanto?”.

Sonrió levemente, se bajó apenas los lentes para poder mirarme directamente con los ojos, sin “intermediarios”, y me preguntó: “¿Puedo confiar en tí?”.

“Por supuesto” le dije, ¡como si pudiera decirle cualquier otra cosa!

“Hace un tiempo que venimos hablando con Paul, la verdad es que nos estamos llevando muy bien, las diferencias del pasado son solamente eso, cosas del pasado. Esta misma semana quedamos en que venga a visitar, ya que está por Nueva York”.

Una sonrisa se me dibujó de punta a punta, y evidentemente no la oculté en absoluto, porque John también sonrió y me dijo, incluso antes de que pueda preguntarlo, “no creo que hagamos una reunión o que la banda vuelva, cada uno siguió su camino ya, pero a veces siento que sería lindo juntarnos los cuatro a hacer música como en los viejos tiempos. Extraño un poco eso.”

Le pregunté si seguía en contacto con los demás Beatles, y me dijo que sí, que hablaba con George y con Ringo cada tanto.

“Paul y yo éramos como hermanos”, me dijo, “una amistad así es difícil que desaparezca por completo”.

A continuación, empezó a tocar su tema “In my life”, que hablaba justamente de la amistad y los recuerdos. Toqué un par de canciones más con él hasta que se hizo la hora de comenzar mi turno.

“No te pierdas demasiado, extranjero”, me dijo antes de retirarme, “ven a hacer música con nosotros cuando Paul venga a visitarme, le caerás muy bien”.

Una cosa era trabajar en el mismo lugar donde vivía John Lennon. Otra era compartir un momento musical con él.

Pero sentarme a hacer música con John Lennon y Paul McCartney… no sé si estaba preparado para eso.

Continuará…

Escrito por Pablo Grabarnik para la sección:

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