Se despertó pensando en ella y ahí lo vio. Llamadas perdidas de un número que conocía, que tenía en su lista de contactos de WhatsApp. Le mandó un mensaje, era ella y hacía mucho que los caminos de ambos se habían separado.

– Me llamaste anoche

– Si

– ¡Que pasó?

– Nada

– Si fuese nada no me llamarías.

– Te dije que nada. Nada. Con vos siempre es nada.

– Me dijiste que no te llamara más y ahora vos me llamás a mi.

– Nada. Chau.

Y a Javier el corazón le volvió a doler. Y volvió a recordar.

– Me dijiste que seriamos eternos. Me cerraste la puerta y llenaste los sueños con responsabilidades.

Y ahí la recordó sacando la cabeza por la ventanilla y su pelo teñido de colores brillantes al sol ondeando con el aire. Reía.

– Reías.

La escuchó cantar en los atardeceres como lo solían hacer

“If everything could ever be this real forever”

– Everlong. Si todo pudiese ser tan bueno de nuevo.

– Ya esta Javier. Ya está.

– Si estuviera no me hubieses llamado.

Y en su mente se acordó la única vez que la vio llorar. Fue ese último día en donde ella le dijo que nunca más lo llamara, que todo el amor del mundo ya no era suficiente, que estaba agotada.

– Agotado estoy yo de decir que tenías razón. ¡No luchaste! ¡Yo te amaba! Yo dejaría todo lo que tengo Micaela, todo lo que tengo por volver a ser. Por volver a sentir.

– Ya esta. Ya no sigás más por favor.

– ¿Porque me llamaste? Anímate a sentir lo que sentíamos cuando estábamos juntos.

“En mi corazón está el tuyo

En mis labios están tus besos

Que vienen y van, como las olas del mar

Que necesito, te necesito”

– Cambiamos la responsabilidad del presente por las alegrías del pasado. Micaela. ¿¡Qué me querías decir anoche!?

“Take a look at me now

There’s just an empty space

There’s nothing left to remind me

Just a memory of your face

You’re the only one who really knows me at all”

– Against all odds! Habla de nosotros.

Y las lágrimas en los ojos de ambos empezaron a caerse.

– Puede que sea un error esto Javier

– Si lo fuera no estarías llorando.

Dejó el celular en la mesa. Ya no podía más con la conversación. Abrió la puerta y sintió una necesidad imperiosa de salir corriendo. En el parque, al lado de aquella estatua donde se habían dado su primer beso.

Ella salió también.

Ella llegó primero. Él la vio de espaldas.

“Te voy a besar para siempre”.

Y ahora ya nadie añora años mejores porque se olvidaron de los malos tragos. Se olvidaron de que el amor no era suficiente. Por que si lo era. Si lo era.

Compartí, no seas paco