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Una segunda oportunidad | Parte 1
Una segunda oportunidad | Parte 2

Se despertó otra vez en el baño. Pensó que fue un sueño, el peor de su vida y lo peor de todo fue ver el niño riéndose como si fuera un demonio. Se acomodó en el inodoro y se asustó, sintió pánico al ver sangre en sus manos y sus pies lacerados. No fue una pesadilla, pensó. Se reincorporo, abrió la puerta y las pulsaciones volvieron súbitamente más fuerte que nunca, escucho una voz a lo lejos que decía que todo podía mejorar, solo dependía de él.

Cada vez todo se volvía más raro, pero no podía darle importancia, tenía que encontrar a su esposa y salir de allí. Avanzó a la tercer puerta. Pensó en abrir la cuarta, pero cuando quiso hacerlo estaba con llave. Se volvió a la tres y al abrirla se encontró en un aula de una escuela primaria. Lo recordaba bastante bien, él estuvo en esa escuela a los 6 o 7 años antes de que su mamá se lo llevará a una nueva ciudad, cuando su padre los abandono.

El era un niño cuando entró por la puerta tres, se emocionó al volver a tener esa edad, estaba con su maestra en clase de matemáticas. Fue al último lugar, donde se sentaba con su viejo amigo.

-Hola Cristian ¿cómo estás? – Federico estaba contento, consideraba a Cristian como un hermano. Y se apenó no volver a verlo después de que se mudó de ciudad. Pero eso ya no importaba, su mejor amigo estaba allí.

– Bien Fede. ¿Y vos?

– Bien, necesito contarte algo y espero que me entiendas.

– ¿Que?- el semblante de Cristian era serio, parecía el de un hombre mayor.

– Esto va a sonar raro y no creo que me entiendas, pero tengo 25 años y estoy atrapado en una casa, no se como llegué y no se como salir.

– Estas en una encrucijada amigo – dijo Cristian con un tono que no corresponde a un niño de seis años.

– Supongo que esto no es normal. Decime la verdad. ¿Sos Cristian o no?

– Si lo soy. De cierta forma creo. ¿Estás buscando a tu esposa?

– Si. ¿Sabes dónde está?

– No lo sé. No está aquí, eso te lo aseguro. Sólo puedo decirte que yo soy un recuerdo tuyo. Y estoy aquí para ayudarte, el señor del traje me trajo aquí. Hace mucho que lo conozco y me pidió que te ayude.

– ¿Un recuerdo?

– Te dije que soy Cristian de cierta forma, porque soy tú subconsciente. Yo soy el recuerdo de tu amigo en un día que te paso algo traumatizante. Hoy en el recreo, va a pasar algo que cambió tu vida .

– ¿Que me pasó?

– No lo recuerdas, pero pronto lo harás. De todo esto se trata lo que te está pasando. Lo que sea que te vaya a pasar, tienes que volver a enfrentarlo para salir de aquí.

– ¡Federico y Cristian! – gritó la maestra con un tono irritado – ¿Están cómodos o necesitan una gaseosa? – agregó con sarcasmo.

Los dos niños se quedaron callados, pero Federico pensó: “¿Porque le hago caso?”. Sin embargo cuando quiso seguir hablando no pudo. Razono que eso era parte del subconsciente que no lo dejaba hablar y surgieron en el dos hipótesis. La primera que su cerebro de alguna forma solo lo dejaba actuar como en el día que recordaba, quizás ese día conversó con Cristian y la maestra lo retó de esa forma. Mientras que la segunda y más probable para él, era que lo que fuese que lo tuviera cautivo no quería dejarlo escapar y solo lo dejaba actuar como él quería.

Era una locura, pero en ese momento sonaba razonable. Y el culpable era el hombre del traje. Debía ser él, no había otra explicación. El timbre del recreó sonó y se dio cuenta de que podía volver a hablar.

– ¿Y ahora.? – preguntó Federico.

– Yo me voy a mi casa – divagando Cristian agregó – Fue un gusto verte de nuevo, Fede. La última vez no me pude despedir, mucha suerte. La vas a necesitar. Y espero volver a verte algún día amigo – entonces Cristian despidió a Federico con una mirada y se perdió entre todos los niños.

Federico estaba ansioso y asustado. ¿Que pasó ese día que no podía recordar? Recordaba casi toda su infancia. ¿Pero porque ese día se había borrado de la memoria? Salió del aula y el latido se hizo cada vez más fuerte, está vez volvió con más ímpetu y resistencia. ¿Que será? Pensó. Y en ese momento Nahuel, un muchacho fortachón y de mala fama lo golpeó por la espalda.

– Eh pelotudo, fíjate por donde caminas – Federico soltó el insulto antes de darse cuenta para quien iba dirigido. Nahuel se dio vuelta y le contesto…

– ¿Que te pasa? ¿Te crecieron los huevos?¿Que pasa si te los cortó? – Nahuel vocifero desafiándolo enardeció y de su bolsillo saco una navaja que al pulsar el botón una cuchilla metálica de 7 cm se deslizó proyectando un reflejo en los ojos de Federico, que lo cegó por unos instantes. Nahuel era un sádico y fantaseaba con la idea de matar a alguien.

Federico entonces lo recordó. Salió corriendo en dirección opuesta a toda velocidad, lo que fue en vano. Nahuel tenía diez años y corría mucho más rápido. Lo alcanzó al instante y lo tiró al piso como si fuera un muñeco de trapo. Federico se golpeó la cabeza y sintió un dolor similar al que lo atormentaba actualmente. Nunca lo supo, pero en ese instante nació el cáncer que se desarrollaría en su adultez. Nahuel lo rodeó, le clavó la cuchilla en la ingle y empezó a cortar como si estuviera faenando un cordero. La cuchilla avanzaba lentamente, Nahuel disfrutaba cada segundo en el que la sangre caliente de Federico calentaba el frío metálico de la navaja. Federico lanzo un grito agudo y estruendoso despertando otra vez en el baño. Se reincorporó y vomitó durante casi media hora. Una voz le decía que fuera fuerte, que todo iba a estar bien. Debido a su debilidad se durmió.

Cuando despertó suplicó que todo fuera un sueño, pero no, seguía en el baño. Toco su ingle y recordó todo. Que casi muere desangrado, la terapia, el psiquiatra, el cambio de escuela. Sintió que volvía a morir esa día. El trauma lo avasalló, pero de cierta manera lo enfrentó y al recordarlo se sintió mejor. Hasta notó que el dolor de cabeza, aunque seguía ahí, era más leve.

Se lavó la cara y salió nuevamente del baño, pensó el volver a la pieza tres. Pero estaba cerrada. El hombre del traje salió de la primera habitación. Sonriente y con un cigarrillo a medio fumar quedó parado frente a él.

– ¿Cómo te fue?- le pregunto emocionado.

Continuará…

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