¿Qué hago escribiéndote? Pensé mucho estos días si debía o no hacerlo, si debía o no plasmar estos deseos en letras. Pero como dicen, el “no” ya lo tenemos. ¿Qué perdemos con probar? Vení, vení que te cuento al oído como despertás la llama que habita en mí. Te vi siendo completo con tu profesión. Te vi soltar energías que inundaron el lugar hasta tocarme en lo más recóndito de los placeres. Te vi completo. Insisto… ¿Qué hago escribiéndote? No pude evitarlo, vení que te susurro los demonios de mi cabeza, vení que te excito con mis fantasías.

Por mera coincidencia de gustos nos encontrábamos en el mismo lugar, ya se sabe lo que la música puede despertar en las personas. Pero nosotros no somos dos simples humanos, vos destilas fuego en cada nota. Yo destilo fuego en cada pensamiento. Somos especímenes anormales mezclados en este mundo común. Pero te vi aquella noche siendo y haciendo magia. Entraste a mi cabeza como un disparo de pasión. Fantaseaste mis neuronas.

Me animé un poco a salir de este anonimato que ronda en mí y me mezclé entre el público. Quería poder observarte siendo vos mismo. Y lo hice. Tus expresiones de sencillez y locura me cautivaron. Tú forma de vestir con esa campera de cuero y pantalones ajustados me llamaban a arrancarlos. Te miraba como una leona mira una gacela, en su plena zona de confort esperando el momento exacto para devorarte. Sos mi presa.

Estaba por empezar el show, te deshiciste de aquella chaqueta, pareció como si mis pensamientos te hubieran desvestido. Una camisa de jean cortada dejaba ver tus brazos, blancos y musculosos. Algún que otro tatuaje que de lejos no podía distinguirse. Ese fue el primer clic que mi cerebro sintió al verte, se sintió como un toque eléctrico a mi cuerpo, leve, pero suficientemente importante como para notarte. Ocupaste tu lugar y empezó.

Desde aquel instante en que moviste tus brazos con esas baquetas supe que vos no ibas a ser igual a todos. ¡Dios! Tendrías que haberte visto desde mi perspectiva, eras el infierno en pasión. Cada nota que tocabas era un disparo a mis hormonas. Mi cuello producía escalofríos que hacían temblar por completo mi cabeza. Las piernas me tiritaban y sin embargo, tenía que simular que nada pasaba.

Dicen que cada uno es dueño de su tiempo y de cómo trascurre. Créeme que a mitad de la noche el tiempo freno. Sentí como si todo a mi alrededor se congelara, todo el mundo se calló, inclusive el cantante. Mis oídos te escuchaban solo a vos, mis ojos te miraban solo a vos. En mis fantasías te reproducías solo vos. Tocabas, seguías al pie de la letra la canción, pero sentí como si me tocaras solo a mí. Las luces te iluminaban y el resto desaparecía. Te paraste y reproducías esas percusiones al mismo son que tu cuerpo se movía. Yo caminaba hacia vos, en cámara lenta. Frenaba esos platillos y me arrodillaba. Fantaseé con hacerte sexo oral. Pero no cualquier sexo oral, sino uno en el que combinaba nuestras pasiones a la perfección. Vos con la música, yo con lo erótico. Cada uno disfrutaba de su mundo, yo te disfrutaba a vos.

La última canción, desperté de aquel sueño y opté por relajarme un poco de todos esos pensamientos. Disfrutar lo que quedaba de aquel grandioso show. La noche era larga y tenía tiempo de sobra para pensarte.

Pero, díganme una cosa antes ¿Cuántos de ustedes pueden decir que se enamoraron de su pasión? Yo lo hice.

Finalicé esa noche dándote las gracias y hablando de temas un poco profundos y otro poco ridículos. Mientras caminábamos por aquel puente mi nebulosa te idealizaba en una habitación, desnudo, solo para mí. No tenías ni idea lo que ocurría en mi cabeza, nadie tenía idea. Eso es lo bueno de las fantasías, ninguno sabe que uno las piensa hasta que las dice, y acá me encuentro contándote como tenía que retraerme esa noche de la idea de abalanzarme y devorarte, hacerte mi presa. Darte un poco de todo este frenesí, devolverte la lujuria que creaste en mí. Pero al fin y al cabo son fantasías y que difícil se hace volver a la realidad después de haberte soñado. Qué difícil es cuando hay una pared de por medio y uno no quiere atravesarla más que con placer. Qué difícil es lo no correspondido, no hablo de amor, hablo del deseo de un animal. ¿Qué hay que hacer con todas estas ganas que sobresalen de lo más recóndito de la piel?

That kind of loving turns a man to a slave
That kinda loving sends a man right to his grave

I go crazy, baby, I go crazy
You turn it on then you’re gone
Yeah, you drive me crazy, for you baby
What can I do, honey I feel like the color blue

Compartí, no seas paco