Tenía 16 años cuando mi vida dio un giro que hasta hoy no pude superar. Fui a una escuela pública, una de las mejores. Hasta hoy muchos quieren entrar a esa secundaria porque es de “calidad”. Cuando entré era una piba con buenas notas, no le ponía mucho esfuerzo pero me iba bien. Entré a ese colegio y pasé a la adolescencia digámosle rebelde. Fumaba, me peleaba con medio mundo, le contestaba mal a los profesores, y esas cosas. La escuela me tenía fichada así que me cambiaron de turno. Para “alinearme” con los demás.

En noveno año tuve un profesor de geografía que tenía fama de mirón entre las chicas de la escuela. La esposa también era profesora ahí y los hijos asistían a la escuela. El tipo era “impecable”.

Un día me llamó a lección oral sorpresa (obviamente no había estudiado nada). Me clavó un 1. Saliendo del aula le pregunté si podía hacer algún trabajo para no desaprobar el trimestre. “Ya vamos a ver qué puede hacer para levantar esa notita” me dijo. Una semana más tarde le volví a preguntar. “¿Usted quiere solucionar este problemita? Dígame un lugar, fecha y hora adonde podamos resolverlo” No dije nada pensando que era un chiste, sarcasmo o lo que sea. Unos días después me llamó con la mano desde el otro lado del patio y fui. “¿Y? ¿Consiguió un buen lugar para ir? ¿O lo tengo que buscar yo?” me dijo con una sonrisa muy rara para mi gusto. Como no sabía que contestar me reí con mucha incomodidad. Pensé que lo mejor era ir a hablar con algún directivo.

Me costó mucho pero al fin me animé a ir a hablar con la vicedirectora. “¿Con quién se peleó hoy? ¿Llamo a sus papás? ¿O ya ni me atienden el teléfono?” Y obviamente no dije nada al final.

El año terminó y yo me cambié de esa escuela.

Un año después, un fin de semana, mis amigas y yo habíamos salido a bailar a una fiesta organizada por el colegio, pero que entraba cualquiera. Me encontré al profesor en el boliche, estaba con otros dos hombres que ya estaban bastante grandes para ir a esos lugares. Lo vi y me quedé helada. El lugar era grande así que mis amigas y yo nos fuimos a otra pista.

En un momento sentí a alguien pegado a mí, apareció atrás mío. Le dije que se vaya, no lo hizo. Le dije que no quería la cerveza que me estaba ofreciendo, insistió. Tanto que tomé para que se fuera… se fue. Al rato me empecé a sentir mareada, mis amigas me dijeron que me siente, que iban a buscar agua. No las vi más. Empecé a caminar para encontrarlas. Un patovica pensó que estaba en pedo y me sacó afuera. No llamó a un taxi, ni a mi papá, ni a nadie. Me dejó sentada afuera.

Lo próximo que recordé de eso es fue despertarme en una pieza oscura, donde casi no podía moverme. Sentía que me hablaba al oído y me decía que después de tanto tiempo al fin estábamos solos. Le dije que saliese de encima, pero no tenía fuerzas para correrlo o correrme yo. Empezó a hacer lo que quería, sentí como me desvistió, su peso sobre mí. Sentí como me agarró las manos con mucha fuerza. No importaba que llore o que le pida que ya pare porque me estaba lastimando. Volví a perder la conciencia.

“¡Levantate!, ¡caminá!, ¡dale!” Me sentó en un taxi y le dió plata al taxista para que me lleve a la dirección que estaba en mi documento. Por suerte el taxista me llevó a mi casa, quien sabe que más podría haber pasado…

Esa noche es un borrón para mí. Solo imágenes de esa noche me quedaron grabadas, ni siquiera puedo acordarme de todo. No sé que es peor si acordarme o no. Sé lo que pasó, pero no puedo dejar de echarme la culpa y de decirme a mi misma que eso me pasó por salir, por no haberme ido cuando lo ví, por haber tomado lo que me ofreció.

Ya pasaron años de esa noche, pero no hay día que no me pregunte ¿Y si le hizo eso a alguien más? ¿Fui la única, o hubo otras? Mientras tanto el sigue casado y con su familia. Yo no, yo soy incapaz de formar algo con alguien, o de siquiera confiar en alguien. ¿Algún día podré seguir adelante?

Escrito por Daniela para la sección:

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