Voy a contarles una de mis mejores anécdotas. Una mañana de agosto, Jeremías se levantaba temprano para acudir a clases en la escuela secundaria Gral. San Martín. Él vivía en el distrito Gobernador Tiburcio Benegas. Un pequeño pueblo que se erguía al oeste de Chapanay y al norte de Palmira.

Todas las mañanas recorría un pequeño trayecto de 700 metros hasta llegar a la escuela y siempre, aunque no lo quisiera tenía que pasar por el bosque artificial de la fabrica Dropredrial, una empresa altamente contaminante. El bosque fue cultivado por la empresa como exigencia para su apertura debido al gran impacto ambiental.

A Jeremías, un muchacho curioso por la naturaleza, le encantaba el olor a pino, álamos, eucalipto. Ese indescriptible olor a verde lo fascinaba. Cruzaba por un sendero que atravesaba diagonalmente al bosque. No tenía que atravesar más de 50 metros, pero ese minuto del día le encantaba. Excepto cuando salida del bosque. Al final a unos diez metros crecía un árbol apartado de todos los demás, se mantenía seco todo el año. A diferencia del resto del bosque. Y nada, pero absolutamente nada crecía a su alrededor , ni siquiera las malas yerbas. El piso a su alrededor era de un color gris carente de vida. Siempre que tenía que pasar por allí, más en el invierno, cuando los rayos del sol todavía no tocaban esa parte del occidente y la obscuridad era todavía total. Jeremías pasaba corriendo, siempre presintió al igual que sus amigos que algo malo rondaba por ahí. Pero algo en su interior, en lo más oscuro de su subconsciente lo atraía a aquel árbol. Sin embargo el miedo era más grande que la curiosidad por aquel entonces.

Pero como todos sabemos, al igual que el lector que se está tomando el tiempo el leer esto .El ser humano es una mierda. Tiene la costumbre de aparentar siempre al frente de los demás. Y el problema con ustedes es ese, los humanos solos son excepcionales, pero junta a dos o más y verán que son estúpidos.

Volviendo al la historia, Jeremías no era estúpido, pero tampoco era el más listo de la clase. Esa fría mañana de agosto llegó a su escuela. Era el día 14 para ser más exactos . Todos en el aula estaban emocionados, era su último año de secundaria y ya la pubertad y los retos de los padres quedaban en el pasado, ahora empezaría la etapa de salir a buscar chicas, estudiar en universidad, etc. Con solo 17 años tenia muchísimas expectativas. Sin embargo Jeremías rechazaba está idea, no quería dejar de ser niño. Sentía que la infancia había durado menos que una estrella fugaz.

Otro problema que ustedes saben que es cierto. Nunca se conforman con nada.

Los chicos se juntaron ese día en el fondo del salón. La profesora había faltado y tenían hora libre. Eran tres chicos y tres chicas, jugando inocentemente a la botella. Entre las chicas estaba una hermosa muchacha, la más linda del salón, se llamaba Florencia, Jeremías estuvo toda la secundaria profundamente enamorado de ella. La acompañaban sus mejores amigas, Belén y Melisa. Era justamente el turno de esta última de girar la botella. Melisa la hizo girar y se detuvo en Jeremías. El maldijo ese momento, pero no tuvo otra opción, la beso.

Después del beso, Jeremías se sentía excitado, pero al mismo tiempo furioso . Era la oportunidad perfecta para besar a Florencia. Pero el día no se iba a acabar ahí.

Diego, el más cara dura de los amigos de Jeremías y el más atractivo propuso que se reunieran esa noche en su casa.

– Está noche chicos. Si pueden, los invito a mi casa. Mis viejos no van a estar.

– ¿En serio? – preguntó Florencia sonriéndole y destruyendo el corazón de Jeremías.- Que suerte tenés. ¿Como puede ser que tus padres te dejen la casa?

– Será que confían en mi – respondió Diego guiñándole un ojo, mientras que Florencia se ruborizaba.

– Yo también voy – dijo Jeremías de la nada, como queriendo llamar la atención.

– Si Jere los espero. Y vemos a que más podemos jugar. Total la noche es larga.

El grupo de 6 niños se marchó del colegio organizando lo que sería según ellos, la gran noche, nada más lejos de la razón . Se ve que los humanos son tan imbéciles que creen que pueden controlar todo.

Pablo, el más inteligente y amanerado del grupo no se sentía muy a gusto. Más cuando supo de que se trataría esa noche. Diego estaba planteando una orgía, con tan solo 17 años. Ya sé vislumbraba que iba a ser un enfermo mental. O casi, la verdad me da mucha risa la fragilidad de ustedes. Pero todavía no llego a esa parte de la historia.

Jeremías, el muchacho en cuestión, le mintió a sus padres. Grave error. Al igual que todos a esa edad e visto como las hormonas alborotan los pocos destellos de inteligencia que pueden llegar a tener.

Consiguieron alcohol del aparador del padre de Diego y los 6 adolescentes empezaron a beber. Tomaron a fondo blanco licor 8 Hermanos. De más o menos 40 grados de alcohol. No hace falta decir que ya con el segundo trago todos estaban perdidos.

Comenzaron a besarse entre Diego y Melisa. Pablo, a pesar de ser el más amanerado , sabía que su amigo esta muy enamorado de Florencia . Por eso encaro a Belén dejándole el caminó libre a su amigo, al principio tímidamente, pero luego era imposible que lo despegaran. Jeremías animado por el alcohol prácticamente atacó a Florencia que no opuso ni la más mínima resistencia. Estuvieron así un rato muy largo. Y ahí cometieron el primer error de esa noche.

– ¿Por qué no salimos a jugar a las escondidas en el bosque? – Por supuesto, la idea de Florencia era con doble sentido.

– ¿Mmm a jugar a las escondidas? – preguntó Diego, casi no podía hablar de la ebriedad.

– Mejor quedémonos acá – dijo Melisa, que comenzaba a sentir lo que es ser mujer.

– No, me parece buena idea – argumentó Florencia exaltada, buscando la posibilidad de esconderse con Diego en algún lugar.

– El bosque me asusta mucho. Porque no mejor lo hacemos otro día. Además hace frío.

– No seas tan miedoso Pablito. En el bosque no hay nada. La cantidad de veces que hemos jugado ahí y nunca paso nada – dijo Belén.

– Bueno vayamos – Diego sonría entendiendo de antemano la propuesta de Florencia.

Salieron de casa y caminaron hasta el bosque, Jeremías tenía cierta sensación de seguridad. Porque en la oscuridad podía ver las luces de su casa. Sin embargo, esa noche no iba a ser tranquila para ninguno ellos. Tendrían suerte si podían volver a dormir algún día.

Pablo perdió en el juego de piedra, papel, o tijera. Yo al verlos me reí. Tengo que confesarlo, miles y miles de años en la tierra y nunca vi gente tan estúpida como esos niños. Por eso les digo que la estupidez humana es contagiosa.

Me tomé el atrevimiento de hurgar un poco en la mente de Pablo y pensaba en irse a su casa apenas terminara de contar. Pero por un motivo cambió de opinión y se quedó. Contó por un rato y salió en la búsqueda de todos. Y, como era de suponerse, Diego y Florencia corrieron para esconderse juntos. Jeremías los siguió, pero en la obscuridad no pudo ver una rama. Tropezó y cayó suelo. Entonces decidió meterse en un árbol hueco que estaba cerca de allí.

Belén y Melisa corrieron el dirección al árbol muerto. O así me enteré que le decían, esa noche. Pensé en como asustarlas y recordé que hace unos años un hombre se suicidó cerca de allí. Porque la mujer lo abandonó, otra cosa de los humanos, ven difícil la vida y se suicidan. Igual es mejor así, más leña para el caldero, si me entienden.

Melisa corrió en dirección al árbol con Belén siguiéndola muy cerca. La luz de luna llena mostraba las hermosas facciones que algún día tendrían. El alcohol seguía surtiendo sus efectos y ellas apenas podían caminar sin tropezar. Entonces consiguieron un escondite antes de donde estaba el señor colgado.

Pablo salió caminando muy lentamente, esperando que su vista se ajustará a la obscuridad. Pasó muy cerca de donde estaba Jeremías. Salió al sendero que lo llevaba al pueblo y vio el árbol muerto. Tan grande y amenazante como siempre lo vio. Pablo reconocía la especie. Un jacarandá, recordaba vagamente una canción del jardín que hablaba del jacarandá. Él siempre imaginó al árbol como algo sonriente lleno de vida. Pero esto era todo lo contrario, no tenía ninguna hoja, la tierra parecía estar muerta a su alrededor y una ligera brisa acariciaba las ramas de aquel árbol produciendo un sonido aterrador; y además el viento daba la impresión de mover las ramas.

Pablo escuchó en su mente que el árbol lo llamaba. Y miles de pensamientos lo atormentaron, más allá de ser inteligente era muy supersticioso. Giró para huir del jacarandá y se golpeó en la frente con algo. Cayó de espaldas y al alzar la mirada, vio a un hombre de unos 50 años ahorcado. Sus ojos se dilataron, los abrió y cerró varias veces, no podía creer lo que vivía. Más cuando el hombre abrió los ojos y con una voz de ultratumba le dijo – Hola Pablito, te he estado esperando -.

Más allá de la obscuridad, él pudo notar los colores. La cara del suicida estaba morada y muy hinchada, la lengua estaba afuera, se desprendía de los labios como haciéndole burla y tenía un color verdoso que hizo que el alcohol ingerido quisiese salir a toda velocidad. Se paró y como pudo empezó a correr, la soga se extendió hasta el piso y el suicida empezó a caminar como si fuese un zombi.

Pablo quería gritar, pero no tenía aire. Lo único que los seres humanos han desarrollado bien es su capacidad de supervivencia. Su cerebro mandó toda la sangre y el oxígeno a las piernas y el muchacho logro correr más rápido que nunca.

Mientras tanto Belén y Melisa salieron de su escondite a las risas, tratando de llegar al punto donde Pablo contó para ganar el juego. Ambas se apartaron cuando vieron que Pablo venía corriendo como un loco .

– ¿Que le pasa al boludo este? – dijo Belén

– Pasa que me tiene miedo – dijo riendo el hombre suicida que al caminar dejaba un rastro de sangre y moho. Además sus ojos estaban a punto de salir de sus cuencas y de ellos brotaba sangre como si estuviesen llorando.

Las niñas gritaron, más al ver como cucarachas, gusanos y arañas salían del cuerpo del suicida. El espanto logro que ellas se orinaran encima y llorarán como si tuviesen 6 años. Corrieron lo más rápido que pudieron hasta llegar a las luces.

Jeremías, por su parte, estaba escondido detrás del árbol hueco, vió todo lo que sucedió, no podía creerlo. Su corazón palpitaba en una taquicardia incesante. Se quedó quieto, su cuerpo parecía perder fuerzas, pero se disponía a huir. Espero a que el zombi desaparecía entre la bruma. Escuchó los gritos de las chicas y se aterrorizó aún mas, pero cuando estuvo a punto de huir, escucho unos gemidos que lo detuvieron…

Continuará.

NDR: Los hechos suceden en una localidad ficticia.

Compartí, no seas paco