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La excitación y la sensación de grandeza que envolvía a Jeremías mientras leía el libro de historia de su papa le provocaba una felicidad enorme, se regocijaba con cada palabra, con cada articulo, con cada mención del árbol en ese libro. Tanto así que no pudo dormir en toda noche, leyó todo con tanta velocidad y tanta concentración que logro memorizar todo, pero no le era suficiente, el quería saber mas, necesitaba saber de donde provino tan majestuosa creación de la naturaleza.

A la mañana siguiente se levantó mas fuerte que nunca a pesar de haberse desvelado, corrió adonde se encontraba su papa para obtener mas información, lo encontró sentado en desayunando solo.

– Hola papa – dijo sonriendo – buen día. ¿No tenes más información del árbol?

Después de un suspiro muy profundo, típico de un hombre cansado de madrugar todos los días, sabiendo que todavía le quedan diez años mas para jubilarse y ver amaneceres le respondió.

– No, eso es todo lo que tengo, soy un aficionado, no un historiador. ¿Por qué tanto interés en árbol? – Gabriel comenzaba a preocuparse. Sabia muy bien que ese árbol era algo malo, después de tantas muertes y sucesos extraños ¿Quien no lo pensaría?

– No es solo árbol, si no toda la historia del libro, las fundaciones de los pueblos, como fue cambiando la arquitectura, todo en general.

– ¿Hijo? ¿Cuántos años tengo? – preguntó Gabriel moviéndose hacia atrás un poco enardecido.

– Tenes 44 años.

– Tengo 44, y pensas que me vas a hacer boludo. ¿En serio? Se que tengo cara de boludo, pero que mi propio hijo me quiera vender gato por liebre me preocupa, debo tener mucha cara de boludo. Eso explicaría muchas cosas – agregó sonriente con sarcasmo.

– No te estoy mintiendo – Gabriel clavó en Jeremías una mirada que decía, “o me decís la verdad, o te meto un piña que te dejo regulando”, Jeremías reculó un poco, pero encontró las palabras justas para salir del momento incomodo.

– Es simple papa, me llama la atención y creo que es así con todo el mundo. Por ejemplo, si vas por la ruta y hay un accidente, bajas la velocidad porque es necesario, pero cuando pasas por el choque reducís mas la velocidad y ves el accidente. Te da morbo ver lo que hay en la orilla de la ruta, aunque sabes que eso no esta bien y probablemente te afecte. Es raro, pero así es el ser humano, eso es lo que siento yo papa. Me da morbo saber que pasa ahí – Jeremías se sorprendió a si mismo por tan inteligente repuesta, no muy propia de él, hasta parecía que la respuesta fue susurrada en su oído y se la dio alguien mas sabio, mas inteligente.

Los ojos de Gabriel se dilataron y se avergonzó un poco, porque lo que le dijo su hijo era verdad, ¿quién no reduce la velocidad para ver cada detalle escabroso de un accidente?, no podía culparlo.

– Tenes razón hijo, pero no me gusta que estés por ahí, mucha gente ha muerto. Y se percibe algo malo en ese lugar, todo el pueblo lo sabe, no te acerques mas ahí, por favor.

– ¿Pero como puedo saber quien lo planto?

– Nadie sabe eso, ya estaba cuando construyeron el pueblo, pero si te sirve de algo en la casa de ancianos hay un señor muy mayor, de 105 anos. ¿Te acordás, el que fue noticia hace poco en el noticiero como el ciudadano mas longevo de Mendoza?

– Si me acuerdo.

– Bueno su familia vivió cerca el vivió de esta zona, creo que su bisabuelo o abuelo tenían una chacra, si alguien puede decirte algo sobre el árbol es él. No se si recordará o cuanto podrá hablar, cuando lo vimos por la televisión se veía bastante lucido, pero eso no asegura que sea así todos los días.

– ¿Lo puedo ir a visitar?

– Si, no le veo nada malo, lo único te pido es que no vayas de nuevo del bosque, es inevitable que pases por ahí para ir a la escuela, pero evita mirarlo.

Se despidieron en el comedor, ya se le hacia tarde a Gabriel para encarar la jornada laboral, después del ultimo saludo Jeremías salió de la casa en camino a la escuela, pasó por el bosque y al salir vio el jacarandá meciéndose poco a poco en la brisa, y se preguntó que secretos guardaba, cuando encaró la calle que lo llevaba a la escuela, lo aturdió un pensamiento. Necesitaba saber mas del árbol, le faltaba el aire, le sudaba la espalda y la frente, y no se mejoraría hasta que supiera mas.

Se desvió y cambió de rumbo al asilo de ancianos. No entendía porque lo hacia, nunca falto a la escuela para ir a otro lado, pero hacerlo le gustó, se calmó de repente, ya no se sentía al borde de un ataque de nervios.

Llegó al asilo, vio a dos ancianos sentados a la sombra de un paraíso, los ancianos lo miraron con cizaña, de muy mala manera, él los ignoró, no le importaba. Entró sin saludarlos y escuchó levemente como uno de ellos murmuró – ese chico tiene algo malo – pensó el volverse para insultarlo, pero se detuvo, no le importaba para nada lo que un anciano senil y decrepito pudiera decir de él.

Llego adonde se encontraba una joven secretaria con un discurso muy convincente ya preparado de ante mano. La joven muchacha se llamaba Sofía, era una rubia de hermosos ojos azules y silueta perfecta, no tendría mas de 19 años. Sin embargo eso no llamó la atención de Jeremías, que en otras circunstancias no le hubiera sacados los ojos de encima. Solo le importaba el árbol, y nada mas que el árbol. Sentía que su vida dependía de saber mas sobre el jacarandá.

– Hola, buen día – exclamó con muy buen humor – Estoy buscado al anciano que salió hace poco en el noticiero para un trabajo practico de la escuela. Es una tarea de historia tengo que hacerle unas preguntas breves. De como fue su infancia, como vivió los cambios tecnológicos y cosas por el estilo.

– ¿Y venís solo? – Preguntó Sofía dándole a entender que no era incrédula.

– Si, mis compañeros de grupo no van a hacer nada y yo necesito la nota.

No terminó de creerle, pero ¿que daño podía hacerle al anciano responder cuatro o cinco preguntas? Lo observó de pies a cabeza y aunque algo de él no le cerraba, no se veía como una amenaza. Entonces se levantó del escritorio y lo acompañó adonde el anciano se encontraba sentado, mirando perdidamente por la ventana en dirección al bosque.

– Te voy a pedir que seas breve.

– Si no te preocupes en quince minutos me voy – respondió Jeremías fingiendo una sonrisa.

La chica blanqueo los ojos, se aproximó al anciano y le tocó el hombro, este levantó su mano y la tocó con firmeza – mi hora se aproxima Sofía – dijo el anciano en tono melancólico.

– Don Zabala por favor no diga estupideces, mire ha venido un muchacho interesado en preguntarle un par de cosas de su pasado para una tarea escolar – le dijo eufórica para levantarle el animo – El anciano giro en su silla y vio a Jeremías, sonrió levemente de costado de costado.

– Si quieres puedes irte Sofía, creo que el muchacho quiere hablar a solas conmigo.

Sofía dedico una ultima mirada cínica a Jeremías y se marchó. El anciano lo miraba como intentando descifrar la salida de un laberinto – ¿Qué quieres? – Le preguntó.

– Conversar un poco con usted sobre el pueblo.

– Si… me he vuelto la sensación del momento, tuve que esperar mas de un siglo para volverme famoso.

– Me sorprende, habla con mucha elocuencia y coherencia para su edad.

– A los periodistas también les sorprendió, mi cuerpo me ha fallado, pero mi mente es como la de un hombre de 25 años.

– Eso es bueno, me va a poder ayudar entonces con mi tarea.

– No tienes ninguna tarea y tanto vos, como yo lo sabemos. El otro día sabia que algo iba a pasar, soñé con el jacarandá y con un niño que se suicidaba. Ese árbol solo a traído problemas desde siempre. Y vos tenes ese hedor a mierda que hay cerca del árbol, estas relacionado con él.

– No señor, pero me interesa saber mas sobre él.

– ¿Pensas que soy estúpido?, los 105 años que tengo no han sido en vano.

– Es curioso – Jeremías sonreía – mi papá me dijo lo mismo.

– Es un hombre sabio, tendrías que hacerle caso. Seguro te advirtió que no fueras donde estaba ese árbol.

– Si, me lo dijo, pero igual tengo curiosidad. Él mismo me sugirió que hablara con usted por favor si sabe cuéntemelo.

– No debería , no creo que sea lo correcto – el anciano suspiro – no importa, total ya no me queda mucho. Lo supe cuando entraste por la puerta, pero apenas termine te vas, me incomoda tu presencia.

– ¿Me va a contar?

– Si, te voy a contar una breve leyenda que me contó mi abuelo. Es un relato de mas de 200 años.

Los primeros pobladores que se apoderaron de estas tierras fueron porteños e inmigrantes, que llegaron aquí después de la revolución de mayo, entre ellos se encontraba mi bisabuelo y mi abuelo, que por lo que creo debía rondar los 10 años. Ellos se establecieron en lo que hoy es Tiburcio Benegas, esa tierra fue arrebatada a los indios Huarpe Milmac de la zona, es una tierra rica y prospera, “escupe en suelo y en dos semanas nacerá una planta de tomates” decía mi abuelo.

Lo que les llamó la atención en aquel entonces, y sigue llamando la atención, es ese árbol de mierda.

“Le dice árbol de mierda algo tan perfecto y majestuoso como es aquel jacarandá” pensó Jeremías.

En esa época cultivaban chacras de papa, tomate, maíz, etc. Pero nada crecía a 100 metros a la redonda del jacarandá. Ahí fue cuando los primeros sucesos paranormales comenzaron. Mas de una vez los primeros habitantes intentaron derribarlo, con hachas , serruchos, hasta con pedradas, pero era imposible, parecía que con cada intento el hijo de puta se volvía mas fuerte. Pero eso no desanimó a los pobladores, por el contrario, lo intentaban con mas frecuencia, hasta que un día a alguien, mejor dicho a mi bisabuelo, se le ocurrió prenderlo fuego.

Parecía la típica historia de brujas donde son quemadas en la hoguera. Lo rociaron con un poco de combustible para candil y lo incendiaron. El árbol ardía mas que el peor de los infiernos, el olor a mierda era tan potente, que no lo soportamos y tuvieron que marcharse.

Por la mañana el pequeño pueblo de solo 200 persona se despertó con dos noticias, la primera que el árbol estaba ahí, como si nada hubiese pasado y la otra que mi bisabuelo murió asfixiado. Tenia marcas muy delgadas alrededor del cuello. Todos abandonaron la zona. Diciendo que ese árbol era el gemelo de otro que está en el infierno conocido como el Zacum, un árbol del inframundo cuyas raíces se entienden por todo el infierno buscando a las personas que se esconden del barquero y los tortura peor que el mismo lucifer.

Con el tiempo me enteré, que ese árbol se profesa en todas las religiones. Paso un tiempo, muchísimo, creo que casi 100 años, ya nadie hablaba del árbol.

– Hasta que hicieron el bosque.

– Exacto. Esa maldita fabrica y la fundación de este pueblo maldito, jodieron todo. Y lo peor de todo es que ese árbol de mierda sigue aquí, vio pasar tres generaciones de mi familia, por suerte mis hijos lograron irse. Tengo la sospecha que algún día ese árbol despertara y temo que algo pueda pasar.

El viejo estúpido no estaba equivocado, algún día el gran jacarandá despertará, pero falta mucho para eso.

– Eso es todo lo que se.

– No tendría que insultarlo – dijo Jeremías enojado.

– Lo insulto porqué con mi edad ya no le temo a nada, ni a vos, ni al árbol de mierda ese.

– Le temerá – la cara de Jeremías se transformó, parecía la niña descripta por William Blatty en el exorcista, sus ojos se pusieron verdes y su piel se resecó como las hojas del otoño.

– Andate por favor o voy a llamar a Sofía para que te saque a patadas.

-C laro usted en la silla de ruedas no puede patear a nadie.

– Andate a la putísima madre que te re mil parió vos y el árbol maldito ese.

La risa que salió de la garganta de Jeremías se expandió tanto, que mas de un anciano se despertó en el asilo. El pecho de don Zabala sintió una punzada y Sofía entro en la habitación mas rápido que un rayo.

– ¿Qué pasa? – dijo enojada.

– Nada – respondió el anciano- el pibe se va.

– Si me voy – sonría con cinismo – pero antes de irme don Zabala quiero hacerle una ultima pregunta. ¿Porque mira al bosque todo el día? ¿Le teme a algo?

El viejo no supo que contestarle a pesar de toda su experiencia de vida, Sofía lo tomo por el brazo y lo llevo afuera echándolo del lugar. Jeremías reía a carcajadas y se fue caminando lentamente con el sol en la cara tarareando lleno de euforia y felicidad.

Continuará…


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