El mejor equipo de gobierno de los últimos 50 años, titulado así por el excelentísimo experto en Sociología Política Argentina, Nelson Castro, anunció esta tarde el nuevo plan de gobierno que pretende disminuir las tasas de pobreza e indigencia en el país, en el marco del principal objetivo nacional de Cambiemos llamado “pobreza cero”.

Hemos logrado a través de un enorme esfuerzo de gestión internacional, además de por supuesto la sagacidad política y negociadora de nuestras autoridades mayores, la concreción de un sueño maravilloso que de acuerdo con nuestras proyecciones, podría terminar con la pobreza o bien reducirla a niveles prácticamente inexistentes”, anunciaba lleno de orgullo el Jefe de Gabinete Marcos Peña. Y agrega: “como siempre lo sostuvimos, hemos venido a sincerar las cosas, a poner blanco sobre negro, y estamos muy decididos a hacerlo”.

El controvertido plan se basa en el llamado “intercambio intercultural para la interacción racial y contemporánea de nichos de subdesarrollo” y que no consiste en otra cosa que, a través de una activa participación de las embajadas argentinas en Europa, garantizar la migración de los habitantes de asentamientos o villas emergentes locales hacia los países europeos, en intercambio con los habitantes menos favorecidos del viejo continente, en especial los rumanos.

¿Qué producirá este intercambio de personas de baja condición económica? Bien, según indica el proyecto ingresado al Congreso donde confían será aprobado por unanimidad, los argentinos clase media son más sensibles socialmente con personas de características caucásicas y anglosajona: se ha detectado una fuerte tendencia a emplear a personas incultas de tez clara que de tez oscura, mayor es la diferencia si además de tez oscura le agregamos rasgos aborígenes. Esto sin importar el color de tez del empleador, por supuesto, pero sí muy afín a su necesidad de despegarse socialmente de la pobreza.

El Gobierno confía en que, una vez cambiadas las poblaciones de pobres y marginados sociales, el cambio será precipitado. Se contempla los primeros tres años un aumento en las asignaciones dadas por el estado, lo que traerá mayor consumo interno, pero de personas claras: a nadie causará indignación ver un rubio bien vestido con celulares nuevos. Ya no se gastará más dinero de la Asignación en tintura: éste punto en particular levantará el beneplácito de la clase media en un 180% según los sondeos: “un golazo de media cancha” según las palabras del propio Presidente.

Las agrupaciones feministas se verán mucho menos en las calles: la prostitución será mucho mejor paga y reconocida como actividad formal, y ya no pedirán más abortos sino más nacimientos: las parejas de mediana edad de clase media y media alta harán cola para adoptar preciosos bebés y niños rubios de ojos claros. Los que queden viviendo con sus madres pobres tampoco pasarán hambre, ya que nadie preguntará de dónde sacó su madre la casa o el dinero para mantenerlo, asumirán que viene de un lugar blanco y puro como su alma.

Las dirigentes sociales serán también modelos de pasarela, o por lo menos no dará mala impresión su cara en primera plana. Las colas en el ANSES ya no serán deprimentes de ver. Viajar en transporte público será como tomar el metro en Italia. Los pungas parecerán simples deportistas, nada de aflicciones o miedos por ver morochos corriendo. Si un rubio te pide el celular, por algo será. Si un rubio se lleva tu bicicleta, es que quiere colaborar con el medio ambiente. Si un rubio te persigue cuando caminás sola de noche, le mandás corazón en Tinder. Si el hospital central está lleno de rubios, te sentís en la Clínica de Cuyo o el Español. En lugar de evitar el Campo Pappa, iría la juventud a buscar pareja.

Incluso, el proyecto también menciona que ese será el momento donde las grandes inversiones internacionales por fin llegarán a nuestro país: “hasta ahora se ven frenadas por la desconfianza de los capitales extranjeros al ver tanto indio mataco” dijo, fuera de la grabación, Frigerio.

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