Largo y penoso ha sido el camino que la comunidad LGTB ha recorrido para que le sean reconocidos sus derechos, sin embargo una pregunta sigue estando presente en todas las discusiones sobre el tema; y es: ¿La homosexualidad es una condición natural, o un desarrollo socioespiritual? En otras palabras ¿Gay se nace o se hace?

Muchos dirán que es una discusión vacía y sin sentido, otros que la ciencia vive investigando pelotudeces… otra discusión mas vacía aun. Un estudio realizado por el DEI (Departamento de Estudios Improductivos), del CONICET bajo la auspiciosa dirección del Técnico Superior en Cosas, Dr. Lamberto Falo, se embarcó en la tarea de aislar y reconocer los genes que determinaban la homosexualidad, para este fin se abocó primero a un estudio de campo, donde se pudo identificar la probabilidad de que alguien fuera homosexual, de acuerdo a su profesión u oficio y estos fueron los que obtuvieron mayores porcentajes:

  • Peluqueros, divididos en 4 grupos:
  1. Si se hacen llamar Coafer, las probabilidades de que sean héteros, se aproxima al 0%.
  2. Si trabajan en un salón mixto donde hacen tratamiento de queratina, alisado definitivo y coloración las posibilidades de que sean homosexuales se aproximan al 80%.
  3. Si tienen una barbería las posibilidades se acercan al 30%.
  4. Si en cambio tienen un saloncito de esos donde hacen los cortes típicos de los años 20, afeitan con navaja, afilándola en cuero, las posibilidades de que sean putos se aproximan al 10%.
  • Artistas plásticos.
  • Enólogos, someliers, catadores y demases.
  • Profesores de Educación física, bachata y salsa.
  • Enfermeros.
  • Escritores ocasionales en revistas virtuales.

El estudio, en apariencia, no parecía arrojar mayor luz sobre la interrogante que lo motivaba, pero la mirada atenta del ojo analítico descubrió una discrepancia con las encuestas anteriores… el secreto estaba en el vino.

A diferencia de lo que se podría pensar, la cantidad de homosexuales en el gremio de los enólogos no es mayor que en los demás ámbitos, salvo en Mendoza, pero ¿que era lo que motivaba esta diferencia? Sencillo y sorprendente: el consumo de vinos chilenos. Y he aquí la explicación científica al asunto.

El olor a orto y la homosexualidad como atributo natural de los mamíferos.

¿Qué puede motivar a un hombre a relojear el bulto de sus congéneres? ¿Qué los lleva a fascinarse con los traseros masculinos y el placer de ser penetrados por el local del fondo? Nunca nadie lo sabrá, o tal vez si. Lo cierto es que la homosexualidad es una característica compartida con nuestros mejores amigos: los perros.

Pero ¿cómo se relaciona la homosexualidad canina con los vinos chilenos y los someliers mendocinos? Sencillo, sabido es que los someliers y enólogos son especialistas en analizar las cualidades organolépticas de los vinos, específicamente el estimulo del sentido del olfato. ¿Y cómo es que perciben esta cualidad? Por medio de la nariz, obviamente, porque la nariz es el órgano olfativo, faltaba más. Ahora, bien sabido es que los perros son amantes de oler culos, esa es su carta de presentación; algo como:

– Buenos días, déjame que te huela el orto.

– Faltaba más amigo, huela tranquilo.

– Que fantástico olor a caca tiene usted.

– Es que he estado comiendo pañales.

Lógica innegable.

Entonces, si los perros se conocen oliendo ortos y como sabemos, los vinos chilenos tienen olor a culo, se deduce que los mendocinos son gays por su cercanía con el país vecino, probabilidad que aumenta exponencialmente si además han pasado tiempo en el mismo. Esta es una de las hipótesis que mas profunda y ondamente han calado en la psiquis de la comunidad científica internacional, solo queda confirmar la teoría, mediante el análisis empírico de la evidencia recolectada. Esperemos estar vivos para presenciar tan trascendente acontecimiento.

Saludos amigos de la ciencia.

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