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La tormenta se intensificaba sobre Tiburcio Benegas, los rayos caían uno atrás de otro, como si se tratase de un huracán, el viento azotaba a velocidades nunca antes registradas en el pueblo, ni en la provincia. Sin embargo eso no fue impedimento para que Gabriel, el padre de Jeremías, conciliara el sueño.

Mientras dormía, algo salió del control del jacandá, no pudo controlar ese mínimo detalle y Gabriel tuvo una pesadilla. Se vio a si mismo parado al frente del majestuoso gigante de madera, observando su belleza y temiendo por su poder, él sabia que ese árbol era algo malo, pero nunca pudo imaginarse qué tanto. Cuando un niño de la misma edad de su hijo salió moviéndose por la parte de atrás del tronco.

– No es bueno que estemos acá – dijo el niño – este lugar es malo, es uno de los peores de la tierra -. Gabriel quería divisar su rostro, pero se le era imposible, la sombra del árbol no lo dejaba.

– ¿Adonde quieres ir?

– Adonde sea, solo imagine otro lugar, esto es un sueño y a pesar de la fortaleza del árbol, usted tiene control de lo que pasa, al menos en este mundo.

Gabriel se asustaba, nunca tuvo un sueño tan lucido, es más… nunca soñaba y ese niño tenia algo muy familiar que lo paralizaba. Creía saber de que se trababa todo, cerró los ojos en su sueño y al abrirlos nuevamente ya no estaban el bosque, estaban en el sendero que lleva al barrio donde residía.

– Esto es mejor, me gusta un poco mas – dijo el niño riendo, aun así Gabriel no pudo ver su cara.

– ¿Quien sos?

– No tengo mucho tiempo señor, me queda poco para abandonar completamente este mundo. Ahora quiero hacerle una pregunta. ¿Usted conoce el pasaje de la Biblia, donde Abrahám va a un monte para sacrificar a su único hijo?

– Si, va a sacrificar a Isaías.

– Correcto a Isaías.

– ¿Porque me preguntas eso, si decís que no tienes mucho tiempo? – comenzaba a creer que se trataba de un sueño sin sentido, como tantos de los que a escuchado hablar.

– ¿Cuánto vale la vida de su hijo don Gabriel?

Las pupilas de Gabriel se dilataron y la sangre se le heló parcialmente, el corazón le zumbaba en sus mejillas, reconoció al niño inmediatamente después de que dijo “Don Gabriel”.

– ¿Pablo? – preguntó. Y en ese momento se despertó transpirando al lado de su esposa, que ya hacia profundamente dormida, desvió la mirada a los pies de la cama y casi sufrió un infarto cuando vio al niño que alguna vez fue el amigo de su hijo mirándolo con la vista vacía y con una marca roja y lacerada en el cuello.

– ¿Hasta dónde vale la vida de su hijo don Gabriel?

Cerró los ojos y agitó la cabeza de lado a lado, su piel se puso de gallina y la habitación se congeló, cuando volvió a abrir los ojos, ya no había nadie en los pies de la cama. Se levantó temblando, fue al baño y comprendió todo.

Salió de la casa al garaje y entre sus herramientas encontró algo que nunca uso desde que lo compró, lo guardó con cuidado y se fue caminando bajo la lluvia hacia el bosque.

Mientras que Gabriel caminaba, Jeremías planeaba lo que seria para él la experiencia mas gratificante en su vida, seria mejor que tener sexo por primera vez. La idea lo regocijaba, lo extasiaba, lo deleitaba, le encantaba la idea de matar. Mientras miraba a las chicas, planeaba torturarlas de mil maneras diferentes debajo del grandioso jacarandá. Pero no podría con todas a la vez, empezaría por la puta que lo convirtió en lo que era ahora, ella se merecía todo el castigo por la furia que sentía adentro de su pecho. Miraba a Florencia con muchísimo odio, ellas desviaban la mirada, pero no podían negar que el magnetismo de Jeremías las incomodaba al punto de querer salir corriendo de ahí.

***

– Chicas tengo miedo – dijo Belén – nos esta mirando muy mal, me quiero ir.

– ¿Con la tormenta?

– Si Melisa, me incomoda que me vea así, míralo – las tres desviaron la mirada a donde se encontraba Jeremías.

– Tenes razón, me asustando a mi también ¿Si nos vamos Flor?

– S i- respondió asustada – pero llamemos a alguien para que nos vengan a buscar, esta muy fuerte la tormenta.

Ninguna de la tres, ni de las pocas personas que quedaban en el velorio, tenían señal en sus celulares, los estúpidos creían que la tormenta afectó el servicio, ese es otro don de gran árbol del infierno. Las personas se iban caminando como podían entre la lluvia, cada vez quedaban menos, nadie quería estar en ese lugar si la tormenta cortaba la energía eléctrica. Las chicas, al ver que no les quedaba otra opción, decidieron salir corriendo del lugar.

Florencia desvió su mirada de reojo adonde descansaban los retos del Pablo y vio que Jeremías ya no se encontraba ahí. Les dijo a sus amigas y entre las tres comenzaron a buscarlo con la mirada.

– No esta, se fue -dijo Belén.

– ¿Pero adonde?

– No se Meli, pero ya casi no queda nadie ¿Qué hacemos?

En el instante que Belén termino su pregunta la energía eléctrica se fue, alguien soltó un grito adentro de la sala funeraria y las chicas se asustaron casi al borde del llanto. Las tres entraron en pánico. A pesar de la fuerza del viento y que la tormenta no demostraba piedad alguna por el pequeño poblado, salieron corriendo en dirección a sus casas, al otro lado del bosque, corrieron casi un kilometro, viendo como los arboles se mecían y se agitaban sobre ellas.

– Tengo miedo – dijo Florencia. Mientras se acercaban al bosque.

– Allá están las casas, – señaló Belén – la luz solo se cortó en una parte del pueblo Flor.

– Si Belu, pero ahora queda atravesar la peor parte. Las tres chicas se aventuraron y entraron corriendo al bosque, si saber lo que esperaba adentro.

***

Gabriel caminaba lentamente por la calle, con muchísima calma y se preguntaba: ¿Si lo que vio se trataba solo de un sueño? ¿Si se estaba volviendo loco? ¿Seria capaz de hacer lo que creía que tenia que hacer? Se consolaba pensando que quizás solo era un sueño tonto y que cuando llegar a su destino no habría nada, respiraría con alivio y volvería a su reconfortarle cama con su esposa.

La tormenta lejos de debilitarse, se hacia mas y mas fuerte, el viento mecía a los arboles y las hojas golpeaban una con otras formando una sinfonía, un susurro, parecían hablar en un idioma inentendible, el sonido de las hojas se hacia cada vez mas fuerte y lo comprendió. Las plantas se comunicaban, no se trataba solo el jacarandá, todas las plantas del pueblo se comunicaban, el jacandá las controlaba de alguna manera, se dio cuenta que no era un sueño y se apresuró a la entrada del bosque con lo que encontró en el garaje en la mano, dispuesto a usarlo contra lo que sea, mientras oía el sonido de las hojas que se asemejaba a una risa diabólica.

***

Las chicas llevaban solo un minuto en el bosque, no necesitaban mucho mas para cruzarlo, cuando de repente entre la oscuridad Jeremías salió un escondite con una rama grande y gruesa, parecía un bate de béisbol, golpeo a Belén en cabeza y la dejo inconsciente en el suelo, el golpe soltó un sonido similar al de una rama cuando se quiebra, quedo tirada boca arriba con hilo de sangre corriendo por su cabeza.

Melisa y Florencia quisieron seguir corriendo, pero Jeremías tomo su arma improvisada y la lanzo con todas sus fuerzas, como si se tratase de una lanza pequeña, la rama cortaba las gotas de lluvia y el viento a su paso, hasta cortaba con el denso aire del ambiente, profiriendo un silbido ensordecedor, impactando directamente en el centro de la espalda de Melisa. Él no podía creer la fuerza y la puntería que había desarrollado, pero sabia muy bien que todo fue gracias al hermoso jacarandá, él le dio habilidades.

Melisa quedo consiente, pero el golpe fue tan fuerte que quedo paralizada en el suelo, llena de barro, llorando, suplicando por favor que no la mataran. Jeremías salió corriendo detrás de la víctima que quería sacrificar cuando antes esa noche. Florencia corrió a toda velocidad, pero no pudo hacer nada en contra de Jeremías, corría dos o tres veces mas rápido que ella. Al alcanzarla, le hizo una zancadilla y la pobre chica cayo en suelo arrastrando un par de metros y lastimándose gravemente una pierna.

– Eso es lo que les pasa a los que me joden – dijo Jeremías y las hojas de los arboles golpeaban entre ellas, simulando aplausos, se sentía la estrella de una obra de teatro y después de todo, así lo era.

Tomó a Florencia y se la llevo en los hombros hasta donde se encontraba el árbol maldito.

***

¿Cuanto vale la vida de su hijo? ¿Cuanto vale la vida de su hijo?” Le decía la voz de Pablo una y otra vez a Gabriel mientras que recorría el bosque esquivando ramas y raíces que nunca estuvieron en esos lugares, parecían estar ubicadas estratégicamente para demorarlo y eso lo aterraba. Corrió y corrió enredándose con todo lo que había en el camino, hasta que llegó adonde estaban Belén y Melisa. Ésta última se había arrastrado como pudo hasta donde estaba Belén y la tenia sujetada presionando la herida de la cabeza, que por suerte para ella ya había dejado de sangrar.

– ¿Adonde se fue?

– Se fue hacia allá – Melisa levantó el dedo señalando donde a lo lejos, a pesar de la poca visión, se erguía el hermoso jacarandá. Gabriel corrió lo mas rápido que pudo, pero se encontraba permanente con obstáculos y la pregunta que no cesaba al igual que la tormenta y el sonido de las hojas riendo “¿Cuanto vale la vida de tu hijo?

***

Jeremías llego al jacarandá, los truenos ensordecían todo el lugar, parecía que bombas detonaban en los alrededores.

– ¡He venido a traerte este sacrificio! – gritó y el árbol comenzó a moverse de forma espectacular, las ramas se abrieron como la cola de un pavo real, formando extraños símbolos que tu pequeña mente nunca entendería, por eso no me voy a tomar el trabajo de explicártelo.

El espectáculo estaba a punto de comenzar y yo estaba extasiado. Seria como esa vez, como cuando Abraham, pero espera, no te voy a decir mas, la mejor forma de contártelo, querido lector, es que sepas como termina la historia, después de todo eso es lo que te dije al principio de la historia, te contaría una de mis mejores anécdotas y lo estoy por cumplir.

Jeremías se puso arriba de Florencia y poso delicadamente sus manos en su cuello.

– Por favor Jere, no me hagas daño, no le voy a decir a nadie.

– Ya es tarde para eso, sabias que te amaba, y te lo cogiste al otro en frente mío.

– Si, ahora lo se – intentaba apelar a sus afectos… pero yo no la iba a convencer – si me dejas vivir podríamos… – y una pequeña raíz, como la que decapitó a Diego cubrió la inmunda boca de esa mujer.

Te esta mintiendo, te esta engañando” decía la voz en la cabeza, “mátala, mátala, y te mostrare todos los secretos, tendrás lo que quieras, todas las mujeres, plata, aceptación, solo tienes que matarla a ella y después a las otras dos”.

Jeremías se encegueció y comenzó a ahorcarla lentamente, noté que ya no era necesario cubrir su boca con la raíz, él la asfixiaba con una mezcla de odio y amor demencial. Tengo que admitir que a pesar de mi longevidad a veces me dejo llevar, como todos, no me percate que Gabriel había llegado, levantó lo que buscó en su garaje, un arma, pequeña pero poderosa. Entonces me pareció gracioso hacerle la misma pregunta que el espectro de Pablo le hizo. “¿Cuanto vale la vida de tu hijo?”

Respondió en voz alta – ¡Hasta la vida del hijo de alguien mas! ¡Jeremías, por favor soltala! – gritó.

– No papa, ella me hizo sufrir y todos va a pagar. Todos, incluyendo a las dos putas que deje mas atrás.

Gabriel sentía que se caía de bruces al suelo, ese no era su hijo y lo comprendió, ya era parte del árbol.

– Solo hay una solución – le dijo el espectro de Pablo que se encontraba en una orilla, mirando la escena, odio cuando no mueren por mi mano, no puedo controlar esas almas, se escabullen fácilmente de mi poder.

Gabriel miró a Pablo y con lágrimas en los ojos profirió un solo disparo que dio de lleno en la espalda de Jeremías – Perdón hijo – sollozó. Esta vez Abrahám si mato Isaías… Gabriel se arrodilló en el suelo y lloró como un niño, el árbol volvió a su postura común. Gabriel se levantó y caminó hasta donde estaba el cuerpo sin vida de su hijo. Pensó en suicidarse, puso el cañón en su boca, pero entonces Florencia le dijo:

– Por favor señor, no haga eso, usted no tiene la culpa y si se mata yo me voy a morir acá, por favor ayúdeme a mi y a mis amigas – Sin contestarle Gabriel la alzó y se la llevo del bosque.

***

Se preguntarán qué paso después, sinceramente no lo se y no importa, el cuerpo de Jeremías fue absorbido por el jacarandá, hasta el día de hoy si te acercas lo suficiente, puedes ver la cara de él en la corteza, en la perfecta corteza. Creo que ya sabes quien soy, ¿no? No eres tan estúpido como pensé al principio, admito que te creía medio estúpido, sobre todo por la risita que muestras ahora mientras terminas de leer. Por favor no lo hagas, no me agrada.

Lo mas probable es que pienses que esto, mi mejor anécdota, es mentira, lo se, creémelo. Mientras leías esto yo entre en tu cabeza, perdón, pero lo hice. Me di cuenta que te encanta esto, el morbo, la muerte, sos una basura al igual que todos los de tu especie.

Seguís sin creerme, lo se. Te propongo algo, vos también vivís en Mendoza, y no estas tan lejos, es mas… varias veces has pasado por el bosque, un día porque no te paras en el Acceso Este y bajas hasta el bosque. Te vas a dar cuenta adonde me encuentro, soy el único árbol que no tiene hojas. Vení a verme aunque sea un minuto, tal vez puedo darte lo que siempre soñaste. Con Jeremías no pude, pero en vos veo algo que en Jeremías no. Tenes mas suerte, eso se nota. Dale te espero esta noche, creo que ya te convencí y recordá que puedo darte lo que quieras…

FIN

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