Perdón, pero tengo que volver a escribir de amor. Puede tornarse medio reiterativo, pero la verdad es que es lo que me da vuelta en la cabeza hace varios días, varias semanas y qué mejor manera de escribir para aclarar las ideas, poder ver después con mejor claridad y finalmente sentirse un poco más en paz. Ustedes, los lectores han llegado a mi vida en un período de transición muy tremenda y por eso casi todo lo que escribo refleja el estado emocional que voy manejando. Ojalá se identifiquen, me puedan escribir para filosofar de cosas malas, hermosas, miedosas y graciosas.

Una de mis maneras de pasar un momento espantoso como el que estoy pasando, es consultar a mis más íntimos amigos, primos, hermana, esos vínculos de los de siempre cómo han sido sus experiencias en el desamor o frente a las decepciones. Pero hablo de personas que son capaces de decirte la verdad entiendo siempre las diferencias y no queriendo convencerte de nada, simplemente compartir su punto de vista.

Claramente hay de todo, pero todo me parece extremadamente útil y magnífico. Es en parte también porque estoy escribiendo mi primer libro y me gusta investigar un poco las conductas humanas de distintos humanos (valga la redundancia) frente a determinadas situaciones. El punto es que con una de mis mejores amigas, hablábamos de que tan cierto es el término “fueron felices por siempre” ya que vemos a nuestro padres con esas caras de que se aguantan porque “no queda otra” y siguen sus rutinas, y se miran como diciendo no puedo creer que sigas al lado mío loco. Como otras veces yo personalmente los he visto dormirse de la mano.

También con esta misma amiga empezamos a hablar íntimamente del valor del perdón verdadero, y de qué tan verdadero es y nos fuimos contando cosas de nuestras parejas que no nos habíamos revelado. Entre ellas las infidelidades. Yo le dije que sí había podido perdonar, porque tengo un defecto (que antes lo creía virtud) de creer en las miradas. Yo mantuve muchos años de mi vida la teoría de creer en lo que me dicen los ojos de la otra persona y después de la última infidelidad miré a los ojos y creí. Confié. No fui una maniática no quise saber nada de la otra chica y mucho menos, lo tomé mal, empecé mi terapia pero lo perdoné quizás de un modo narcisista pensando en qué hubiera pasado si era yo la traicionaba a quien amaba, digamos poniéndome en su lugar. Yo me vi en su lugar, yo me hubiera desesperado por el perdón y me hubiera devorado el arrepentimiento, por eso supe y pude perdonar. Alto laburo.

Con otra de mis amigas, hablaba lo difícil que es convivir con su novio de hace tantos años cuando éste es papá y su hijo viene todos los fines de semana. Sí es un amor el pendejo, sí lo adora, sí se preocupa pero no puede nunca decidir si lo que el niño está diciendo es correcto o no, si sus modales están bien o no, si su ideología o si comportamiento está yendo por un camino que a ella no le cabe por el solo y simple hecho que no es su hijo. También se suma el factor de que los fines de semana en pareja, quedaron el olvido o mejor dicho están siendo apostados a un futuro donde ya el niño haga la suya. Y yo le decía que a veces en estas situaciones no hay mucha alternativa más que buscar la manera de que este pequeño factor de unos 10 años no afecte la relación.

Bueno, son como siempre preguntas… ¿cuánto es uno capaz de sacrificar por la persona que ama? ¿Cuántos perdones tenemos guardados en el corazón? ¿Cómo reaccionamos cuando algo no nos está haciendo bien pero nos aterroriza perderlo?

El punto es que siempre, siempre en el amor hay momentos del ojete (los invito a leer mi nota “El lado B del amor”), pero está en nosotros pensar más que nada que existe un secreto del éxito que es el amor a uno mismo… se que es trillado y créanme que a mí me cuesta cada paso que soy pensar en mí y no en la baldoza que estoy pisando. Es un grave problema que tengo que solucionar, pero me di cuenta con este duelo o este cambio que ha sacudido los planes de mi vida literalmente, que si uno está conforme con lo que uno es incluso por más frívolo que suene, en el aspecto físico es todo mejor, es todo menos difícil. Porque uno se siente cómodo con lo que es, por fuera gustando de nosotros mismos en cada foto, frente al espejo podemos llegar mucho más lejos de que uno se imagina.

Es fundamental tener el lápiz con punta para poder escribir bien, ¿se entiende?

Culturalmente (en Mendoza) lo común es que tenés el noviecito/a que te acompaña a misa los domingos después de haber almorzado con tus primos, tíos y los nonnos en la casa de chacras, camisuli, sweater al cuello y esas cosas horrorosas que siempre vimos como normal desde guachos. Gracias al cielo a la UNC y a los redondos y a mis amores (hombres y mujeres) descubrí que el modelo de rugbyer machote que se cagaba a trompadas en el boliche si te miraba el culo o te decía “puta” si estabas con el amigo, son un error en la sociedad son un error en todo lo que los rodea. Pero ¿ven el punto al que quiero llegar? Culturalmente fuimos creciendo con el concepto (porque no es una idea, estaba establecido) de que todos vamos a encontrar nuestra media naranja, que una vez que terminemos nuestras carreras universitarias vamos a poder casarnos o vivir, que cada uno va a tener un trabajo responsable, con obra social, cada uno va a poder tener su auto hasta construir la casa. Los viernes con amigos, los sábados en pareja, semana santa en Reñaca, día del niño con los sobrinos… y así podría estar tres hojas más.

PERO NO, la evolución en plano cercano, es decir lo que podemos palpar nos muestra este sector de elecciones que parecía inexistente. El hecho de que algunos empezaran a convivir antes de casarse, otros con relaciones abiertas, otros con parejas del mismo sexo, otros con divorcios, otros con dos habitaciones. Es hermoso como el ser humano ha ido con el correr del tiempo eligiendo su camino de vida basado en la felicidad PERSONAL.

Es un regalo, no lo dejemos de pensar nunca. Si no te hace feliz lo que te está pasando no sos un fracasado, juntá la valentía que requiera cada decisión y tomate al palo a donde sientas que vas a estar bien. Donde encuentres tu silencio por que la realidad es que el tiempo es lo único que no vuelve.

De vez en cuando seamos infieles a “lo que está bien” y rompamos todo un poco. Enseñemos a los de arriba que nunca es tarde y a los de abajo a cuidar su cabeza, el arma más poderosa de los seres humanos.

Compartí, no seas paco