No interesa lo pequeño que parezca el comienzo.
Henry David Thoreau

Ojos que no ven

Mis ojos son peces en el espacio, son tigres dormidos bajo el sol, en la hierba, entre las nubes verdes. Mis ojos son vacuos,vacunos y vaticinan párpados caídos, click tras click clandestinos y exagerados como tsunamis dentro de mi boca.

Mis ojos están heridos y le caen sal desde el cielorraso. Arden y queman como el volcán de mi sexo. Mis ojos se pierden en el camino de la mirada.

Son insensibles.

Son agua blanda como el agua blanda.

Mis ojos son ciegos,tuertos y malagestados. Son carnívoros y traicioneros.

Son ojos en silla de ruedas, con muletas y prótesis.

El abrir y cerrar de mis ojos es el fin del mundo.

El último

Todas las ventanas estaban cerradas.

Las exclamaciones y la aceptación desparramadas por el piso, sonrisas, gestos enojados y los pulgares arriba fueron tirados de sus estanterías.

Las opiniones vacías y la filosofía barata callaron al fin.

El color azul empalideció y cayó de rodillas.

El último usuario de Facebook cerró su cuenta.

El lugar estaba abandonado.

Al fin las palabras pudieron ser libres.

La Reina de Hungría

Me vociferó en un murmullo su verdad.

…Soy la Reina de Hungría… dijo.

Estábamos en la estación de Bariloche, en el andén vacío con el horizonte de rodillas.

Ella era invisible de tan delgada y sus ojos tenían la fiebre de la Luna.

Entonces apareció él, diciendo ser su caballero, aunque no tenía armadura o caballo, si alguna baba en sus labios de sal.

La enamoró en un instante.

Se prometieron el color amarillo y algún beso robado.

Se fueron tomados de la mano, tímidos y sonrientes hasta el manicomio procaz y nunca más pudieron escapar.

Compartí, no seas paco