Hay un gran porcentaje de mujeres que nos sentimos inseguras por caminar en la calle a cualquier tipo de hora en cualquier lugar, puede sonar reiterativo el tema pero no deja de ser una realidad DIARIA de la que no podemos salir. Después de leer un estudio recopado (que les dejo el link abajo) de la agrupación “Mujeres de la Matria Latinoamericana (Mumalá)” hay muchas cosas redundantes que necesito remarcar, que necesito decir y expresar porque a mí sí me rompe las pelotas no poder ir caminando tranquila por la calle en ningún momento del día. En la encuesta participaron 1.300 argentinas de 11 provincias, el 80% de las encuestadas manifiesta sentirse insegura al transitar la vía pública.

Es realmente muy tremendo tener que estar TODO el tiempo alerta, es cansador, es agotador mental y físicamente enfrentar todos los días una elección permanente en todo lo que hacemos para no sentirnos unas pelotudas o para no pasar un mal momento. Me refiero literalmente a pensar en acciones desde el comienzo del día con el “¿Qué me pongo?” a las 7 de la matina. Yo trabajo en una empresa donde son todos hombres y en una sociedad donde el escote es atracción de miradas ajenas sí o sí pero en mal plan, mirada de que “no te puedo dejar de mirar las tetas”, mirada del pelotudo que habla por teléfono y te ficha cuando pasás de arriba abajo como si fueras un mueble de diseño. Me gustaría entender bien el por qué. La parte que más me gusta de mi cuerpo son mis tetas. No tengo vergüenza de decirlo porque son realmente dos tetas hermosas, tamaño perfecto, redonditas, paraditas y tienen una mancha de nacimiento que considero muy sexy y me da tanta bronca no poder estar en paz con ellas como a mi gustaría estarlo porque me incomoda lo que mis tetas producen en el otro, ¿es culpa de mis preciosas e inocentes tetas?

No es que quiera menospreciar, pero más de un boludo que está leyendo se debe haber estado imaginando mis tetas como un pajero en lugar de comprender el punto de lo que quiero decir. Es una real paja para nosotras tener que elegir qué ponernos para no estar incómodas por las miradas de la gente… es feo y no me vengan con el “¿Que te importa que te mire la gente?” porque sabrán entender que ser observado como objeto de futura (y a veces no futura, sino paja pública en el momento, como para hacerte sentir algún tipo de terror que para ellos es gracioso) paja no está bueno.

Es muy gracioso como las mujeres tenemos que recurrir a actuaciones excelentes, dignas de premiar en determinados momentos, por ejemplo hacer de cuenta que hablamos por teléfono cuando entramos en zona de peligro (cada dos cuadras). Ese simple acto requiere: Poner el celular en silencio para que no suene mientras me hago la que hablo, caminar rápido pero no tan rápido para que no parezca que me estoy escapando, mientras me hago la que contesto estar 100% atenta a sonidos, movimientos que puedan alterar la situación y todo esto sucede mientras busco como un radar un posible asilo (descartando de estas posibilidades un número de hombres en los que claramente no confío). Así de complejo es disimular una charla por teléfono, eso si es que caminamos. Cuando subimos a un taxi sumenle a todo esto, tratar de seguir con el GPS la dirección a la que estamos yendo y el camino elegido por el chofer, fijarme cada dos segundos que los seguros de las puertas no estén bajos, tratar de buscar una identificación del que maneja como para situarme y saber con quién estoy A PESAR de que siempre corremos con la suerte de que todo eso es trucho. ¡Que estrés me dio escribir eso, imagínense sentirlo por solo querer tomarme un taxi!

Volviendo a la simpleza de no poder elegir lo que se me cante usar todos los días de mi vida porque sé que a la hora que salgo de mi casa no hay nadie circulando, porque a la hora que salgo del laburo hay un par de chabones medio manija que me gritan cosas y sí me molesta soberanamente las entrañas y las tripas y sí me dan ganas de matarlos a tiros en la frente y pegarles tanto pero tanto que nunca más se animen a faltar el respeto y mucho menos a una mujer, no voy a entrar en lo que representa salir de noche, tener una cita a ciegas, irte sola a Potrerillos a mirar las estrellas… eso hoy lo veo como un sueño. Pero SIEMPRE tengo que estar acompañada, un placer que a veces prefiero no tener.

Mujeres, hemos sido despreciadas por siglos y siglos, pero pudimos salir delante de un montón de conceptos que ni siquiera nos podemos empezar a imaginar.

Hola soy tu marido, vengo te cojo cómo, cuando y donde quiero y no se ni cuál es tu color preferido y no se te ocurra preguntarme un porqué o decir que no porque yo te doy de comer y si te hacés la rebelde vas a quedar aislada como una loca de mierda que no sirve para nada más que para morirse.

PASÓ. Eso pasó en nuestra historia durante muchas generaciones, entonces nos toca hoy ante todo este conocimiento y creciente hambre de respeto por los derechos de caminar en paz sin tener pánico a desaparecer para unos días después aparecer descuartizada y cagada a palos, seguir adelante con esta pelea recordando en cada queja que hagamos, en cada denuncia, en cada NO que digamos a todas las mujeres de este país (y del mundo) que murieron y siguen muriendo por el solo hecho de ser mujer.

¿Se capta la gravedad? No dejemos que su muerte haya sido en vano, se han ido todas de ese modo tan de mierda para que nosotras podamos hacer justicia PARA LAS QUE VIENEN DESPUÉS. Para tu hija, para tus sobrinas.

No crean que los gritos de unos pibes en la calle nos suben la autoestima, porque no lo hacen chicas eso es materializarnos como si fuéramos un culo para garchar o una foto para una paja. Separemos: NO ASÍ un flaco que se te acerca para invitarte a salir con respeto, no así un compañero de laburo que te dice que estás linda, no así todos los hombres que nos rodean. Soy consciente de eso pero lamentablemente es más el peso y es más la cantidad de pajeros sueltos que alimentan el miedo de existir por ser mujer que el tipo que te resguarda y te da protección.

Me pasó en mi lugar de trabajo: bajar del auto, saludar a un policía y cuando voy atravesando la puerta del conocido Mall, escucho el “walkie talkie” del policía de la entrada “Mirá ese bomboncito que pasa por ahí eh..” con una voz tan desagradable… Por supuesto que me di vuelta y le dije todo lo que pensaba. Metí correo a la administración, vino el comisario, quilombo, show y bueno, al menos hasta ahora no se volvió a repetir. Pero ustedes ¿entienden que la persona a la que yo debo pedir ayuda en caso de sentirme insegura me está mirando el orto de la misma manera que cualquier otro chabón?

Simplemente no paremos.

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