Primera clase de Biología 2, el nuevo profesor ya llevaba de atraso media hora. El calor estaba bastante pesado y mi humor ya llegaba al piso. Te me acercabas y te mordía.

Mi cara de perro enfadado no permitía darme vuelta, cuando “el viejo” entraba saludando con toda su simpatía. Bueno, viejo es lo que creía que era.

Al apoyarse en el escritorio, y teniendo un banco de distancia lo podía ver con toda claridad. Como arte de magia mi cara cambio rotundamente. No podía estar enojada teniendo tan belleza enfrente de mi.

Ese joven profesor de 32 años, altura perfecta y la sonrisa que nos derretía a cada una de las que lo mirábamos.

Me acomode en la silla y también así mi expresión. Mientras, pensaba como podía hacer para captar su atención. Opte por quedarme en el molde y no ser una mas de las alzadas que se le acercaban al escritorio.

Clase tras clase no podía dejar de verlo, me tenia cautivada ese hermoso morocho. El disimular me era imposible y él ya se había dado cuenta. Roja como un tomate me ponía cada vez que me baboseaba y él justo me miraba, pero esa sonrisita hacia que no me importara nada.

Me animé a escribirle cuando lo vi en el grupo de Facebook de la facultad. Supuestamente para una consulta sobre un trabajo.

– Hola profe ¿Cómo esta?

– Hola querida Lore muy bien ¿y vos?

– Mire no entiendo tal punto del trabajo – le mandé.

– No me trates de usted, no tenemos tantos años de diferencia.

Estuvimos hablando por un buen rato. La confianza se había mucho mayor. Y así por un tiempo, como una amistad, podríamos decir.

– ¿Porque no tenes novio? – me preguntó.

– Porque nadie me mira – dije y culminé con un “jaja”.

– No entiendo porque, si sos hermosa – Esas simples palabras bastaron para que me derritiera mas aun – Yo sin dudarlo estaría con vos, pero soy casado – me dijo.

Nunca había estado en una situación así, estar con un hombre casado. Pero realmente no me importaba si el caso era el Profesor Martínez.

Entre una cosa y otra quedamos en juntarnos. Entre mirada y mirada nos fuimos a un hotel de ahí cerca en el centro.

Entramos, parecíamos dos jóvenes que nunca habían tenido nada. La vergüenza no me permitía mirarlo a los ojos. Como podía ser, si lo único que pensaba era en devorármelo.

El estaba igual que yo. Pero tuvo mas coraje y se acercó besando suavemente. Me sentía una niña que jamás había besado a nadie. Comencé a sentirme en clima con cada una de sus caricias. Pasaba su lengua en cada parte de mi, de tal manera que me erizaba y me saco de mi cordura. Solo quería agarrarlo y darle todo lo que tenia. Enérgica y brutal no quería terminar, quería que me diera mas y mas de su calor.

Cada uno de sus movimientos y la forma que me agarraba hacían que llegue a la gloria. Como explicarte la forma en que nos entregamos ese día, como perros salvajes que no querían soltarse de una pelea. Esas horas fueron interminables y a la vez tan pocas. Al salir de ahí solo podía quedarnos la marca en la memoria. Finalizamos con un beso y salimos como si nada hubiera sucedido.

El próximo encuentro fue ese miércoles en Biología 2. Nuestra mirada delataba nuestro pecado. Pero lo único que debíamos hacer era ocultar tan rica experiencia que tuvimos.

Los mensajes no cesaron, así como los furtivos encuentros de cada lunes, donde nos vemos para sacarnos la piel. Y a pesar de que sé que esta mal, no puedo dejar. Su cuerpo es mi adicción. Nos volvemos locos y no quedamos saciados de pasión.

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