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Las semanas pasaban inadvertidas después del funeral de Fernando. Agustina se convirtió en un ente adentro de la casa. No por el hecho de sentir culpa por la muerte de su hermano, estaba tan acostumbrada a desviar ese sentimiento de culpa, que lo eliminaba de su mente con gran facilidad. La razón por la que era ignorada en su casa, era porque sus padres casi ni le hablaban o la veían, estaban tan sumidos en la perdida de su hijo que ya nada importaba para ellos.

Ella sentía mal por eso, “¿Por qué mis papas me hacen de lado si fue Fernando el que murió?” Se preguntaba. Estaba enojada con ellos. Pasaba casi todas las noches con un muchacho diferente, escapándose de la casa sin que sus padres y Javier se enteraran. Ahora no recompensaba a Javier como antes, lo engañaba cada mas seguido.

***

Javier por su parte no tenia la capacidad de enfrentar lo que pasó. Se encerró en su habitación, día tras día, sentado atrás de la computadora leyendo sobre la muerte súbita y sus síntomas, casi no veía a Agustina. Se sentía mas culpable que su novia, creía que podía haber evitado la muerte de su cuñado, pero a ciencia cierta no lo sabia. Él no lo sabia, pero si esa noche no hubiese ido a visitar a su novia, Fernando estaría vivo. Estaba las noches enteras navegando en la red buscando información sobre eventos paranormales y como hablar con espíritus que quedaron en pena, se quería disculpar por lo que pasó esa noche de alguna forma, ir al cementerio de Buen Orden, donde se encontraba Fernando, lo hacia sentir vacío, a pesar de que siempre le llevaba un juguete y le pedía perdón.

Una noche mientras estudia la tabla ouija y los canales de conexión entre este plano y el otro, se quedó absolutamente dormido, mientras que Agustina pasaba la noche con un amante en un motel de San Martín.

Estaba soñando y él lo sabia, se encontraba en el mundo onírico mirándose así mismo durmiendo en el escritorio de su habitación, con una imagen de la tabla ouija en el monitor de 23 pulgadas de su computadora. Cuando de repente vio que el la flecha del mouse comenzó a moverse lentamente, de un lado al otro. Pensó que su mente realizaba ese movimiento en el sueño, se acercó mas al monitor mientras que sentía como su corazón le advertía de algo. La flecha se posicionó unos segundos sobre la E, después sobre la L, y sin darse cuenta comenzó a deletrear un mensaje. La fecha empezó a moverse cada mas y mas rápido entre las letras cifrando un mensaje, que iba tanta velocidad que no cualquier persona tendría la habilidad de leer lo que decía. Él lo conseguía con cierta dificultad, el mensaje se repetía una y otra vez, hasta que logró descifrarlo del todo: E,L,L,A M,E, M,A,T,O.

“Ella me mató” leyó Javier en voz baja, su garganta se secó y sintió cómo el aire se le dificultaba para entrar en sus pulmones. Empezó a escuchar un gemido, lleno de odio y furia, pero había otra cosa, una más. Había desesperación en ese llanto ahogado.

Sabia que el gemido venia de su espalda, sobre su cama. Sabia que había un niñito sobre ella. Se dio vuelta muy despacio con los ojos cerrados. Era un sueño y él lo sabia, “nada puede lastimarme, pero ¿porqué tengo tanto miedo?” se preguntó. Abrió los ojos del todo, mirando a su cama, todo era normal. El gemido desapareció. “No hay nada” dijo.

Suspiró con tranquilidad, se volvió al monitor de su computadora y vio que su cuñado estaba sentado en el escritorio. Sus pupilas se dilataron, no podía creer lo que veía, cerró sus ojos, los frotó y volvió a abrirlos con la esperanza de que Fernando desapareciera, pero no fue así. Fernando seguía observándolo con una sonrisa diabólica y con lágrimas cayendo de sus ojos. Gritó, gritó tan fuerte que el grito pasó del mundo onírico al real y despertó a sus padres. Cayó de espaldas en el sueño y se despertó sentado en su escritorio… en el mundo real.

– ¿Qué pasó hijo? ¿Estas bien?

– Si mama – respondió Javier.

– Andate a dormir, deja de estudiar.

– Si mama.

Se levantó de la silla mientras que su mama cerraba la puerta. Se volvió al escritorio, para mirar en el lugar adonde vio a su cuñado sentado. Caminó lentamente hasta el lugar y tocó. Esa parte del escritorio estaba helada, lo sintió tan frío que todo su brazo se encrespó. Un poco mas delante de donde estaba su mano abajo del parlante de la computadora vio algo brillante. Movió su mano y toco un blíster de pastillas que él no conocía. Solo quedaban dos pastillas, desvió su vista al monitor y vio que la flecha se posicionaba en la letra “O”, en la última letra del mensaje.

Desenchufó la computadora y se fue a acostar con la luz prendida, algo que no hacia desde que tenia ocho años, cuando llegó a la conclusión de que no tenia que tenerle miedo a los fantasmas, si no a los vivos.

***

Mientras que su novio se quedaba dormido Agustina la estaba pasando bien, se encontraba con un profesor de matemáticas de 45 años que fue profesor de ella en la escuela secundaria. Ella se movía con tanta experiencia y desenfreno que el profesor no podía hacer nada, se quedaba quieto. Cuando estaba a punto de alcanzar el clímax, notó que la luz del baño estaba prendida, le llamó la atención que en toda la velada, es decir en las tres horas que llevaba adentro de la habitación no lo había notado. Comenzó a oír un leve gemido, al principio pensó que era el profesor, por eso subió la intensidad de sus movimientos. Sin embargo se dio cuenta de que no era así, el sonido venia del baño.

“¿Adonde he oído ese sonido antes?” pensó No lo recordaba, solo sabia que la estaba pasando bien y era lo único que le importaba. El gemido era cada vez mas fuerte, ella cerraba los ojos, pero el ruido la distraía cada vez mas. Hasta que escuchó el llanto directamente en su ojera izquierda.

El ruido fue tan ensordecedor que la aturdió en el acto y cayó de la cama al piso golpeándose en la cabeza con una mesita de luz y quedando inconsciente. El profesor se levantó, vio un poco de sangre, hizo presión con una toalla que se encontraba sobre la misma mesita de luz hasta que la sangre se cortó. Luego la llevó a la guardia del hospital… donde su pequeño hermano había llegado sin vida.

Continuará…

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