Veo y vuelvo a ver mil veces cada situación de gol del partido. Me centro especialmente en la jugada del palo, y te veo a vos enano, ahí poniendo el cuerpo, guapeando, metiendo pase, buscando el rebote y pateando esa pelota. Y como desafiando a todas las leyes de la física, miras ese balón, todo el equipo mira ese balón, el cuerpo técnico queda tieso, el estadio se enmudece, el mundo deja de girar, el aire se corta, el viento se detiene, y yo miro ese balón, el corazón no me bombea sangre, la piel se me encrespa, los ojos me lloran esperanza. Y pienso, me quedo esperando que Dios, se haga presente, el mismo de Goicoechea en el 90, el mismo del Diego en el 86, el mismo de Mascherano en el 2014. Y grito al firmamento con la ingenuidad de un niño, le digo a los cuatro vientos “¡¡¡Bajá y regalanos una, te lo pido por favor, UNA SOLA!!!”. Por un momento creo en gualichos, cábalas, mufas, anti cábalas, anti gualichos, anti mufas, acomodo el control, lo pongo apuntando para atrás, lleno el vaso de cerveza, le doy la mano a mi vieja, le guiño el derecho a mi viejo y le imploro al cielo que nos ayude.

Sé que sienten en la espalda la presión de millones, perdón la mía también. Lo veo al jefecito atacando, a Otamendi atacando, incrédulo pienso que Romero va a ir a cabecear en la última. Entonces aparece otro destello de divinidad y Lio agarra la pelota, gambetea a unos cuantos y lo cortan al borde del área, acomoda la pelota, la acaricia y con los ojos le implora obediencia. La caprichosa, más caprichosa que nunca no se deja intimidar, quiere que la acaricien pero no devuelve gentilezas, se estrella en un pecho, una pierna, un palo, en la ilusión de cada argentino que creció y vive mamando fútbol.

Después viene Fer, en 3 minutos ya metió dos pelotas hermosas, y se lo ve adueñarse de todo el medio campo, de repente una mala pisada y el desconsuelo lo posee por completo, maldito el césped, maldito el fútbol, maldito el momento. El estadio enmudecido otra vez, pero ahora aliñado con desazón. Te escucho hablar con el médico “¡Dejame jugar! ¡Vendame como sea y Dejame jugar!” Ahora la tristeza me invade a mí, me acuerdo de esos dolores que me sacaron de la cancha hace 3 años, me acuerdo de la inflamación, las burlas, el quirófano, y la lucha interna. Me duele por vos Fer, perdoná a la gilada, peca de ignorancia y apatía.

Hoy me tocará bancar el “Es solo un partido”, “No podés ponerte mal por eso”, “Que jueguen como juegan en sus clubes”, “Es la bombonera el problema”, “Gago es un blandito”, “Messi es un pechofrío”. Y lo banco he, me las banco todas, porque sé que son los mismos que después copan bares y calles cuando llegamos a semifinales y finales.

No te culpo, ni culpo a nadie, voy a vivir esta pasión me cueste lo que me cueste, me duela lo que me duela con todo el amor y el odio, porque me diste alegrías hermosas y confío en que tenés muchas más para darme. Gracias Selección.

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