Hoy les voy a describir a un hombre en particular, uno especial. Aquel que se pone violento por el mero hecho de tomar un volante, estresando a todos los acompañantes, aquel que considera al auto como una extensión viril de su masculinidad y lo torna agresivo y dictatorial sobre ruedas. Puede ser el más dulce del mundo… atento, amoroso, feliz, dispuesto, etc… Pero al tener en sus manos las llaves de esta máquina transformadora de personalidades, ya podemos comenzar a notar el cambio… el efecto negativo… como cuando el Dr. Jekill comienza a transformarse en Mr. Hyde.

Se dirige hacia el auto y hasta su paso cambia. Se envalentona, se para erguido, mira directo a los ojos sin bajar la mirada. Se mueve de forma completamente segura… es el dueño del mundo.

Al sentarse en la butaca, observa a los espejos retrovisores que le devuelven la mirada de ganador.

Gira la llave y la transformación ya está completa. No hay nada que hacer. La única forma de revertirlo es bajarlo del auto. A partir de ese momento, existen dos opciones:

1- El auto no arranca…

¡La ira es inminente! Golpea el volante enfurecido. Se revuelve molesto en su asiento y la mejor opción para el acompañante es no emitir sonido. No respirar si fuera posible. No buscar opciones ni aconsejar absolutamente nada… ¡Mucho menos pedirle que abra el capot!

Hay que darle tiempo. Esperar a que “la bestia” se calme… unos cinco minutos hasta que deje de resoplar y comience a buscar teléfonos de grúas.

El momento en el que siente que su billetera es atacada, es la ocasión para sugerir alguna opción alternativa.

Si por casualidades del destino quien lo acompaña tiene alguna idea de mecánica o un poco de suerte y consigue solucionar el problema, no debe hacer ningún tipo de alarde a menos que quiera verlo echar humo por la nariz…

2- El auto arranca…

Ninguna sugerencia es válida. No acepta consejos de ninguna índole. Dobla por donde no se debe, en vez de interpretar el amarillo como precaución, lo interpreta como apurate y cruza en amarirrojo.

Se pelea con quien se le ponga adelante. No importa si es conductor, peatón, animal o lo que sea.

Si alguien comete un error, le acerca el auto hasta casi tocarlo. Toca bocina si parar durante varios segundos… grita y gesticula enfurecido (como si el que va adelante pudiese escuchar algo de lo que dice). Lo sigue, pone el auto a la par y baja el vidrio para seguir descargando su ira… ¡ni hablar si el otro conductor es mujer! La pobre debe soportar una sarta de estupideces donde la mandan a la cocina entre tantas otras cosas… Se desvive en insultos hasta que uno de los dos personajes absolutamente transformados se aburre y acelera un poco para continuar su camino o, en su defecto, decide bajar del automóvil para continuar la discusión un poquito más de cerca, e irse a su casa con un ojo morado y la excusa de que el otro terminó peor.

Nada más parecido a los animalitos, dirigiéndose sólo por instintos.

En el momento en que se ligan una multa (SIMPRE bien puesta), son todos unos señoritos al firmar e incluso llegan a pedir disculpas y desearle un buen día al oficial de policía que los detuvo… Pero al contarles la experiencia a sus amigos, tal vez la retoque un poquito… a ellos les cuenta de la acaloradísima discusión que mantuvo con el oficial que casi se lo lleva preso por haberse puesto tan violento y que no lo hizo porque seguramente le dio miedo…

Los que cometen errores siempre son los demás… Nuestro conductor es la excelencia en persona, y se siente en la responsabilidad de educar a todas las otras personas que circulan por la calle.

Una vez que llegó a destino y estacionó su auto, le toca hacer las de peatón al cruzar la calle.

Entonces se acuerda de las prioridades, se queja de aquellos que frenan sobre la senda peatonal, de los que se estacionan obstruyendo rampas, de los que pasan el semáforo en amarillo y de los que mantienen discusiones acaloradas deteniendo el tránsito.

– ¡La gente está cada vez más loca!- dice. Y se vuelve a subir al auto para emprender el regreso a casa.

¿Te sentiste identificado con alguna de las cosas que se dicen en la nota? Bajá un cambio… la violencia en las calles es cada vez peor porque las personas están demasiado estresadas y nerviosas… los demás no tienen la culpa de nada de lo que puedas estar pasando…¡A descargarse con las personas correctas o al psicólogo!

¿Conocés a alguien así? No te subas a ese auto… si no sabes si vas a llegar vivo a destino, la mejor opción es el colectivo o un taxi.

¡Nos vemos en la próxima!

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