El paso del tiempo es relativo según quien lo interprete, eso es lo que creía Javier. Para él la ultima semana transcurrió en un normalmente, pero para Agustina pareció durar casi un mes. Lo peor de todo eran las noches, parecían interminables e incomodas. No lograba encontrar una posición que fuera satisfactoria para dejar que el sueño por fin llegara. Dormía solo una o dos horas por noche. No soportaba el paso de las horas en el transcurso de la jordana, cada vez se le hacia mas difícil permanecer despierta durante el día y dormir de noche.

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Lo peor de todo era que cuando por fin lograba dormir, el niño del hospital volvía a ella en un llanto interminable. No lo soportaba, el llanto la atormentaba todo el tiempo. Muy en fondo sabia de quien se trataba, pero no lo quería admitir y reconocer la culpa. Sus padres apenas notaban su situación y eso la ponía aun peor. Agustina sentía que ya nadie la quería. Tanto María como Gustavo vivían en un duelo, el cual parecía no tener consuelo, no querían ignorarla, pero su dolor era tan profundo que inconscientemente lo hacían. Apenas notaban que ella estaba ahí, su belleza se veía opacada por grandes ojeras y su piel parecía haber envejecido casi cinco años, estaba agrietada y reseca, como si hubiese estado varios días en el desierto con sol incompasivo castigándola. Comenzó a convertirse poco a poco en una persona vacía.

Dejo de lado a todos sus amantes, ya no salía y lo peor de todo ya no comía. Por increíble que parezca ella estaba adelgazando abruptamente, dejo la escuela, a sus amigas, a toda su vida social. El único que seguía con ella y la apoyaba era Javier, su amor hacia ella era inmenso, no había nada en este mundo o en otro que hiciera que el la dejara sola.

Decidió dejar la investigación después del episodio en el que vio a su cuñado, pero al ver como día a día Agustina se marchitaba como una flor en el invierno, se dio cuenta que no podía ignorar mas la situación. Tenia que actuar.

Agustina estaba cada vez mas perdida en sus visitas, cada vez hablaba menos. Él intentaba encarar el tema de la visita al cementerio, cuando notó que el animo de su novia comenzó a irse a pique. Pero ella lo negaba cada vez mas. Siempre ponía excusas como “me duele la cabeza”, “estoy cansada”, etc.

Por eso cuando Javier volvió ese tarde de la casa de su novia, tomó una decisión. Entró en la página de internet donde estaba estudiando la ouija. Memorizó las reglas básicas y al día siguiente fue a la ciudad para comprar una tabla, la cual usaría esa misma noche.

Esperó a que todos en su casa se durmieran, una de las reglas era la de no jugar a las 3 a.m. El quería respetar esa regla, pues sabia muy bien cual era la hora prohibida. La segunda consiste en no jugar en un cementerio. La página de internet advertía que en los cementerios es mas probable encontrar a un espíritu maligno y la tercera, la que el no podía respetar era la de nunca, pero nunca jugar solo.

Eran las dos y cuarto cuando por fin oyó como su mama por fin entraba en el mundo onírico junto con su padre. Colocó una pequeña cámara sobre la mesa de la computadora para documentar la sesión.

La habitación estaba particularmente helada, la respiración de Javier estaba muy agitada, su garganta se secaba con cada inhalación y exhalación. Respiraba profundamente y releyó nuevamente las instrucciones haciendo mas tiempo, por el temor el temor que le causaba el simple hecho de ver la tabla. Javier estaba en una de las encrucijadas del destino, era una de esa situaciones que sabes que es lo que tienes que hacer para solucionar la situación, pero no sabes porque lo haces y mucho menos como hacerlo bien.

Tomó el ojo de la tabla y giro tres veces diciendo “me llamó Javier y estoy intentando contactar a mi cuñado fallecido Fernando”.

Realizó la misma operación tres veces, pero nada sucedía. Decidió que era mejor dejarlo. Notó que a pesar del calor de la temporada primaveral, en su habitación el aliento se condensaba y los pelos de sus brazos se erizaba cada vez mas. Un escalofrió recorría su espalda hasta la base de la cintura.

“Bueno si ya no funciono, mejor de dejo” pensó temblado, levantó la tabla y la llevó al escritorio, frente a la cámara. Pero algo muy inusual pasó apenas la dejó, el ojo de la tabla se movió solo hasta adonde estaba la palabra HOLA.

“¿Eso paso por que moví la tabla o en verdad se movió por si misma?”

– ¿Hay alguien aquí? – preguntó.

El ojo se movía muy lentamente, como si se tratase del movimiento de una tortuga en la playa buscando el mar. Los ojos de Javier se dilataron por el miedo y la emoción de comprobar de que en verdad contacto algo o alguien. Pero ¿se trataba de Fernando o de alguien mas? Levantó la mirada al reloj de la pared y vió que ya eran las dos y cuarenta y cinco.

El ojo por si mismo se posiciono sobre el SI.

– ¿Quién sos?

El ojo seguía su movimiento lento pero constante, no se detenía por nada, Javier era un expectante que no podía creer lo que veía. El ojo se desplazaba y apenas se ubicaba en una letra avanzaba a la otra sin detenerse hasta que por fin terminó en una A. Javier alcanzó a deletrear de sobra lo que decía. -“Soy el que limpia” – escribió la tabla.

– ¿El que limpia? ¿Qué limpias?- preguntó frunciendo el ceño.

– Los pecados – escribió la tabla y el ojo empezó a rodar de un lado al otro sin frenarse, la fricción aumento tanto que la tabla comenzó a carbonizarse, Javier entró en pánico. La fricción aumentaba hasta que la tabla se incendió. El fuego se avivaba a cada segundo, era incontrolable. Javier a pesar de estar asustado la tomó lo mas rápido que pudo y la tiró por la ventana de su habitación hacia un patio trasero. Se quemó un poco las manos, y aunque le ardían se quedo mirando como la tabla se consumía por completo. Después de ver como la tabla se incineró por completo, se volteó y miró el reloj en la pared, eran las tres menos cinco. Sintió un gran alivio acompañada de una sensación de cansancio.

“Menos mal” pensó. Se acostó y se sueño lo invadió rápidamente. La frase “el que limpia” llegó a él una y otra vez durante toda la noche. Creía saber de quien se trataba. De lo que no se dió cuenta fue que faltó a una de las reglas de la ouija, quizás la mas importante, no se despidió del espíritu que invocó…

Continuará…

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