Así arranqué mi primer día de terapia. Luego de charlar entre cervezas y cafés con amigos, tocar el tema en asados y en la intimidad de la gente que me rodea, decidí visitar un profesional. Hoy, además, decido contarle a ustedes lo que me sucede porque a muchos les pasa igual y no se animan a contarlo. Si… tengo miedo a ser como mi viejo.

Siempre quise a mi viejo, siempre lo respeté y le tengo un profundo amor. Nunca transité esa etapa infantil donde se cree que “mi papá es más fuerte que el tuyo”, tampoco fue mi “verdadero amigo” en la adolescencia y mucho menos es mi “modelo o ídolo en mi madurez”, pero nada de eso quita el amor que le tengo, incluso más allá de lo filial. Si le pasa algo a mi viejo me corto las bolas, lo adoro y quiero que sea lo más feliz del mundo, pero reconozco sus virtudes y defectos y son los últimos los que generan rechazo y vergüenza. Bronca y miedo. Bronca porque él ya es grande para cambiarlos, descreo de eso que “uno puede cambiar siempre”. No… hay ciertas cosas que uno no cambia jamás. No se puede dejar de ser cobarde, introvertido, celoso o violento. Se puede controlar, pero modificar jamás… mucho menos en la adultez.

Pero el miedo… el miedo es lo peor, es incontrolable y no lo logro encausar con nada. La bronca me la puedo tragar, no tiene sentido transmitirla, porque es ajena a mi… el miedo es interno. Tengo miedo a ser como él cuando reconozco mis defectos… porque en la soledad de mi inconsciente, tengo la certeza de que mis defectos son los mismos que los de él.

Me da miedo cuando observo mis reacciones, cuando razono sobre mis actos negativos, cuando bajo la guardia en una discusión porque me doy cuenta que estoy actuando como él… En el medio de una discusión con mi pareja me doy cuenta que actúo igual que él con mi vieja, como un déspota egoísta, en las diferencias laborales me manejo con la misma tozudez, en opiniones políticas profundas tengo la misma tendencia que él… la cuál he repudiado con toda mi alma. Y esto es incontrolable, a medida que pasan los años me voy pareciendo cada vez más a él e intento ser diferente, pero no me sale de manera natural, sino que tengo que esforzarme por no cometer aquello que yo considero como defectos. Los defectos de mi viejo.

Toda la bronca que me daban sus “contras” veo que poco a poco afloran en mi, que se dan de manera natural, que están en mi genética y cuando las quiero controlar… ya es demasiado tarde, ya sucedieron. Entiendo a la vida como un trabajo incesante en la búsqueda de una perfección utópica, pero esto muchas veces me ahoga y colapso, por eso pasé de los amigos al psicólogo y uso ahora este medio como catarsis.

Recuerdo cuando escuché la canción “Cuando sea grande” del cuarteto de Nos la cuál me generó sensaciones encontradas. Por un lado me pareció desatinado el exceso de violencia verbal sin sentido, yo no destilo odio contra mi viejo, pero por otro lado me sentí reflejado con la crudeza para ponerle una barrera a ciertas cosas, “cuando sea grande no quiero ser como vos”… y ahí me explota el miedo, pensando que ya soy grande… y de a poco me voy convirtiendo en él.

¿Les pasa a ustedes?

Escrito por Guille para la sección:

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