Algunas personas estamos tocadas con un polvo mágico del sentimiento profundo y obsesión de darle significado a todo todo el tiempo. En mi caso es un placer, yo disfruto mucho tener piel de boca cuando escucho la letra de una canción que me mueve por adentro, estando triste trato de analizarme en todos los pensamientos para darle un gusto poético a esas lágrimas de tanto dolor y estando feliz creo que la vida es un laberinto, me pongo medio Carpe Diem y quiero hacer todo sin pensar en una puta consecuencia. Nos vamos rodeando de amigos que nos comprenden tal como somos, uno que otro te pone un límite de vez en cuando y otros ya te conocen tanto que se quedan detenidos observando lo que decimos con cara de: “¿Qué habla? ¿Que dice?”. Esa mirada, para mi es satisfacción.

Yo no tengo días normales, no tengo días sin sentimientos, no tengo días sin historia. Todos los días pasa algo en mí. De repente puedo pasar un día entero llorando porque a las mujeres de África les cortan el clítoris y sufren el dolor hasta el día de su muerte, quizás otro día me paso leyendo sobre Marsha P. Johnson y las consecuencias hermosas que tuvo su brutal asesinato, casos trascendentales en la historia porque parte de mi patología que tiene un gran tinte de obsesión es creer fervientemente que somos historia. Más allá de mirar siempre hacia adelante nos basamos en todas las experiencias vividas y a eso, le agrego necesariamente las experiencias del mundo en el que nos ha tocado vivir.

La vida me regaló la oportunidad de decantar estas emociones escribiendo, tal como expliqué en mi nota anterior. Pongamos que es el remedio más natural a mi condición.

Después de una larga y extensa charla con una persona muy querida, pude comprender que los recuerdos están tan intactos como olvidados en la consciencia pero que recordarlos es un verdadero regalo que nos brinda la memoria. Hay que usarla, hay que entrenarla porque es un puente a sentimientos ya vividos que son parte de lo que somos hoy y nos recuerdan cada tanto un porqué y además porque nada en la memoria es una armadura a futuras decepciones.

Lo que hablaba un poco con esta persona, es el momento de nuestra vida en el que comprendemos que realmente interactuamos constantemente con el mundo olvidándonos que el otro (masculino por ser humano) percibe todo (incluso hasta los colores) de manera diferente. Qué importante es llegar a entender que lo que quiere o desea quien tenemos en frente puede no ser lo mismo que yo quería con él/ella, un hecho fundamental es saber que a pesar de que pidamos a los gritos que se pongan en nuestro lugar, nunca nadie va a poder imaginar lo que pasa por nuestra sangre o nuestra cabeza porque somos energía diferente, somos otro nacimiento, somos otra casa, somos otros sueños y otros ojos y por ende, siendo otros ojos… vemos otros planos.

Veo sufrir a cabezas poderosas por pecados muy comunes. Veo intoxicarse gente muy hermosa por drogas muy berretas (metafóricamente), pero creo que prefiero eso a ver que alguien no siente. Si hay algo en esta vida que me desespera es ver que una persona pase sus días sin al menos por un minuto frenarse a pensar algo que sea más profundo, algún puntito de arte, una canción que le traiga un buen recuerdo, un silencio que le traiga reflexión, una mirada que le de un semi orgasmo, un impulso reprimido que le genere ganas de morirse en un beso o en un llanto. No puedo conciliar las personas que no sienten empatía con las noticias, con los triunfos de otro, no me puedo identificar con un “me da lo mismo” porque nada en esta vida puede dar lo mismo.

Yo intento aceptar lo que me toca sentir, incluso cuando no puedo identificarme como soy, me pasa con el miedo. No se tener miedo, siempre intento ponerle el pecho a lo que tenga que venir porque la vida y la música me enseñaron a que lo que no me mata me fortalece y a que las tormentas hay que enfrentarlas porque si escapamos nos vuelve a encontrar y con un poco más de furia porque no le cabe jugar a las escondidas. No fue fácil para mí, me ayudaron muchas personas a frenar cosas que no vi, me dijeron que no pensando un bien para mi corazón y esas personas me enseñaron a aceptar que todo lo que leen es nada más y nada menos que una patología, bohemia en mi caso personal porque busca llenarse de arte y conocimiento analítico de todos los significados.

Puedo darle dos diagnósticos, por un lado, esa mirada romántica re profunda donde la tristeza son poemas, las canciones son lágrimas que quiebran los sentidos, la felicidad son ganas de bailar un rock n roll, el cansancio son ganas de mirar las estrellas en silencio (aunque suene re Cris Morena… entiendan que es mi patología), llorar de bronca estampando trompadas al aire, manejar llorando escuchando un tema muy triste como si fuera una escena de Almodóvar porque en el fondo estoy disfrutando de esa expresión. La otra mirada es la de aceptar que esta patología bohemia de vivir sintiendo y pensando no es aceptable para todos, no es grata para todos, puede cansar, puede asustar pero mi objetivo principal es transformar esta enfermedad en un bien para el que lo reprime y al menos puede saber que en este mundo hay alguien que sí siente, hay alguien más.

Es lindo emocionarse con historias ajenas todos los días. Es gratificante sentir empatía con personas desconocidas o con documentales de historia.

Lo que más me ha costado de esta patología que estoy tratando constantemente, es ver que intentar sacar siempre el lado bonito de cada situación, puede lastimarnos pero que incluso de esa herida siempre hay que aprender o sacar algún premio. En otras palabras, trato de “disfrutar” el dolor y la tristeza cuando se acercan a matarme la cabeza para entender el porqué, para saber qué está pasando dentro mío y que va a pasar después de sentir.

Vamos mutando, vamos mirando a otros costados pero siempre siempre la vida está alerta y nos va poniendo pruebas divinas en el camino para que usemos todo lo que éstas patologías nos enseñan como modo de salida triunfante. Hay que tomar cada día como una aventura, hay que sentirse orgulloso de hacer lo que estamos haciendo por una motivación personal que cada uno sabe cuál es y hay que respetar nuestros propios sentimientos. Darles el tiempo, darles el espacio de desarrollarse hasta ser. Y cuando los sentimientos son y están determinados como un hecho, es más fácil detectar si lo queremos lejos o lo queremos cerca.

Fin.

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