Saliendo del cementerio subió a su auto, mil pensamientos rodeaban su mente, pero solo uno predominaba sobre los demás. Pensaba en cuanto amaba a Agustina y lo mal que se sentiría si por un motivo llegara a perderla. El pensar en eso le estremecía el alma, no soportaba la idea de no tenerla. Él la amaba de verdad, a diferencia de Agustina que siempre lo quiso mucho, pero nunca llegó a amarlo. Sin embargo Javier no sabia esto y aunque lo hubiese sabido de igual manera daría la vida por ella.

Condujo mas o menos un kilometro a solo 20km por hora, su mente divagaba buscando una solución, recordando el mal aspecto de su novia y su incesante llanto. Tomó su celular para ver la hora y vió en él un detalle que lo sorprendió. La tabla Ouija seguía como protector de pantalla y pensó: “Que pelotudo que soy, puedo usar la tabla para comunicarme con Fernando y preguntarle que es lo que sucede y que relación tiene con el tipo del cementerio”. Una sonrisa iluminó su rostro, pues el tuvo uno de esos momentos en los que te das cuenta cual es la solución para un problema engorroso, sabia en su interior que ningún otro método solucionaría el problema.

Esta vez lo pensó mejor, no jugaría solo, seria muy peligroso, después de todo el logró confirmar la existencia de otro plano. No sabia que había ahí y sabiamente comprendió que sea lo que sea, existe en ese lugar. También comprendía que no tendría la capacidad para poder manejarlo. Su mente trabajaba espectacularmente bien, veía todo con muchísima claridad. Además su instinto se había agudizado, era como si alguien le hubiese dicho que hacer y como proceder. Lo que Javier ignoraba era nunca estuvo después de la sesión que llevo a cabo él solo en su habitación.

Volvió a su casa, mas o menos eran las seis de la tarde, el sol comenzaba a descender. Fue rápido a su habitación para encargar otra tabla Ouija lo mas rápido posible, pero para su sorpresa el mirar arriba de la almohada de su cama, la tabla estaba ahí, intacta, como si nunca se hubiese incinerado.

Tragó saliva y sintió como el almuerzo se le subía por su garganta dejando un desagradable sabor, los pelos de la nuca se le erizaron y noto que no estaba solo, al menos no en la habitación. Casi sin pensarlo tomó a la tabla y el ojo. Salió corriendo a la casa de Agustina.

Cuando llegó se bajo de su vehículo sin cerrarlo, algo en su interior le decía que se apresurara, que no se detuviera por nada. Abrió la puerta de la casa de sus suegros y lo que vio a continuación lo dejo impactado. Tanto Gustavo como María estaban en cuclillas abrazándose en un rincón y Agustina estaba mirándolos con despecho y sus ojos llenos de lágrimas.

– No te muevas – Gustavo le susurró a Javier.

– ¿Por qué? – respondió Javier caminado hacia Agustina, fue entonces cuando su novia se movió ágilmente como un lince y golpeó a Javier en la cara con una fuerza increíble. Los lentes de Javier salieron volando, cayendo al suelo al mismo tiempo que su cuerpo impactó en el piso.

Desde el suelo Javier vio que Agustina se quedó parada al frente a él, como desafiándolo a que se parara para que la enfrentara. La mirada ácida de Agustina era capaz de torcer cualquier voluntad. Javier se dio cuenta de que esa no era su novia. Era alguien mas. Se volvió a su suegra y le vio la cara desgarrada, había sufrió un arañazo tan profundo que la sangre en su rostro se convirtió en un pequeño arroyo antes de secarse.

– ¿Por qué trajiste eso? – le preguntó Gustavo.

– Sinceramente no lo se – respondió Javier sobándose el rostro donde sufrió el golpe – Solo se que presiento que esta es la solución – Al decir esto Agustina se movió a un costado, dejando la mesa del living al descubierto.

– Creo que quiere que juguemos.

Tanto María como Gustavo aceptaron la invitación con cierta desconfianza, no jugaban porque creyeran que eso salvaría a su hija, jugaban porque tenían mucho miedo de que ella los volviera a atacar.

– ¿Que les pasó? – preguntó Javier mientras se sentaba.

– Esta mañana después de que te fuiste salió de su habitación y me atacó, me rasguñó la cara con tanta fuerza que pensé que me la iba a arrancar. Después golpeo a Gustavo muy fuerte y nos tiró en el rincón, no pudimos defendernos ni llamar a nadie. Si nos movíamos nos atacaba, no se que le pasa – María no lo soportó y comenzó a llorar.

– Estuvo llorando todo el día, de repente se calló y nos atacó.

Los tres se ubicaron en la mesa mientras que Agustina los miraba perdida en la nada, las lágrimas brotaban de sus ojos, pero no existía el llanto. Sin embargo parecía estar alerta ante cualquier movimiento imprevisto.

– ¿Por qué trajiste eso? – nuevamente preguntó Gustavo.

Javier suspiró profundamente intentando no quedar mal por la confesión que haría, pero ya no importaba, con un tono neutro les respondió – Compré la tabla después de la muerte de Fernando porque quería comunicarme con él de alguna manera.

Las caras de los padres de Agustina se mostraron furiosos y heridos -¿Por qué hiciste eso?- preguntó Gustavo enojado, acomodándose como para golpear a su yerno. Agustina se movió muy velozmente, se coloco detrás de su padre con las manos en el cuello, presiono un poco, a pesar de que Gustavo era un hombre fuerte y de que Agustina era solo piel y hueso, no podía sacársela de encima, tosió un par de veces y se calmó, entonces Agustina soltó un poco su cuello, pero nunca dejo de apretarlo.

– Esto es culpa tuya – dijo María furiosa – ¿Que mierda le metiste a mi hija en el cuerpo?

– Nada señora, ella ya estaba mal, ustedes la ignoraban, casi ni la veían deambular por la casa. Comprendo que la muerte de Fernando los afectara, pero se olvidaron completamente de su hija – Las lágrimas brotaban con mas fuerza en los ojos verdes de Agustina. Javier lo noto. “Es ella, al menos en parte, por lo menos nos escucha”, pensó.

– No me pregunten como, pero se que esto puede salvarla.

Gustavo y María se miraron furiosos, pero entendieron que no podían hacer otra cosa.

– ¿Cómo se juega? – preguntó Gustavo.

– Tenes que tomar el ojo de la Ouija, le das tres vueltas y pides hablar con el espíritu, es muy simple. Solo hay unas reglas básicas: la primera es nunca jugar solo, la segunda nunca jugar en un cementerio y la ultima es despedirse del espíritu – Agustina sonrió de costado cuando Javier dijo esto.

Tomaron el ojo, le dieron tres vueltas, Agustina soltó el cuello de su papa y se paró al frente de ellos en la cabecera opuesta de la mesa.

– ¿Hay algún espíritu en esta casa?- pregunto Javier, la luz del living se apago y se prendió velozmente -¿Hay Alguien? – repitió, el foco continuaba prendiéndose y apagándose continuamente.

El ojo se movió lentamente al SI.

– ¿Me podes tu nombre?

El ojo en la tabla comenzó a moverse al mismo ritmo que la cara de Agustina, era como si los gestos de los rostros de Agustina moviesen el ojo de un lado al otro en la tabla. El ojo se posiciono en la S, después en la O. Se movió sucesivamente hasta formar el mensaje:

SOY EL QUE LIMPIA, los tres leyeron el mensaje en voz baja.

– ¿Qué limpias? – preguntó María.

– LOS PECADOS – los tres notaron que Agustina movía el ojo con los movimientos de la cara.

– ¿Qué pecados? – preguntó Gustavo.

– LOS DE TU HIJA.

– ¿Qué hizo mi hija? Si ella es buena persona

El ojo se movía frenéticamente y la cara de Agustina mostraba una mueca desagradable, el ojo se movía entre la A y la J. La fricción aumentaba, Javier temía que volviera a prenderse fuego.

– ¡Pará, por favor! ¡Pará un poco! – suplicó Javier – Yo se quien fuiste en vida, lo averigüe en el cementerio adonde trabajabas. Se que falleciste. ¿Estas enojado por eso? – el ojo se detuvo inmediatamente.

– NO – respondió la tabla, el olor a pino quemado inundaba el aire.

– ¿Qué tenes que ver con mi cuñado?

– ÉL ME PIDIÓ AYUDA.

– ¿Ayuda? ¿Por qué?

El ojo comenzó a moverse nuevamente – ESA NO ES LA PREGUNTA CORRECTA.

– ¿Cuál sería la pregunta correcta? – preguntó Gustavo fascinado.

– ¿Qué hizo mi hija? – preguntó María, sabiendo muy en el fondo de su corazón lo que paso.

– PREGUNTALE A ELLA.

Por un momento el cuerpo de Agustina se debilito, ya no era la figura fuerte que los atacó, se la vio débil, muy desganada. Los miró a los tres, aun llorando – ¡Por favor! Por favor, hagan que se vaya.

– ¿Qué hiciste hija? – preguntó María al borde del llanto.

Agustina comprendió que su mama ya lo presentía, no podía ocultar nada. La culpa que tanto esquivó y eludió, la alcanzó por fin. El que limpia no la castigaba, la obligaba a decir la verdad.

– La noche que ustedes salieron – Agustina se puso se tornó pálida y el llanto aumentaba paulatinamente – La noche que Fernando murió yo había invitado a Javier – se detuvo. No podía seguir hablando.

– CONTINUA – dijo el ojo en la tabla y ella no tuvo mas opción que continuar.

– Esa noche quería estar tranquila con Javier teniendo relaciones, entonces le di tus calmantes mama, para que se durmiera toda la noche – el llanto era casi inentendible. Los rostros de Gustavo y María se desfiguraron. La noticia les cayó como un balde de agua fría.

– No quería matarlo, se los juro, por favor perdónenme – María y Gustavo estaban enfurecidos, pero por algún motivo no podían odiar a su hija. Estaban muy enojados, pero al verla tan triste y arrepentida, la perdonaron a pesar de que no se lo dijeron en el momento.

Ella sintió un gran alivio, como si se sacara una mochila de la espalda. Quiso abrazar a sus padres, pero sintió mucho rechazo.

– CONFIESA A JAVIER – dijo la tabla, mientras que Javier lo leía en voz alta. Agustina se descompenso, se puso de rodillas y se cubrió el rostro con sus manos.

– ¿Qué me tenes que confesar mi amor?

Agustina secó sus lágrimas – yo te he sido infiel con muchos hombres en todo nuestro noviazgo, si me queres dejar te entiendo, pero por favor ahora no me dejes sola.

Javier sintió una puñalada en el corazón, un dolor muy agudo que sangraría toda su vida. Se levantó de silla, abrazó a Agustina en el suelo y le dijo al oído – Nunca te voy dejar, se que estas arrepentida, te amo.

En ese momento Gustavo y María se levantaron y abrazaron a su hija. A pesar de todo, ellos la perdonaron con sinceridad en su corazón, sin embargo nunca mas la relación con ella seria igual. Siempre existiría ese recuerdo nocivo, que les recordaría lo que ella hizo.

El ojo comenzó a moverse – ALGUIEN QUIERE DESPEDIRSE – mencionó la tabla tres veces hasta que le prestaron atención. Los cuatros se pararon alrededor de la tabla…

– MAMA, PAPA, SOY FERNADO, LOS AMO MUCHO, AGUS TE PERDONO Y GRACIAS JAVIER – El ojo comenzó a moverse lentamente hasta el ADIOS.

Los cuatros se quedaron mirando la tabla, abrazándose y quedándose en ellos la paz de saber que Fernando en algún lugar los estaría esperando.

Fin.

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