Los silencios no prestan testimonio contra sí mismos.
Aldous Huxley

…Shhhh…

En líneas generales el silencio está callado, por convicción propia a veces y por coacción la mayoría de las ocasiones.

El silencio se arrodilla en los rincones -al costado de las sombras- y espera, como un depredador, el momento oportuno para tomar de la garganta a su presa, usualmente sorda.

Silencio sicofante.

Silencio atroz.

Silencio ciego.

Silencio caudaloso.

…(Alarido)…

A través del silencio viajan cometas, fantasmas y ciegos buscando su bastón, en el mismo silencio hay saliva de palabras nunca dichas y otras dichas de forma marcial, otras mordiéndose los labios por el amor derramado y otras con el pene erecto.

El silencio no tiene otra explicación más que la ausencia de un grito o una carcajada o una tenue respiración antes de dormirse.

Es el peor de los males o la mejor compañía; no tiene peso, pero ahoga. Es quiromancia aplicada a un manco.

No se mide en decibles, se calcula en lágrimas o en sonrisas o en Tafiroles.

Es una boca cerrada que le entra una mosca; es un lenguaje desconocido, sin traducción y sin ton ni son; es una perla en la lengua y una chispa en el cosmos; es el napalm de tus ojos, que miran desde el horizonte arrodillado; es un virus del espacio exterior; es un dedo índice sobre los labios y otro sobre el gatillo; es mi madre tejiendo durante la siesta de mis días; es un gulag engullido por la tundra; es envolvente, hipnótico y cuentero; es un gato durmiendo; es el mercurio corriendo desenfrenado por tus venas y las mías; es un bostezo del día cuando está anocheciendo; son huellas hacia el sol (los incautos las siguen sin trajes de amianto y con los bolsillos llenos de nafta); es una planta creciendo; es una estrella fugaz en cámara lenta.

Silencio absoluto.

Silencio desnudo.

Silencio genuflexo.

Silencio con la boca cosida.

Evitamos al silencio con motores ensordecedores, con chillidos de placer, con auriculares sangrantes, con una canción que nos recuerda al dolor, con un llanto de recién nacido mientras estamos muriendo.

Pobre silencio, tan vilipendiado, tan ignorado, tan “silenciado”. Nadie se permite ese placer: parlotean verbos sin letras y usan amoladoras para cepillarse los dientes, equipos Marshall para amplificar los latidos del corazón, además rugen como tigres furiosos por las cadenas alrededor de su cuello y se tiran con semifusas rabiosas de timbales heridos.

…Shhhh…

Soy un cazador del silencio.

…Shhhh…

Lo tengo en la mira.

Bang.

Compartí, no seas paco