Mirando las mismas caras imbéciles sin gracias todos los días. Escuchar las mismas pelotudeces y quejas sin sentido, convertían mis días de trabajo en esos aburridos que todos tienen.

Sabía que ingresaría la nueva, dentro de poco. Otra estúpida sin gracia mas, pensé.

Llegando esa tardenoche para realizar mis turnos nocturnos te conocí.

Serias mi refuerzo por unas horas, hasta que te ibas. Realizabas los entre turnos.

Desde ese momento mis ojos si iban hacia vos, no podía dejar de mirarte. Impactada por tan belleza. Tu rostro tan hermoso, pero tu sonrisa, tan particular y única. Eras la Mona Lisa con ese misterio que todos quieren descubrir.

Intentaba disimular mi atención cuando me di cuenta que ya me mirabas como si estuviera loca.

Después de una hora se fue mi compañera y quedamos solas.

Charlamos un rato, yo ansiada por conocerte un poco mas, por descubrir quien eras.

No sólo tu belleza me impactaba, también tu personalidad. Mi corazón latía cada vez mas rápido cuando te escuchaba.

Mujer delicada y atrevida. Tus pelos de colores, ese aro en medio de tu nariz, esa simpatía. Pero si debías mandar alguien a la mierda no te importaba nada.

Habías sido resguardada en una burbuja toda tu vida y lo que querías era la libertad. De expresarte, de experimentar, de vivir.

Y yo dispuesta a enseñarte todo lo que sabia, a vivir mil locuras, las que quisieras…

Pasando dos meses nos hicimos amigas, confidentes. Nos llevábamos tan bien que mis días de fatiga en el trabajo se volvieron la gloria.

Pero mi atracción no cesaba. Mi cabeza volaba en los mas alto al imaginarte sin nada de esa ropa que usabas. Me excitaba cada vez que te pensaba, que te veía.

No podía seguir así. Mi cobardía no me dejaba avanzar. Las palabras no salían de mi boca. Como seria tu reacción, no quería perder tan hermosa convivencia y convertirlos en días de incomodidad para vos y para mi de por vida.

Esa noche, era una guardia tranquila. Ya te estabas preparando para irte.

No aguante mas, fui a ese pequeño box de dos por dos. Ahí estabas terminando de vestirte.

Me miraste como diciendo “¿que carajo te pasa?”, y yo ahí congelada sólo te observaba como te abrochabas el pantalón.

Sólo me tire, me lancé sobre vos y comencé a besarte. Tomaste un poco de distancia, quedaste impactada y aceptaste mi beso. Ya estaba toda mojada de solo tenerte cerca.

Sin perder mas tiempo comencé a tocarte. Recorrer mis manos por tus caderas y agarrar fuertemente y con desesperación tu hermosa cola.

Sin dejar que termines de prender tu pantalón comencé a quitarlo para luego bajar a besar esa flor hermosa y rosa. Deslizar mi lengua y hacerte llegar a la desesperación. Me tomaste la cabeza con fuerza para que no te deje hasta terminar.

Nuestros labios se rozaban de tal manera que era imposible dejar de hacerlo.

Tocabas suavemente mis pechos, tus manos bajaban con delicadeza hasta llegar a mi interior. Empapada por completo en esa noche de locura y pasión que quedo entre las dos.

Ahora, al estar entre la gente, tan solo llego a excitarme con la fijación de tu mirada y esa sonrisa de picardía, tan particular como la Mona Lisa.

Compartí, no seas paco