Ante todo cabe la aclaración de que la Ciclovía es una de las mejores cosas que le pudo haber pasado al Gran Mendoza. Nos asimilamos peligrosamente a una ciudad del primer mundo, pero cómo buenos mendolotudos que somos, distamos años luz de ser provincianos primermundistas y con eso compensamos. Vamos a repasar un poco los distintos tipos de Ciclovialotudos que nos podemos encontrar.

Los superiores

Desde ya que el tipo que utiliza la ciclovía como ruta cotidiana, ya sea para ir a estudiar o trabajar, va destilando un aire de superioridad moral que da el solo hecho de transportarse de manera evolucionada, colaborando con el medio ambiente y destrabando el caótico tráfico. Es una especie de superhéroe en dos ruedas que va salvando el mundo mientras pedalea. Si no le llegan a ceder el paso en alguna boca calle, se para en el medio de la acera vociferando insultos y dando clases de ética sobre el paso y sobre las leyes de tránsito.

El bici volador

Nunca falta el pendejo que se cree que es una estrella mundial del BMX y que va pasando a los pobres transeúntes a toda velocidad rozando codos e infartando a niños y viejas. Pasa a todos a lo loco por la banquina y se cruza constantemente de carril para sobrepasar a los que van más lento haciendo todo tipo de piruetas.

Las viejas

Las viejas son un garrón en cualquier lado, por lo que la ciclovía no es la excepción. No miran por donde caminan, no les calienta nada, van despacio y por el medio, no escuchan los timbres se frenan en el medio de la vía y van dejando gases sin dueño para deleite de los que van detrás.

El que fuma

Idiotas hay en todos lados, pero ponerse a fumar mientras caminas por la ciclovía debería estar penado por estupidez. En un lugar donde los alveolos pulmonares de todos los que transitan están abiertos de par en par por el esfuerzo que van realizando, te aparece un chimba jiposo clavándose un puchito y contaminando todo el aire de los pobres corredores y ciclistas.

El poliVía

El super agente municipal al que le toca cuidar la ciclovía, hace su trabajo con mucho esmero… quizás demasiado. Los tipos hacen una especie de control a ojo de velocidad, intentan -sin ningún éxito- ordenar un poco el tráfico de gente y de bicicletas, mientras ejercen el poder de policía vial retando a niños revoltosos en bicicross.

El grupo de running

Los dueños de la ciclovía. Si bien hasta el nombre dice que está pensado para bicicletas, ellos suponen que el intendente se las hizo para ellos. Se juntan a la tardecita, jovatos disfrazados todos iguales, con zapatillas ultrasónicas. Los tipos sin ningún problema ocupan toda la vía tanto mano y contramano porque entienden que parecer una enjambre de abejas con remeras de polyester amarillo fluo, es más importante que permitir la normal fluidez de tráfico de los demás usuarios.

Los escucha cumbia

Una de las cosas que más espanta de la ciclovía es cuando uno va llegando a Estación Benegas y empieza a percibir a lo lejos la selva de la Ciclovía. Esa selva comienza escuchando cumbia villera al palo y distorsionada que sale desde los celulares robados de wachines con gorrita y camiseta fobalera.

Los fuma porro

Al lado de los especímenes anteriores se encuentran los que prefieren drogarse entre la gente. En vez de hacerla piola se ponen bien cerquita de la ciclovía churreando paraguayo malo, mezcla con chipica y tirando el humo para que la gente note su rebeldía con el sistema. Villeros en su totalidad.

Los tuneros con la música al palo

Para darle un marco aun más nefasto a la situación, se pueden ver autitos de colores, llenos de calcomanías truchas con vidrios oscuros mal polarizados caseramente, con escapes de lata acelerando en seco y reventando las chanchas con reggaetón populacho y mucho gel en las negras crines.

Las loquitas de 14

Por último y como decoración final a la situación selvática, te podés encontrar a pibitas turritas hiper producidas, que no llegan a los 15 años, prácticamente en pelotas, caminando sin rumbo sacándose selfies con celulares de colores y haciendo poses de perreo, tiran besos, corretean y ríen sin motivo, exagerando todo lo que hacen.

Los autos HDP

Nunca falta el negro involucionado, que nunca salió de viaje ni a San Luis, que al ver gente cruzando, ya sea en bici o caminando, sin importarle nada se tira a pasar, obligando a todos los transeúntes a frenarse bruscamente o correr por sus vidas con tal de que el lumpen “bien piola” no frene su marcha para otorgar el paso.

Los autos re buena onda

Contrariamente a los animales antes descriptos, tenemos a los lords ingleses. Los tipos te frenan media cuadra antes, apenas te ven aparecer por el horizonte. Esperan a que cruces por completo para siquiera poner primera y mirando varias veces para todos lados antes retomar la marcha. Chapeau para esta clase de gente de mundo, que va educando a los demás a su paso.

Los agradecedores

Muchas veces a causa de estos últimos maestros es que tenés a los que van en la bici agradeciendo en cada esquina en las que le ceden el paso. Si bien saben que tienen prioridad, los tipos cada vez que llegan a una esquina inclinan la cabeza en señal de gratitud por el respeto recibido. Increíble.

El contramano

Lo cagaría a tiros directamente. Cómo se puede ser tan estúpido. Si ves que toda la gente que avanza, lo hace por su mano derecha, qué necesidad de ser una bestia humana y desarticular todo el tráfico andando por la mano contraria, obligando a la gente a realizar maniobras para esquivarlos. Encima cuando les dicen que van mal, se ofenden.

Los perros

Nada más piola que pasear con el can por la ciclovía. Ahora si el perro caga en ella, tratá de no ser un pibe cabeza y levantá lo que ensució tu animal, para que no la pise el que va atrás. Si sos un miedoso inseguro de esos que compran perros asesinos, tené a bien llevarlos con correa y bozal así no se almuerzan a un pendejito. Con esos extremos completados, todo bien con los ropes en la Ciclovía.

Los niños

Al igual que los perros, los niños no tienen la culpa, sino aquellos que los acompañan. Los chicos son chicos y hacen cosas de chicos, pero más de una vez sin darse cuenta se exponen a ser atropellados por algún ciclista apurado o por algún corredor despistado. Con la misma salvedad que con los perros, si los tienen controlados bienvenidos sean, si es con bozal, mejor.

Lance Armstrong

Uno de mis personajes favoritos es el que se disfraza como para correr el Tour de France, con el único fin de salir a dar una vueltita por Godoy Cruz. El tipo se te pone la malla de competencia con los auspiciantes, el casco aerodinámico haciendo juego los lentes profesionales y las zapatillas con encanche en una bicicleta que se aproxima en valor a un Mini Cooper. Todo ese show para dar una vuelta de 40 minutos hasta Chacras y que encima los pasan las señoras en las bicis verdes que te presta el Municipio.

Los Hipsters

Estos volados van zigzaguendo en sus bicicletas con canasto viejas restauradas, con los auriculares blancos del iPhone y los Ray Ban. Van paveando y subiendo stories a Instagram, vestidos con chupines, botitas y camisas con morral de cuero cruzado. Se creen los más cool de la Ciclovía, van en pose todo el tiempo y no los miran ni las viejas transpiradas.

Los que cambiaron el auto por la bici

El tipo con la congestión del tráfico habitual, sumado a los cortes de calles, decidió dejar el auto en el garaje y sacar la Aurorita modelo 90 para irse a laburar. Te das cuenta a la legua, porque es el que va puteando a todos, tocando el timbrecito todo el tiempo, queriendo pasar a todo el mundo, se trata de colar en los pasos a nivel, habla por teléfono, se queja de los que no respetan a rajatabla las reglas de la ciclovía, hace bolitas con los mocos y les tira la bici a los que vienen en contramano.

Entre estos especímenes y otros tantos, se da esa extraña mezcla que conjuga la baranda a chivo de los que corren, el humo del pucho y del faso, los pedos huérfanos, las cacas de perro pisoteadas, los perfumes baratos de las pibitas y el característico aroma a mandarina de los negros, para crear un ambiente perfecto para los Ciclovialotudos.

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