Pasaron tantos años desde que sucedió esto que les voy a contar, que ya casi perdí el temor, perdí la vergüenza del que no me creyeran y perdí el miedo a lo desconocido.

Más allá de que mi infancia y juventud se desarrollaron en zona rural, donde abundan las historias de miedo, donde se corta la luz y reunidos al resplandor de una vela comienza el desfile de historias tales como la mujer que llora debajo del sauce, el bebé que llora y nadie puede encontrar, el chancho con cadenas o el tan mítico Lobizón. Más allá que al jugar delante una casa abandonada vi, a los 10 años aproximadamente, un fantasma delante mío, nunca quedé marcado por ninguna de esas situaciones e historias.

Pero lo que me ocurrió a mediados de Diciembre del 2001 fue diferente.

No recuerdo si fue el 12 o 13, por ahí, solo que era la madrugada de un día martes, recién egresado de la secundaria, mis compañeros se habían ido de “viaje de egresados” a Valle Grande, donde yo, que tenía que ayudar a mi viejo con la finca, no pude ir. No obstante viajaba algunas noches en bicicleta a verlos y me volvía en la madrugada para dormir un par de horas y salir a trabajar.

Los viajes eran hermosos, entre los cerros, algunas subidas complicadas pero luego venía la bajada y era como un regalo a tanto sacrificio, curvas, montañas, río…

De repente una luz blanca, que salió de no sé dónde, la cual se hacía cada vez más grande y se acercaba cada vez más, yo, en mi bicicleta, ya no sabía si pedaleaba o volaba, de lo que si recuerdo es que me sentía flotar, liviano, como levitando.

De repente dejé de ver la luz, “estoy salvado”, pensé, más al momento sentí un dolor muy grande en muchas zonas de mi cuerpo y todo fue oscuridad y pérdida de conciencia.

Cuando cobré medianamente la conciencia me vi en posición horizontal sobre algo duro, inmovilizado de pies y manos, estábamos en movimiento, abrí levemente uno de mis ojos y vi luces de colores dando vueltas en mi cabeza, una entidad allí presente se percató de mi estado y me puso algo en la boca, solo vi su sombra y volví a dormir.

No sé cuánto tiempo había pasado, pero volví a despertar, sobre una cama o algo así, conectados a aparatos de mucha más tecnología de los que había visto en mi vida, la habitación era toda de color blanco, con luces muy fuertes, yo tenía algo también metido a mi garganta.

Escuché unos pasos que venían y cerré nuevamente los ojos, no quería enfrentar cara a cara a esas criaturas, no estaba preparado, tocó un par de botones de no sé de qué máquina, tomó, con su mano fría mi muñeca, unos instantes, y se retiró.

Abrí nuevamente los ojos y comencé a pensar, “¿Por qué a mí? ¿Qué tenía yo de diferente al resto? Si bien siempre fui buen alumno, nunca me llevé una materia”, me consideraba inteligente pero no a la altura de ser estudiado por extraterrestres, quizás ellos sabían algo de mí que yo no sabía o había descubierto.

Luego el miedo, “¿Qué harían de mi luego de los estudios? ¿En qué galaxia me encontraría? ¿Me darán superpoderes?” Lo que si sabía es que no querían matarme, sino no estaría tan cuidado.

Volví a dormir, pues algo que me habían conectado a mi brazo me hacía tener mucho sueño, vaya a saber que poción de otro planeta. Dormí por no sé cuánto tiempo más, pero parecía eterno.

Cuando desperté, me vi en una habitación familiar, con cosas humanas, frazadas, una cama, un tele, ya sin zondas ni aparatos. “¿Sería mi nueva habitación? ¿La habrían ambientado para que me sintiera como en casa?” Una ventana dejaba ver mucha luz y un cielo azul, el lugar era habitable como en la tierra, pensé, no quería a levantarme.

Sentí una puerta que se abrió y rápidamente cerré los ojos, aún seguía con miedo, pero esta vez los abrí levemente y vi una figura humanoide, vestida de blanco, la que se fue rápidamente.

Al cabo de una hora esta presencia volvió y esta vez decidí mirar, era muy parecida a una mujer, pero se notaba por la arrugas que era una máscara, se dio cuenta de que la estaba mirando por más que cerrara rápidamente mis ojos, sentía que se acercaba y mi corazón latía a mil por segundo, de repente un sonido que preguntaba – ¿Se despertó el señorito? – con un tono muy humano.

No respondí sino hasta que se estaba yendo – ¿Quiénes son? ¿Dónde estoy? – Me apresuré a interrogar antes que se fuera.

– Yo, una enfermera, estas en un hospital – me respondió.

Con alegría exclamé – ¡Me encontraron! ¿Dónde me dejaron los extraterrestres?

– ¿Qué extraterrestres? – Preguntó la mujer.

– Los que me secuestraron cuando venía de Valle Grande.

La mujer sonrió, se sentó en mi cama y me contó – Mirá, cuando venias del Valle, una moto que venía de frente dice que te vio cuando pasaste de largo al barranco del costado de la ruta, volando con bicicleta y todo, el llamó a la ambulancia y te fuimos a buscar, estuviste unos días en terapia intensiva pero ahora ya estás en sala común – me dijo, sin poner nada extraño en su relato.

Yo no le creí, para mí los extraterrestres se llevaron de mi cabeza alguna información que solo yo tenía, por lo pronto sigo buscando mis poderes, yo sé que algo me dejaron…

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