ANTIMATERIA | DIA 30 – 31/10/18

Hoy cumplimos un mes desde que todo lo material desapareció. Le dimos de comer a Mencho y nos contó un poco su historia. Amaneció tirado en donde estaba su sillón. Él creyó que había sido otra noche de descontrol total y estaba durmiendo en cualquier lado como tantas veces. Al ponerse de pié y verse desnudo creyó que le habían robado. Vio otras personas cerca de él, también desnudas y pensó que también les habían quitado sus pertenencias. Se acercó, aún con la resaca de la noche anterior, un mareo atroz, la cabeza que le explotaba y su garganta ardiendo. Sólo pedía llegar a su casa, tomar algunos calmantes, fumar algo y dormir hasta que el cuerpo diga basta.

Lo primero que le pareció extraño fue reconocer los árboles de su jardín, sus plantas… pero no estaba ni el cerco, ni la vereda, ni la canilla. Cuando se arrimó a la gente aledaña y se dio cuenta que eran sus vecinos… quedó confundido y desorientado. Todos estaba igual. Entonces ahí entró en razón y vio que no había nada material en su casa, ni siquiera ladrillos, piso o ventanas. Tampoco estaba su auto, ni su ropa y en la caja donde almacenaba sus vicios, sólo quedaban algunos cogollos de marihuana… las demás drogas habían desaparecido. Se puso nervioso, quiso buscar papel de fumar, pero no había. Entonces pensó en prender fuego y aspirar el humo… pero no tenía con qué encender. Y así comenzó con un intenso proceso, que arrancó con la ansiedad y terminó con unos brutales síntomas de abstinencia.

Se dejó llevar por la masa de gente que migraba hacia los ríos y montañas. En el camino gastó sus flores en fogatas intentando aspirar algo de humo, pero no le generaba el mínimo efecto. Él era adicto a drogas duras, pero procuraba conformarse con lo que fuese. Se juntó con adictos como él y estaban en las mismas condiciones, solo que algunos ya habían hecho papel con la misma planta, algo era algo… pero en poco tiempo comenzó a escasear la marihuana y no había nada para saciar su adicción. Los días se hicieron eternos, entre varios intentaban hacer fermentar frutas para generar alcohol y poder beber, pero la falta de conocimiento reinaba en el ambiente.

Entonces la desesperación hizo mella en su psiquis y comenzó a enloquecer. Pasaba jornadas completas despierto, maníaco, perseguido, los nervios se lo estaban comiendo, comenzó a hacerse daño, primero comiéndose las uñas, luego rasguñando sus antebrazos y rodillas de la desesperación y finalmente arrancándose los pelos, mordiéndose los labios y la piel. En menos de un mes era un despojo humano, más parecido a un zombie que a un hombre. Hasta que se vio reglejado en el agua del Río Blanco y decidió quitarse la vida… ahí llegamos nosotros.

María lo calmó y le dijo que lo íbamos a ayudar, como fuese, que confiara en nosotros. Él percibió el instinto materno en mi esposa y se sintió como un niño… por primera vez algo de luz y confort en tanto tiempo.

Siguió oscureciendo y en la eternidad de la noche pude ver algo a lo lejos… nuevamente pensé en los satélites, pero no… ya era la segunda o tercera noche en lo que va del mes que veía objetos en el aire… algo nos está observando… lo se.

ANTIMATERIA | DIA 31 – 1/11/18

Por fin María logró hacer una especie de papel con una mezcla de aserrin de madera, savia y agua. Hizo una pasta que mezcló en un pozo y luego la esparció sobre una roca dejándola secar al sol. Una vez seca la cortó en cuadrados… Ya tengo hojas para ir escribiendo. Veremos la manera de mejorar el papel.

Utilizo una enorme pluma y sangre de los animales que hemos cazado para escribir. Pero esto es un poco asqueroso, asi que voy a tener que investigar sobre cómo obtener algo parecido a la tinta.

Lucía tiene algo de tos y mocos. Anoche durmió a la intemperie y se destapó sin querer. No quiero ni pensar que puede llegar a pasar si le da fiebre. Además de no ser médico ninguno del equipo, no se que me recetaría un doctor… ni en que farmacia conseguirlo. Me preocupa bastante el tema… sobre todo si empiezo a fabular con heridas infectadas o enfermedades virales…

Toda la familia esta trabajando duro para terminar la casa. Cerca nuestro se ha instalado una familia de cinco miembros. No son hostiles, pidieron consejos y están construyendo igual que nosotros. Hay agua para todos y mejor ser parte de una comunidad.

Creo que a la madrugada escuché una especie de trompeta a lo lejos, desafinada, algo macabra. Creo que venía del cielo… por suerte creo. Creo.

ANTIMATERIA | DIA 32 – 2/11/18

Lucía amaneció enferma… tiene fiebre. Vuela por los aires. Caminé río abajo en busca de algún médico. Encontré a un par. Uno era joven, residente del Noti, pero no tiene idea sobre remedios naturales. Me mandó a intentar bajarle la fiebre con baños y poniéndole paños de algas en la frente. Estoy bastante nervioso, no terminamos de completar el calendario de vacunas… no paro de pensar en una enfermedad fuerte o una lesión grave, sobre todo en ella que tiene solo dos años.

Regresando al campamento vi algo que me generó cierto ruido. Hay un grupo grande de lugareños que se ha atrincherado con varios animales. Tienen corrales pequeños con gallinas, pollos, cerdos, un par de caballos y dos vacas flacas. Parece que muchos hambrientos hostiles quisieron apropiarse de aquello y esta gente presentó resistencia. Han levantado un cerco enorme y lo vigilan dos desde lo alto. Cerca hay varios cuerpos, parece que quisieron entrar y no tuvieron mucha suerte.

Cuando pasé cerca me miraron mal y no me sacaron la vista de encima. Deben haber temido que les robase algo, la verdad no pienso acercarme, ¡pero que motín tan tentador!

En una tierra donde prevalece la supervivencia, aquellos tipos tienen oro puro.

ANTIMATERIA | DIA 33 – 3/11/18

Los paños y baños no sirvieron de nada… Lucía sigue con fiebre y ha pasado una noche terrible. Llora y está molesta. Tengo que encontrar una solución urgente. Dejé a Esteban a cargo de la seguridad del equipo y me acompaña Rosario. Cristian quería venir pero son varios kilómetros los que hay que caminar para sus setenta años.

Decidimos bajar hasta el bosque que estaba en la villa, donde nos cruzamos al puma. Recuerdo que el viejo que habitaba ahí era lugareño y no tan hostil como el grupo que vi ayer. Quizás él sepa de algún doctor del lugar que conozca sobre remedios naturales.

Volvimos a pasar por donde estaban los atrincherados. Me vieron a lo lejos y me reconocieron. Me gritaron que “qué estaba haciendo”, están muy alterados. Les dije que estaba de paso, pero ahí nomás comenzaron a arrojarme piedras. Deben desconfiar de todo quien pase dos veces cerca de ellos. No hay otro camino más directo, así que más tarde sin dudas tendremos que volver a pasar.

Llegamos al bosque, ya no habían cuerpos colgando, pero el recuerdo del puma y la trágica muerte de Julia nos acongojaron. Sobre todo a Rosario. Luego de buscar un rato vimos al viejo, nos reconoció enseguida. Le comenté sobre nuestro problema, pero las respuestas no fueron las mejores…

ANTIMATERIA | DIA 34 – 4/11/18

“El Salto”, en Potrerillos, se llama así porque a unas cuatro horas a pié de lo que fue su poblado, hay un hermoso salto de agua, cerca casi del manantial donde surge el agua del río que bordea ese lugar. Según el viejo, a unas dos horas tierra adentro de ese lugar, vive una señora, medio chamán, medio aborigen, ella cuida la tierra y es quién tiene cura a cualquier mal que aqueja a los lugareños. El viejo no tiene ni idea del estado de “Doña Aura”, como él le llama. Si bien vive una vida austera y con muy pocas cosas materiales, la amplitud térmica es salvaje en esa zona y sin un buen refugio casi nadie podría sobrevivir a las inclemencias del tiempo. Pero, según el viejo, si había alguien en todo el lugar que sabía de las bondades curativas de los yuyos de la zona, era Doña Aura. Yo no podía seguir demorando la fiebre de mi hija… así que teníamos que ir.

Seis horas de ida, un par de horas de descanso especulando que demoremos en conseguir alguna planta o cura, más seis horas de vuelta sin siquiera dormir, se nos iría un día en la excursión. Tenía que ir con alguien ágil, Rosario era la pareja ideal. Esteban se quedaría al mando. Tenía que partir hoy mismo antes que la situación de Lucía se agravase. Lo único que nos asustó un poco es la advertencia del viejo… “les dije que ese puma no era la bestia infernal, sino el macho… ella sigue suelta”. Rosario no titubeó “y yo con hambre de venganza” le dijo.

Cuando llegamos al campamento la familia nos estaba esperando. Graciana había armado una especie de bolso con varios peces cocinados dentro, envueltos en hojas que preservarían unas horas su estado. Félix confeccionó unas pecheras de cuero que nos protegerían del sol. Pero lo mejor lo había hecho Cristian…

A mi me había fabricado un poderoso garrote con filosas piedras engarzadas en la punta. Su punto de equilibrio era perfecto, el peso ideal y lo maniobraba fácilmente. Sin dudas el impacto de esto contra cualquier cosa era un arma letal. A Rosario le había hecho unas botas con tibiales del mismo engarce… una patada de la taekwondista ahora iba a dejar huellas profundas en la carne de cualquier ser vivo. Estábamos listos para partir apenas saliese el sol.

ANTIMATERIA | DIA 35 – 5/11/18

Salimos temprano, por suerte el refugio principal estaba terminado… pero Lucía ardía de fiebre y tenía alucinaciones. Teníamos que darnos prisa. Comenzamos a caminar hacia el salto de agua. El camino era absolutamente todo de subida, había una huella estrecha que iba paralela al río, pero nunca descendía. Íbamos entre montañas, acompañando el cauce, hacia su origen. Nos había tocado un día nublado que amenazaba con lluvias, era el clima ideal para una larga caminata por la montaña. El sol de noviembre ya es insoportable en esta zona.

Subiendo vimos algunas personas en tiendas improvisadas, cuando pasábamos nos miraban con ganas de conversar, pero saludábamos y seguíamos paso firme, no nos podíamos detener. Toda la gente tenía ganas de charlar y de compartir el momento de “el evento”, saber el lugar donde estaba el otro cuando ocurrió y cómo llegó hasta aquí. A todos nos daban ganas de saber lo mismo. Siempre con ánimos de entender el motivo, de descubrir tanto misterio, aunque lo principal era la superviviencia y era lo único que tenía en mente. Al menos yo.

Nos alejamos de los últimos grupos de gente, teníamos agua disponible y los peces en el bolso. Río arriba las nubes se pusieron negras y bastante oscuras, parecía que estaba oscureciendo. Caminamos mucho, cerca de tres horas, no podía calcular, pero divisamos a lo lejos algo que podría ser la cascada. Ya estábamos bien adentrados en la montaña. A lo lejos, en los picos, se escuchaban truenos y el cielo crujiendo eléctrico, quizás nos sorprendía una lluvia, eso no era positivo.

De pronto sentimos un rugido extraño, distinto a de la tormenta. Ninguno dijo nada pero ambos nos quedamos alerta. Con los sentidos encendidos. Entonces nuevamente, a lo lejos, el rugido… distinto, animal. “¿Sentiste eso?” me preguntó Rosario. Y afirmé mirando hacia la montaña… temí que sucediese lo que tanto nos preocupaba… que “la bestia infernal” anduviese cerca.

Y no me equivoqué….

ANTIMATERIA | DIA 36 – 6/11/18

El puma bajaba sigiloso por la ladera de una montaña con la vista fija en nosotros. Correr hubiese sido la peor de las decisiones. Rosario se puso en posición de combate, mientras yo comencé a arrojarle piedras al animal con ánimo de espantarlo, pero nada lo amedrentaba. Estábamos en su terreno, no teníamos escapatoria.

Me puse frente a ella con mi garrote a modo de defensa, sus tibiales no hubiesen servido de nada en este caso, pero de un solo mordico el puma podría partir mi arma en dos y dejarnos indefensos… algo teníamos que pensar.

“Si nos quedamos quietos va a atacar ella” dijo Rosario. La miré desconcertado. “Ataquémosla nosotros, así la confundimos, si nos logramos acercar le tiramos con todo lo que tengamos a mano” dijo mientras tomaba una enorme piedra con ambos brazos. “Vamos corriendo y gritando así tratamos de asustarla”. Tenía razón, si nos quedábamos eramos presa fácil.

Entonces salimos ambos disparados hacia el puma, que perdió su postura apenas nos vió y erizó todos los pelos de su espalda poniéndose a la defensiva, pero sin retroceder. Cuando la tuvo en la mira Rosario arrojó la piedra con toda su fuerza, el felino lo esquivó por poco, y la taekwondista volvió a arremeter con otro piedrazo. Esta vez impactó en el pecho del puma y lo hizo trastabillar. Entonces avancé intenté golpearla con mi garrote, el primer embate fue eludido, pero me dió lugar para un segundo porque la atención la tenía puesta en Rosario que levantaba piedras y se las tiraba.

A escasos centímetros de su hocico dió un mordisco y me agarró la punta del garrote, yo no lo solté, pero sentí toda la fuerza del tirón. Me estaba queriendo sacar mi único medio de defensa, entonces tiré hacia mí, con ánimos de distraerla. En un movimiento brusco, el puma cambió de lado y la inercia me jugó en contra, haciéndome perder el equilibrio por completo y cayendo de costado al suelo. Perdí la empuñadura del garrote y el instante el felino lo partió en dos de un solo apretón. Ahora estaba a su merced.

Saltó hacia mí e intenté retroceder, sin poder levantarme del piso e intentando patear la cara del anima. Estaba a la misma altura que ella y me sentía totalmente indefenso. Rosario la golpeó con una piedra en el lomo y el puma giró hacia ella, creí tener tiempo de pararme y poder atacarla nuevamente, pero no me dió el tiempo y esta vez saltó hacia mi y me tumbó, quedando sobre mí. Abrió sus fauces cuando Rosario salto sobre ella, como hizo con el macho, intentando tomarla por el cuello, pero este puma era mucho más grande y fuerte. Sacudió su lomo y mi compañera rodó por el suelo. Pero esta vez me alcancé a parar. Al quedar tras ella no pudo esquivar mi piedra, que impactó de lleno en el lomo. Esta vez sintió el dolor. Le di un segundo piedrazo en el cuello y giró hacia mí. Rosario tomó las dos partes de mi garrote, una en cada mano, como dos puñales y saltó hacia el puma, enterrándole ambos palos en su lomo. El animal intentó sacársela de encima y quitó la vista de mí, entonces le sacudí un puntinazo en el medio de la garganta. Rosario trepó a su cuello usando los palos, la tomó entre sus antebrazos con fuerza y comenzó a ejercer presión, pero el felino retrocedió y logró quitársela de encima. Aproveché para tirarle una piedra enorme con toda mi fuerza y esta vez le dí a una de sus patas traseras, al hacer fuerza para escaparse vimos como se le quebró y el hueso quedó expuesto. Entonces nos paramos los dos nuevamente.

El puma estaba con el lomo bañado en sangre, los dos palos enterrados en sus pulmones hacían manar sangre que burbujeaba. Tenía la pata destrizada y le salía sangre de la boca. Aún así veíamos la furia salvaje en su mirada. Pero tuvo que retroceder. Aprovechamos para atacarla nuevamente y dió media vuelta y corrió. Aún con tres patas era mucho más agil que nosotros.

Malherida y sangrando supusimos que tenía un par de horas de vida, estaba fuera de combate y nosotros exhaustos.

Continuará…

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