Con un susto que me arrancaba el alma, me desperté esa noche. Me senté con velocidad en mi cama tratando de entender.

Era ella, Carolina, mi amiga, mi hermana. Me pedía a gritos que la ayudara.

Carolina había desaparecido hacían ya dos meses, nadie sabia de su paradero, ni que había sucedido. Decían que había huido de casa.

Me recosté sin lograr dormir, pensé toda la noche en ella y el anhelo de encontrarla.

Pasaron los días, ella no aparecía, solo en mis sueños. Tenia temor, no cesaba, hasta que decidí escucharla.

– Ayúdame, no quiero estar aquí.

– ¿Dónde estas? – le pregunté.

– En un lugar oscuro, no puedo salir.

Y volví a despertar con mi corazón latiendo mil veces por segundo, pensando en ese extraño sueño. Mi cabeza maquinaba mas y mas.

En la mañana le conté a mi mama, diciendo que Carolina quería que la buscara. Ella dijo que solo era un sueño, que era porque la extrañaba.

Pasaban los días y ya no solo la veía mientras dormía. Se presenciaba en mis lugares cotidianos, el trabajo, la facultad, la calle.

Estaba toda lastimada, su remera rasgada, sucia llena de tierra. Sus ojos me observaban fijamente.

– Lucia ayudarme, no quiero estar aquí – me decía nuevamente.

La gente decía que estaba loca, paranoica, nadie me creía.

Su madre aseguraba que ella nunca huiría de casa, que su pequeña no hacia esas cosas. No podía decirle que la veía, tenía la esperanza de que volviera. No quería destrozarla aun mas.

Decidí hacer lo que me pedía, decidí buscarla. Me levanté esa mañana y partí a donde ella me indicaba. Tome mi mochila, mi celular cargado y lo necesario. Tenia que ir a la terminal y tomar un colectivo. En Uspallata termine parando. Tenia que caminar hasta encontrarla y ella a mi lado guiándome. – Estas cerca – me decía.

Llegué a un lugar deshabitado, sólo arboles y campo, mucho campo. Mi corazón empezó a latir con mas velocidad, sabia que la tenía cerca. Bajé como en un pequeño zanjón de tierra, prácticamente no se veía. Me comencé a desesperar, a escarbar en la tierra con mis manos.

– te encontraré – le prometí. Continúe y mis lágrimas comenzaron a caer. Y ahí, un mechón de su hermoso cabello, y un poco mas, ya estaba su cuerpo expuesto.

Lloraba desconsolada, pobre Carolina, el fin para un ser tan bondadoso, amable, amorosa. No le encontraba explicación…

Llamé a la policía, se comenzó la investigación. Con ella estaba su celular. La evidencia mas importante.

Ella había conocido a Martín, por facebook. Habían hablado y terminaron intercambiando números de teléfono.

Allí estaban sus mensajes. Él insistía para verla, ella aun no quería. No se sentía lo suficientemente segura para un encuentro aun. Pero le agradaba su persona. Hablaban todo el tiempo, y él continuaba insistiendo. Tanto le pidió juntarse que ella accedió.

En un bar de la peatonal quedaron para tomar una cerveza. Él la pasaría a buscar cerca de su casa.

Nunca llegaron a tal bar. Nunca mas se la vio.

Buscaron pistas, rastrearon el celular, revisaron el facebook, pero nada. No era un Facebook real. No había nada que los llevara a ese monstruo.

Y ahí esta Carolina sin vida, con su ropa rasgada, golpeada, abusada.. Y él, nada, un fantasma.

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