Si nos guiamos por la definición de groupie que encontramos en Wikipedia o en algún blog, nos va a decir que es una mina, que sigue con fervor a una banda o solista exitoso, la cual no tiene problema de brindarle favores sexuales, hacer un poco de madre, amiga, seguirle a gusto y ganas sus caprichos con tal de estar con él, pertenecer a ese grupo cerrado de una banda, tener un lugar vip y presumir por eso. En eso se basa su existencia, su vida, sus metas y proyectos no le molesta ser una de las tantas con tal de tener esa media hora de intimidad con su ídolo, o ídolos. ¿Quién no quiere pertenecer a algo? Sentirse incluido, quizás útil e indispensable.

Es algo que no se puede juzgar. ¿Pero qué pasa cuando pasas a ser gruppie sin darte cuenta?, te enamoras de un musico del cual nunca imaginaste que lo fuera, pero un día estas en un bar con el chico que salías, miras al escenario y lo ves. Ves a ese pibe compañero de colegio, que te gustaba mucho, pero nunca te animaste a decir nada porque tenía novia, igual siempre que podía se ponía a hablar con vos de cualquier cosa. Y bueno ahí estaba, por empezar a cantar mirándome fijo, como si nadie más estuviera en el lugar, toda esa magia en letras y melodías era para mí, si para mi… mientras trataba de disimular la incomodidad de la situación, cosa que resulto imposible, todo el mundo se dio cuenta, incluyendo mi compañero.

Son esas cosas que te pasan una vez y listo.. no podía separarme más de él, fuimos nosotros y todo lo demás dejo de importar. Fue amor, de ese que pasa en las novelas de Corín Tellado que leía mi mama.

Nunca nos costó ponernos de acuerdo como diría Charly, y todo fluyo con naturalidad por más de 7 años… éramos dos niños de 19 recién cumplidos, tirados en la plaza con las criollas, los puchos y el vino… un amor letal, pero hermoso, apasionado. Nos amábamos escuchando un disco o dos enteros de los Doors y no importaba más nada. Porque si te seguía sabia a donde ir, nunca pregunte: ¿Adónde voy? solo necesitaba tenerte cerca

“Somos uno en el mundo y si existe un después de la muerte, ahí voy a estar esperándote hasta que llegues, o vos a mí”, esa era su frase constante que lo salvaba de cualquier enojo o pelea, mis enojos sin sentido casi llegando a la locura, se pasaban automáticamente, tenía memoria a corto plazo, todo era demasiado perfecto.

Hasta que llego el día de que se hiciera conocido, que su música esplendida viera la luz. Y ahí estaba yo… no iba a ser una Yoko, se que suena exagerado, pero solían llamarme así, nunca, solamente, podía alentarlo incentivarlo y acompañarlo en lo que sea, como un soldado a su lado.

Con el tiempo cambió de amigos, de ambiente, un poco su forma de ser. Y escuche esa palabra: “la groupie del cantante”. Me corrió un frío mal, me sentí triste, porque no me sentí valorada, todo ese amor, la compañía y las hermosas canciones que sentía que eran mías dejaron de serlo.

Desde ese momento algo cambió, igualmente seguí alentándolo porque era su pasión, como él hacía con lo mío. Pero algo se rompió, algo que nunca voy a terminar de entender.

Quise tomarlo con calma ya que la cosa es así. Pero no hubo un más un “chipi- chipi bombón”, ni anillos de papel de cigarrillo. Aunque sé que esta canción si vivirá por siempre. Y si ínsito yo sé muy bien que te conseguiré… pero mi revolución, ya no es la misma que la tuya.

Te vi naufragar y me perdí… tal vez en el mismo lugar, pero perdidos. Así termino, lo que fue hermoso y será horrible después, dice don Carlos Alberto García Moreno.

Y acá estamos seguimos buscando un símbolo de paz, ambos. Creo que ya lo encontramos, el primer amor no se olvida, pero después, o no, viene alguien mejor siempre, que llena ese vacío de cosas nuevas hasta mejores.

“Siembra luz sobre las ruinas, de este pobre corazón, que no encuentre salida, cuando quiera escapar de vos”

Con amor.

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Escrito por Gime para la sección:

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