Hace unos días me encontraba haciendo trámites personales y la amable persona que tomaba mis datos me preguntó.

– ¿Ocupación?

– Empleado, croupier

– ¿Qué es eso?

– Juego a las cartas en un casino

– Eso no es un trabajo.

Muchas personas no saben o quizás en su vida escucharon la palabra croupier. Es un trabajo u oficio, por llamarlo de una manera, como cualquier otro. Solo que se aprende en los casinos, en las mesas.

La gente admira al croupier por su capacidad de sacar cálculos matemáticos gigantes solo con la mente, porque no se lo puedo tocar, o quizás por la elegancia que se ve proyectada en cada uno de ellos.

Él lo sabe todo, sabe quién tiene dos fichas de mil en el bolsillo, sabe quién no tiene más dinero para seguir jugando y quién está solo por si alguien se apiada y le da unas fichitas para ver si puede resurgir de la mala noche. Sabe quién es el cliente que viene siempre predispuesto a generar problemas, sabe qué tipo de café o bebida quiera cada persona que se sienta a jugar.

El trabajo del croupier es igual de agotador que cargar bolsas de cemento, o quizás más, el cansancio mental no es comparable con el corporal, ¿Alguna vez se preguntaron cómo parar la mente para descansar? No hay forma, por eso es que no muchas personas aguantan la presión de la formula: noche + cálculos + gente insoportable.

¿Trabajar en la noche muchas veces es una buena alternativa para estudiar? La verdad que no lo creo, el cansancio es mucho mayor que cualquier trabajo de día, cuando el sol se oculta nos despertamos para empezar nuestro día, la vida social se ve muy limitada al comienzo, las amistades se alejan porque nunca coinciden horarios para verse, es incontable la cantidad de cumpleaños y acontecimientos en los que uno quisiera dar el presente y se pierden por trabajar en la noche.

He visto perder millones de pesos y también he visto ganarlos, y de todo ese dinero que pasa por nuestras manos una mínima cifra va a parar a nuestras cuentas bancarias, es un mito ese de que el croupier gana fortunas, son sueldos comunes como los de todo el mundo y muchas veces no es suficiente para llegar a fin de mes.

Nos tenemos que codear con todo tipo de gente, los new rich, los old rich, los nenes bien, las nenas de papá, los amigotes borrachos, la gente solitaria, los nocturnos, los ludópatas empedernidos, las solteronas que buscan asilo en el juego, las viudas que encuentran compañía en los pasillos, el ruido, las luces, pero también los vicios, las putas, los chantas, los oportunistas, los dealers, los prestamistas, los ladris y toda la gama de personajes oscuros. Del blanco al negro, pasando por los grises. A todos los conocemos, a todos los observamos, trabajamos para todos, sin distinción, ni discriminación alguna. Todos son amigos de la casa.

Y, aunque la gente no lo crea, tenemos tanto sentimiento como cualquier laburante. También nos reímos, nos angustiamos, nos enamoramos, nos enojamos, nos dan ganas de mandar a todos a la mierda y, por el contrario, de que todos salgan felices, porque en un casino muchos no buscan otra cosa que no sea la felicidad. No somos más ni menos que otro trabajador, pero tenemos que estar inmutables ante los cientos de rostros que desfilan frente a nosotros, manteniendo una estampa y un temple inmaculado, sin reproches ni bajas. De ahí surge tantas veces el estres que padecemos.

Así es la vida del croupier, un trabajo tan hermoso como horrible, un trabajo atrapante que muchos de nosotros decidimos conservar por amor al mismo. Un trabajo tan glamoroso como chancho, un trabajo donde todos somos actores y ninguno es el nombre que lleva en la barra sobre el corazón, las verdaderas personas son padres, hijos, hermanos, amigos y todo lo que se puedan imaginar, personas que sufren, que sienten y que tienen problemas como todo el mundo.

Saludos a todos los que como yo trabajamos en la noche.

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