Hace un tiempo estaba en la dulce espera de mis ansiadas vacaciones anuales, entre los planes estaba el de viajar, pero en la difícil tarea de conseguir alguien que me acompañara. Es casi imposible conseguir un viajero/a soltero al igual que yo, que esté dispuesto a salir del país o pueda económicamente hacerlo, donde se pueda coordinar fecha, lugar, presupuesto y onda del viaje. Entonces decidí irme solo. ¿Y a dónde?… A Río de Janeiro.

Era el mes de marzo y en Mendoza ya se sentía un poco los primeros indicios de que el verano había terminado, subí al avión en la mañana bien temprano hacia Santiago de Chile y desde ahí hacia el aeropuerto Galeao de Rio de Janeiro.

Al bajar del avión, y después de los pertinentes trámites migratorios a realizar, me encontré con Río, 34° de calor, una humedad impresionante y el mejor caos tipo Buenos Aires. Me encontré solo en un país a más de 2000 km. de mi tierra, en un lugar donde ni siquiera hablaban mi idioma, me tomé un taxi hacia el hotel donde me hospedaría y salí rumbo a la majestuosa ciudad.

En el camino, de más de 30 km, me llamó mucho la atención la diferencia de las clases sociales. Muy notorias en los espacios territoriales, a la derecha la famosa favela “Ciudad de Dios” y a la izquierda el “Grand Sheraton Rio de Janeiro”, y así con todo en la ciudad. Son evidentes los lugares donde por precaución no recomiendan visitar solo.

Ese primer día fui directo a la playa y lo ocupé para recuperar las energías por el cansancio del viaje, al segundo día salí a recorrer, el andar solo en un lugar desconocido te da una sensación muy rara, el no saber cómo se vive en ese lugar, el saber que estas solo y que nadie está para cuidarte si no sos vos mismo. Esto te da tiempo para pensar, ver tu vida de una punta a la otra, es ideal para encontrarse uno mismo y entender lo que hemos hecho con el paso del tiempo.

Fui al Cristo Redentor, el famoso Corcovado, el Pan de azúcar, puede decirse que son los lugares mas reconocidos y famosos de Río; también las playas mas importantes de la ciudad Leblon, Ipanema, Copacabana, Barra de Tijuca; sitios emblemáticos como las escaleras de Celaron, el estadio Maracaná, Buzios (la ciudad de pescadores afamada gracias a la visita de la modelo Brigitte Bardot en su juventud), Angra do Reis, y muchos lugares emblemáticos de la ciudad.

Cada ciudad tiene sus aristas; sus caras famosas que muchas veces no suelen ser las más lindas y sus caras ocultas que buscan esconderse de los turistas. Pero lo más importante es compenetrarse con el sitio en cuestión e intentar conocer los lugares donde los habitantes de la zona pasan sus días, porque de ahí surgen los mejores puntos de interés, los bares donde se toma mejor, los restaurantes donde cocinan más rico, las playas más paradisíacas, los senderos más copados y los boliches más divertidos. Muchas veces lo mejor está entre las personas y no en los catálogos o internet.

Viajar solo es realmente hacerte un regalo persona e íntimo, profundo, personal y muy importante. Es una especie de retiro espiritual, son como dos viajes a la vez, porque vas a un lugar lejano pero también te adentras en las profundidades de tu alma, donde muchas veces desnudo frente a un gran espejo que es la vida.

En fin, Río es una ciudad maravillosa donde uno puede encontrar de todo, desde diversión hasta relax total, viajar solo es una experiencia única y hermosa, a pesar de que a mucha gente le de pánico, y quizás es porque encontrase solo con uno mismo, muchas veces nos hace ver cosas que no queremos, pensar nos hace buscar y encontrar, estando solo en un lugar tan lejano lo que sobra es tiempo para reflexionar, a larga nos trae beneficios pero en un primer momento tal vez duelen.

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