Todo comenzó el 5 de febrero de 2013 en nuestra hermosa Plaza Independencia de Mendoza. El predio es muy bello, pero hay un oscuro detalle que nadie sabe… un horrible secreto oculto por mas de 20 años. A un cierto horario la plaza se vuelve solitaria y fría, independientemente de la época del año en la que nos encontremos. Algo malvado y siniestro ocultan los verdes y grises de su paisaje.

Había tenido un día pésimo, no podía conciliar el sueño, así que decidí salir a caminar por las calles de la ciudad como para pensar en otra cosa. A las 4:50am la plaza se encontraba solitaria. Me llamó mucho la atención la ausencia total de personas, entonces, por miedo a que aparezca alguien a robarme, bajé por la parte de los juegos y me senté en unos de los columpios a calmar mis nervios.

Prendí un cigarro cuando de repente comencé a escuchar risas, risas dulces, sigilosas, picarezcas, sin dudas eran de una nena. Miré a mi alrededor y no vi nadie. Los nervios me empezaron a traicionar, entonces no le di mucha importancia.

Seguí fumando un tanto pensativa. Cuando me estaba por levantar para marcharme, el columpio que estaba a mi lado empezó a balancearse, ahora la risas venían de todos lados, pero al mirar no veía a ningún niño, entonces pregunté “¿quién esta ahí?” Y nadie me respondió.

Pensé que podría ser que me imaginaba algo que no sucedía, entonces sentí un golpe fuertísimo en el sube y baja y el corazón casi me explota. A las risas se le sumó el canto de una canción dulce, que a la vez sonaba tétrica. Pude percibir que el susurro venían del teatro que esta al lado de los juegos, donde los payasos hacen actuaciones.

Me acerqué al lugar con mucho cuidado, los susurros se hacían mas claros y pude descifrar lo que decía la canción… “tu mi apreciado Lucifer espero por ti, ven a recoger mi alma que aquí te espero”

Se me parlizó todo el cuerpo y decidí acercarme mas para ver quién era el cantante, entonces vi una niña de espaldas acunando un peluche en muy mal estado al que le estaba cantando la canción.

Con un pánico absoluto tomé el poco coraje que me quedaba y decidí hablarle… le dije “nena, ¿estas bien?”

De pronto dejó de canta y estalló en risas, risas horrendas, no de un niño de su edad, sino de alguien mayor. Volteó para verme y yo quedé paralizada por completo, no daba lugar a lo que estaba observando. Mis ojos veían a una niña de unos 5 años con vestido blanco maltrecho y su mirada totalmente oscura. Ya no cantaba con esa vocesita dulce, sino que me hablaba con un tono totalmente diferente, rasposo, como de dos adultos y en lenguas diferentes.

Lo único que se me ocurrió fue rezar mientras me hacía hacia atrás, con miedo a darme vuelta para correr y que aquella criatura me atacara por la espalda. Estaba paralizada del miedo. La niña reía con esa risa espantosa, con carcajadas oscuras, me miró y me dijo “eso que estas haciendo no funciona”… Entonces se elevó varios metros y sentenció… “esta noche tu Dios no esta acá”.

Un torrente gélido corrió por mi espalda, no había un alma alrededor. Sentí como la sangre se me congelaba poco a poco y como mi corazón latía frenético. Entonces no aguanté más y mientras eso estaba en el aire… porque no era humano, di media vuelta y salí corriendo desesperada.

Bajé por la Peatonal Sarmiento y tomé por calle San Martín, esperando cruzarme una persona en el kilómetro cero. Pedía ayuda mientras corría pero no había nadie, era como si aquel demonio hubiese congelado el tiempo. Miré hacia atrás y ahí la vi… a varios metros detrás mío. Venía cabizbaja, arrastrando su peluche y cantando “no puedes escapar mi Dios, mi Lucifer vendrá por mi y yo te llevaré” y mientras avanzaba la oscuridad la acompañaba, las luces de los locales se apagaban y saltaban chispas de los focos de la calle. La risa macabra acompañaba a su canto aterrador.

No podía respirar, no podía pensar, no podía actuar. Sin dudas estaba frente a una presencia demoníaca, entonces tuve la lucidez de creer que lo único que afectaba a estas entidades era el agua bendita o símbolos religiosos. Recordé que cerca estaba la Iglesia Don Bosco, entre calle Rioja y Córdoba y sin dudarlo corrí hacia allá, mientras que me seguía de cerca, levitando sobre el piso, lentamente pero sin parar. Frente a la iglesia siempre los semáforos y las luces están prendidas, esta vez era todo oscuridad y silencio.

Junto a ella se oía su macabra melodía, entonces me arrimé a la puerta de la iglesia y vi que estaba sin llave, entre abierta. Entré sin dudarlo, pero en su interior estaban todas las luces apagadas. Los pasos de la niña estaban cada vez más cerca, incluso sentía su respiración entrecortada a mis alrededores. Me escondí detrás del altar, y ella entró al lugar. Sus pasos retumbaban en la oscuridad del lugar. La respiración y su canto estaban cada ves mas cerca. No estaba a salvo ni siquiera acá y sin dudas sabía que estaba detrás de aquella mesa. Tenía que escapar de ahí urgente, estaba acorralada.

Salí corriendo nuevamente con dirección a la puerta, entonces se prendió una pequeña luz, alumbrando la cruz de Cristo crucificado. Por un instante creí estar a salvo, hasta que sentí un ruido extraño, voces, llantos, de todo y ante mis ojos la cruz se invirtió, mostrándome la niña crucificada muerta de risa. Me volvió a repetir “esta noche tu Dios no esta acá”.

En mi cabeza pasaron muchas cosas, nuevamente quedé estática. Y como un milagro apareció un cura, y me preguntó “qué te pasa mi niña”. Le dije que mire lo que estaba pasando sobre el altar y el hombre vio con sus propios ojos a la niña crucificada, poseída por el mismo Lucifer, hablando en lenguas distintas y riendo a carcajadas. La niña gritaba “Lucifer posee mi cuerpo y alma”

El cura sacó un crucifijo, el cuál comenzó a manar humo, haciendo arderle las manos de dolor, y este sin titubear seguía diciendo una oración en latín, al tiempo que le ordenaba abandonar el cuerpo de la niña. Se mostraba sin miedo y decidido, pero estaba padeciendo un dolor enorme en su piel, su rostro lo demostraba. La niña se retorcía y gritaba “cura de mierda ¿quien te crees para sacarme del cuerpo de esta niña?” y él seguía su misión. Se iba acercando cada vez más y la niña sentía el embate del cura, el diablo la hacía insultar y doblarse como si se estuviese por quebrar.

De pronto el cuerpo de la niña se empezó a debilitar, y ahí el cura recién respondió con vigor “yo soy un enviado de Dios y los Ángeles me acompañan en este momento. Bestia del demonio te ordeno que abandones el cuerpo de esta niña y te mando directamente al infierno para que no puedas hacer mas daño”.

En el altar empezó a brillar una luz blanca y radiante, y una imagen extraña con un aura amarilla apareció… no se si era Jesús, pero a mi me parecía. Extendió sus brazos y tomó a la niña que yacía en el piso, víctima de espasmos y convulsiones. Cuando la agarró dijo “ahora ella puede descansar en paz, me la llevo con mis ángeles para que pueda sanar su alma”.

Escrito por Paola Le Bihan para la sección:

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