Hace unos días que vengo sintiendo cosas raras. Como si en mi habitación hubiera algo más que mis posters, mi computadora, mis libros y algún que otro rejunte de basura en la esquina. La siento como un poco más fría. Pero quizás pueda ser por la estación. Todos sabemos que el invierno siempre, sin importar cómo, se las arregla para que el frío entre en las casas. Pero esto era algo raro…

Hace unos meses estaba con unos amigos hablando, tomando algo tranquilo en la Arístides, cuando uno de ellos dijo:

– Culiado, no saben lo que me pasó. El otro día iba caminando por el centro, me saltó una gitana y me empezó a decir no sé qué giladas. La saqué re cagando, diciéndole que era una loca de mierda.

– No seas boludo – dijo otro amigo. – Tené cuidado con eso, dicen que hacen gualichos y cosas así cuando los delirás.

– Na, el único gualicho que tengo es que no consigo una novia decente hace años.

Nos reímos, pero a mí lo que dijo Marcos me quedó dando vueltas por la cabeza. Hace un tiempo que me pasó algo parecido, pero de otra manera. Estaba caminando por la plaza San Martín cuando una gitana me propone leerme el futuro en mi mano y todo eso. Yo le acepto, porque siempre me río de las cosas que dicen. A veces le atinan pero otras dicen cualquier cosa. La onda es que le doy mi mano y me comenzó a decir lo típico: Plata, mujeres, trabajo exitoso y todo eso, pero de repente me soltó mi mano rápido. Me miró a los ojos, como asustada, me dijo algo que no le entendí y se fue. Yo quedé como descolocado, pero continué con lo mío…

Y desde ese día que viene mi tema… Hace unas semanas comencé a tener un sueño recurrente. Voy caminando por una calle, el día es raro. Como un atardecer rojo anaranjado. No hay nadie más excepto yo. En eso, se escucha un ruido de una de las casas que me llama la atención, me acerco hacia el lugar, pero cuando toco el picaporte de la puerta, me despierto.

Desde que tuve ese sueño, vengo durmiendo mal. Incluso a veces me cuesta conciliar el sueño, pero nada que un día largo de trabajo no arregle para caer mosca a la cama. Pero otro día fue más raro todavía. El mismo sueño, estoy caminando por la calle mirando las casas. Esta vez es más tarde que la otra vez (suponiendo que mi sueño tiene horarios, ¿no?) Es como que ha atardecido un poco más que la última vez. Las casas están todas abandonadas, muchas con el pasto demasiado crecido y las plantas adueñándose de todo, paredes, ventanas y cocheras. La pintura de algunas está levantada y las veredas rotas por el crecimiento de las raíces. Típica pesadilla, hasta que nuevamente escucho ese ruido. Realmente, aunque haga el mayor de mis esfuerzos, me es imposible describirlo. Es algo como si arrastraran un pedazo de tela mojada, pero muy mojada, sobre el suelo lleno de barro e hiciera una especie de chupón como los destapadores de la cocina… ¿Ven? Imposible. La cosa es que me acerco a la puerta, pero esta vez sí puedo abrirla. Cuando entro a la casa, siento una gran presión en mi cuerpo que me sofoca pero sigo caminando un poco y veo, en una esquina algo como una silueta chiquita, como un niño. Me mira, veo sus ojos amarillos y me despierto.

Desde ese día que, fuera de joda y no es un chiste, noto que en algunos lugares veo los dos puntitos amarillos que me observan. En el baño del laburo, cuando camino por la calle, cuando llego a mi casa por las noches, pero siempre de refilón. Nunca así mirándolo de frente, siempre de costado. Además de dolores de cabeza bastante fuertes, algo poco común en mí ya que nunca sufrí migrañas. Son dolores fuertes, con punzadas bastantes agudas. Y no hay nada que me lo quite.

Otra noche volví a soñar. Misma situación, yo caminando, escucho el ruido y entro a la casa. Cuando veo la silueta y esos ojos brillantes, siento un poco de miedo. Esa mirada me da miedo, vacía, fría… Tuerce un poco la cabeza, como si me mirara de manera curiosa y veo que da un paso. Yo doy el mismo paso hacia atrás. La oscuridad lo cubre, solo puedo ver los ojos y la forma de su cuerpo, pero no en detalle. Chiquito, un poco gordito como si fuera un niño de no más de diez años. Comienza avanzar hacia donde estoy. De apoco, con pasos cortos pero constantes. Con cada pasito que da siento su respiración, cosa que hasta ahora nunca había oído. Cuando comienza a asomarse hacia la luz, la cabeza me empieza a doler más fuerte que antes y me despierto.

Para mi sorpresa, me sangra la nariz. Enciendo la luz de la mesada, me dirijo al baño, prendo las luces y comienzo a lavarme. Cuando levanto la cabeza para terminar de limpiarme mi habitación está a oscuras. Me extraña porque mi velador no funciona mal, pero bueno, suspiro y sigo. Apago la luz del baño y me voy a mi cama. Cuando me recuesto, siento como si hubiera una persona recostada en el colchón. Como el peso de alguien más. Hace días que mi gato no duerme conmigo porque prefiere la calefacción del cuarto de mis viejos, prendo la luz para ver si era o no mi mascota, pero nada…

Al otro día mi hermana me pregunta que pasó, que estaba todo el baño sucio. Le cuento que me sangró la nariz en la noche y me olvidé limpiar. Cuando le digo eso, me preguntó que por qué, ya que en invierno nunca me sangraba la nariz (soy de sangrar mucho en verano, por el calor) y le comenté del sueño que vengo teniendo. No me dijo nada, solo que ya iba a ver de hablar con una amiga que es psicóloga para ver que puede ser. Le agradezco y me voy a trabajar.

A la noche, cuando vuelvo a casa, mi hermana me esperaba para cenar y me saca el tema de mi sueño. Me dice que habló con la amiga y me cuenta que pueden ser miedos, dudas o temores por la descripción del lugar. Y con lo de esa figura, puede ser el temor a algo desconocido, un cambio que puede venir. Me río, porque no le pegó a nada. La gitana definitivamente tuvo más creatividad. Y me acuerdo de la gitana y su expresión de miedo.

Por suerte, esa noche no soñé nada. Pero cuando me levanté, me decidí a encontrar a esta mujer y preguntarle qué onda con el sueño. Quizás le atinara más que la amiga de mi hermana. Salgo para el centro y en la plazoleta Alem veo un grupo de gitanos. Me acercó y, con mucha suerte, la veo ahí sentada, en un banco con otra mujer gitana hablando en su idioma raro. Me le acerco y le digo si puedo preguntarle una cosa. La mujer me mira y me dice: “No. Salí de acá nene, vos tenés algo malo. No te me acerques.” Se paró y se fue. La miro mientras se va y ahí me empieza a doler la cabeza y no se me pasa hasta entrada la noche, que llego a mi casa.

Me acuesto a dormir después de cenar y nuevamente sueño. Esta vez la casa está vacía, entro buscando a ese nene pero nada. No está. Entonces escucho como de la cocina el ruido de un vaso que se rompe y me acerco. Cuando entro, veo el vaso partido en el suelo y escrito como con barro “no mirés atrás”. ¿Qué es lo que hace uno cuando le dicen que no? Lo hace. Miro atrás mío y lo veo. Era como un nene, hecho de tela marrón, cocido en los bordes y las extremidades. Estaba hecho como de tela de harpillera, con las manitos y los pies también cocidos. Sin pelo y desprendía un fuerte olor a barro podrido. Me miraba fijamente con sus inexpresivos ojos amarillos. Se me acerca, yo intento dar unos pasos atrás pero no puedo. Veo que cuando camina, arrastra uno de los pies y deja un pequeño rastro de agua sucia. Cuando lo tengo al lado mío, levanta su cabeza para mirarme. Yo respiraba agitadamente, sentía la transpiración caer por mi espalda. Entonces estira su mano hacia mi ropa y me toca el pecho lo que produce que grite y me despierte. Al abrir mis ojos, veo a mi hermana parada en la puerta de mi habitación y me dice:

– ¡Nene! ¿Qué te pasa que gritás así?

– El sueño… el sueño ese de mierda, me tocó Pau. ¡Me tocó!

Mi hermana me mira, se me acerca y me dice:

– Bueno, ya fue. Fue un sueño, no te hagas drama.

– Ya se boluda, pero…- Y ahí siento un dolor fuerte. Cuando me levanto la remera, veo que donde me tocó tengo un moretón y se me para el corazón. Mi hermana me pregunta si me golpeé y le digo que no, que ahí fue donde me puso su mano el nene. Ella se ríe, me da las buenas noches y se va. Quedo en mi pieza, a oscuras, pensando qué carajos fue eso.

Al otro día me voy hasta la plaza Independencia y me pongo a buscar en los puestitos un atrapasueños. Dicen que sirven para quitar pesadillas, así que iba a probar a ver qué onda. Me compro uno azul con unas plumas y unas piedras de colores. Cuando llego a mi casa, lo pongo en la cabecera y me acuesto a dormir. Y vuelvo a soñar…

Misma calle, mismas casas, pero esta vez es de noche. Noche cerrada y la luna brillaba a través de las nubes. Me acerco a la casa, entro y lo veo. En el mismo rincón, mirándome con su brillo amarillo en los ojos. Comienza a acercarse a mí, pero a mitad de camino se frena. Intenta seguir avanzando pero no lo logra. Lo miro sonriente, sabía que un sueño no iba a ganarme. Se da media vuelta y comienza a caminar hacia el pasillo y se pierde en la oscuridad con su pierna arrastrando y el ruido extraño ese. Cuando despierto, noto algo raro sobre mí. En mi cara estaba el atrapasueños, roto…

Cuando le cuento a mi hermana sobre esto, me mira y me dice que la onda de los atrapasueños es que tenés que hacerlos vos para que funcionen bien. Yo con manualidades soy un cero a la izquierda, pero bueno. Hice mi intento y salió algo que puedo decir que es uno. Esa misma noche lo pongo y me acuesto a dormir. Cuando entro a la casa, lo veo en su esquina y me está observando. Veo que tiene algo en su mano y me lo arroja. El dolor del vaso fue muy intenso y hace que cierre los ojos. Cuando los abro veo que está al lado mío, me sigue observando y comienza a pegarme en el cuerpo. Yo me cubro, pero golpea fuerte y siento como si me estuviera dando con un martillo. De repente, deja de golpearme. Abro los ojos y lo veo, parado, que sigue observándome fijamente. Levanta algo del suelo y cuando veo lo que es, me río. Pero también me asusta y lloró. Tiene mi atrapasueños y lo rompe enfrente mío. Seguro que es algo del subconsciente y todo eso, pero imagínense ver en tu sueño a una pesadilla romper lo que intentas usar de escudo contra ella. Lo tira al suelo, se da media vuelta y comienza a irse otra vez hacia el pasillo, rengueando y dejando el rastro de agua. Cuando me quedo solo, siento el frío y me despierto.

Veo que estoy destapado. El cuerpo me duele como si realmente me hubiera golpeado. Intento taparme, pero no siento el acolchado cerca, ni siquiera con los pies. Intento prender la luz, y cuando lo logro veo los moretones en todo mi pecho y brazos donde me pegó. Pero noto algo más.

La puerta de mi placard está entre abierta y desde ahí dentro veo el brillo. Ese puto brillo amarillo. Veo su manito que agarra la puerta, la abre un poco más y ahí está. El nene con su cuerpo cosido de harpillera, mirándome desde adentro. En su mano tiene mi atrapasueños roto que lo tira al suelo y, despacio, se la acerca a donde debería estar su boca, haciendo un extraño gesto de silencio y la luz de mi pieza se apaga, dejándome en la oscuridad, sintiendo sus pasos y el sonido del chapoteo de su pie que se arrastra hacia mi cama.

Escrito por Dieguitus Chia para la sección:

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