Bienvenidos a la nueva sección propuesta por mí: Historias Cruzadas. En ella cruzaremos historias hot con ustedes los lectores, relatos eróticos, anécdotas porno y literatura sexual que no se animen a contar o que necesiten un empujoncito para poder ser escritas, yo voy a coescribirlas con ustedes.

Así que si tenes tú historia y no sabes cómo llevara a letras para que quede eternizada en una hermosa nota, no dudes en escribirme a mi Facebook:

Primera vez sometido

En la pasión del hombre reposa el poder de la mujer, y ésta sabrá aprovecharse de su ventaja si aquél no se pone en guardia. Sólo queda escoger: tirano o esclavo. Apenas se abandone, tendrá la cabeza bajo el yugo y sentirá el látigo”
Leopold von Sacher-Masoch

La conocí como se conocen todas las personas en este presente virtual, por Facebook. Comencé a escribirme con Clara, esos escritos se hicieron más cotidianos y después de varias charlas que nos dieron la confianza básica que se puede requerir en una red social empezamos a hablar de fantasías, sexo, aventuras. Honestamente no le vi futuro pero nunca hace mal jugar con nuestros deseos. No la había visto nunca, ella no me conocía ni yo a ella, pero me gustaba este tipo de histeriqueo que se había generado entre nosotros. Recuerdo pasarme noches enteras imaginando como sería su cuerpo, su olor, su mirada, ya que las fotos son superficiales y tienden a ser engañosas.

Pasado un tiempo decidimos juntarnos y dejar atrás esta rutina de pantalla. Me invitó a su departamento que agraciadamente quedaba a quince cuadras del mío. Mientras llegaba pensaba en sus garantías, me había prometido la mejor noche de mi vida. Una persona ajena, desconocida. Me excitaba tanto pensar en eso, y a la vez me asustaba. Pero ya estaba ahí, en su puerta. Era tocar el timbre o irme. Abrió.

Su altura era baja a comparación de la mía, su metro cincuenta y chirolas eran llamativos. Se me cruzaron miles de cosas por la cabeza en solo cinco segundos de contacto. Tocarla, manejarla, moldearla a mi manera. Estaba encantado. Su pelo era castaño claro con reflejos rubios. Y una sonrisa de perversa que me cautivó a pasar. Tomamos algo y fumamos un cigarro de marihuana. Cosa que nunca hice antes del sexo. Estaba nervioso, todo lo que vivía era una experiencia completamente nueva. Me hizo sentarme en un sillón de cuero blanco que tenía frente a la cama mientras ella ingresaba al baño. Al cabo de unos minutos salió vistiendo unas portadoras negras con una mirada penetrante directo a mis pupilas y además perfumada completamente. Ese aroma hizo que se viera el triple de sexy. Puso música suave, creo que era Babasonicos.

Se acercó lento hacia mí y me empezó a besar. Su boca era ideal, carnosa pero no grande. Justa a la mía. Puse mis manos en su cadera y comencé a tocarla. Su piel suave y delicada contrastaba con la vestimenta y mirada maliciosa. Acto seguido frotó su sexo con el mío. Podía contemplar mi miembro muy excitado debajo de mi pantalón. Cuando de repente me tapa la boca y me dijo que me iba a vendar los ojos, atar y que yo no debía decir absolutamente nada.

Obedecí.

Al principio no me gustó la idea ya que quería ser yo quien manejara la situación, pero me dejé llevar por esta noche atípica. Sin remera, ciego y atado solo quedé a expensas de ella. Clara me retiró el pantalón seguido de mi bóxer y me practicó sexo oral… Nunca nadie en esta vida me chupó la verga como ella lo hizo, estaba en llamas. Desbordaba calor y sudor. Sus movimientos de lengua eran perfectos, su boca completamente húmeda. Me lubricaba cada segundo y lo hacía de una manera profesional. Tuve deseos de reventar el sillón. Me desesperaba no poder moverme, no tener libertad. Hasta que me retiró la venda de los ojos y pude verla. Nuestras miradas se alinearon en una diagonal directa. Observé como se metía todo mi pene en esa boca. Estaba muy excitado, pero en exceso. Le rogué que por favor me soltara las manos para devolverle un poco de ese placer que estaba creando en mí.

Me tiró de los pelos hacia la cama, se sacó la tanga negra dejándose los portaligas, hundió mi cabeza en su vulva y me sometió con sus piernas dejándome nuevamente sin poder de decisión. Jugué con ella e introduje dos dedos, besé cada centímetro de aquella cavidad. Gimió muy fuerte y me pidió que la coja, que la coja con ganas. Me subí arriba de ella y la penetré. Estaba muy mojada y eso me ponía loco. Nunca había sentido algo tan caliente. No quería terminar rápido, quería poder disfrutar a Clara. Satisfacerla hasta que volvió a empujarme hacia el sillón. Nuevamente caí en su poder.

Se subió arriba mío y comenzó a moverse de una manera tan sensual. Tan coordinada. Agarró mis manos y las llevó a su cuello. Quería que la apretara, suave, pero al mismo tiempo con fuerza. Apenas podía respirar. Cuando encontró el punto medio de asfixia empezó a tocarse. Se auto masturbo encima mío. Yo asombrado iba a explotar, estaba listo para llenarla, le dije que iba a acabar cuando se enojó y me gritó. Agarró mi cuello y me ordenó que no lo haga. Que tenía que esperar. Fue cuando sentí que ella acabo… toda mi pierna mojada… y eso hizo que explotara.

Jamás en mi vida acabé como en ese momento, no hablo de cantidad si no de sensación. Clara había logrado todo eso. Alguien a quien no conocía, alguien que me sometió a su voluntad. A veces pienso que parte de mi placer fue la marihuana, pero recuerdo a Clara y sus tatuajes, sus pupilas, sus labios y entiendo que solamente ella pudo ponerme así.

Sinceramente quiero ser tu esclavo; quiero que tu poder sobre mi este consagrado por la ley. Que mi vida este entre tus manos, que nada me proteja o me defienda contra ti. ¡Que placer cuando sepa que dependo de tu capricho, de tu gesto, de tus gustos! Que delicia si eres tan graciosa que permitas alguna vez al esclavo besar los labios de que depende su decreto de vida o muerte.”
La Venus de las Pieles

Coescrito con “Ce” para la sección Historias Cruzadas.

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