– ¿Eutanasia? – repetí. Mi voz sonó con eco incesante, como una persona que se encuentra atrapada debajo de una avalancha.

-¿Conoces el significado?

– Por supuesto que la conozco, quiere que la asista su muerte. Me esta pidiendo que la mate – me negaba rotundamente. No lo iba a hacer – No lo voy a hacer – repliqué enfurecido.

– Tranquilízate, suena horrible, lo se. Pero es algo necesario, ella esta sufriendo y ustedes solo están prolongando la vida de una persona que ya se tendría que haber ido.

– No la voy a matar.

– ¡No la vas a matar! – me gritó – Solo la vas a ayudar a pasar al siguiente plano. Es un acto de amor enorm….

– ¿Acto de amor? – lo interrumpí con sarcasmo antes de que terminara – ¡No jodas, eso no es amor! Eso solo querer sacarla del medio para seguir con nuestras vidas, no voy a ser un asesino, que me perdone pero no lo voy a hacer.

– No ves lo que esta sufriendo, no estas cansado de escucharla llorar en esos sollozos inentendibles – Sabia adonde golpearme, con esa sola frase me puso al borde del llanto – La falta de movilidad, tener que asearla. ¿Sabes la vergüenza que ella vive día a día? No te lo podes imaginar, ni yo que pude hablar con ella.

Ella sabe que hay otro plano, uno donde no hay dolor, solo paz, estuvo apunto de morir y la salvaron. Ese fue un error muy grande Lucas, no podes mantener vivo a alguien con maquinas cuando ya no quedan esperanzas.

– Decime lo que queras, no lo voy a hacer.

– ¿Has notado que hace dos días que no orina?

– Esa es una pregunta retorica, sabes que lo he notado.

– Bueno, te explico entonces, mañana mismo los riñones van a dejar de trabajar, ósea que no va a recibir los medicamentos para el dolor porque no va a tener como filtrarlos, si te demoras en hacer lo que ella te pide después va a ser muy tarde. No vas a poder hacerlo de una forma limpia.

Te vas a arrepentir de ver todo lo que vas a causar por no ayudarla. Ella en este momento no le teme a la muerte, le teme al dolor, su subconsciente sabe lo mucho que va sufrir después de que su sistema renal falle y de ahí va a estar, dos o tres meses mas en una agonía eterna peor que el infierno. Ayúdala a que deje sufrir, solo esta en tus manos Lucas, vos tenes el don, por eso ella te eligió. Sabia que solo vos podías hacer esto, no le falles, por favor no le falles – Me suplicaba como si de mi dependiera que el hambre mundial se acabara.

– No voy a hacer – le repliqué – No voy a soportar el cargo de conciencia.

– Supuse que ibas a decir eso – Entonces la cara de mi subconsciente, que era igual que la mía solo que con una mirada mas sabia y profunda, comenzó a observarme con odio. El suelo debajo de mis pies se abrió y llamas infernales me envolvieron. Me asuste, pero noté que no me quemaba, es mas las llamas eran frías, tanto así que me hacían temblar como el peor día de invierno.

– ¿Dónde estamos? ¿Es un sueño?

– No, es el peor lugar de la mente humana, este es el sector de la culpa, te voy a enseñar los rincones mas oscuros y perturbadores de la mente humana, vas a ver lo que será del destino de tu mama si hoy no terminas con su vida – Mis ojos se llenaron de lágrimas y entre las llamas una ventana pequeña, como la de un kiosco se abrió.

– Quiero que mires por ahí, solo a lo que va a suceder hoy en la tarde – Me coloqué al frente de la ventana y vi a mi mama durmiendo tranquilamente, parecía que recién le había suministrado un calmante, dormía profundamente. En el radio reloj que mi papa usaba como despertador marcaba las tres de la tarde.

Pensé que todo esta bien, pero me equivoqué. Mi mama soltó un grito desgarrador capaz de abrir el cielo, me dejo sordo al retumbar en mis oídos. Dirigí mi atención a la bolsa que ella usaba para orinar y se tino de carmesí, el olor a pus revuelto con fármacos inundó todo y los gritos de mi mama se acrecentaban mas y mas.

Me encontraba solo en la habitación sin saber que hacer, era solamente un espectador atónito esperando el final. Un vecino entró en la casa, estaba tan atontado que no lo recocí.

-Llama a la ambulancia- me grito, pero no entendía nada. Otro vecino entro, me tomo del brazo y me llevo a su casa cubriéndome para que no vea la desgarradora escena, pero era tarde, lo vi todo. Mientras me llevaban sentí como mis piernas se debilitaban y me caía, tanto en la imagen del futuro, como yo que lo veía en ese momento. Desvié la mirada.

– No, tenes que verlo todo – dijo mi subconsciente mientras me tomaba de la cara y me obligaba a ver otra escena.

Ya se encontraba en un hospital, con cinco maquinas que la mantenían en vida en un coma inducido – Según los médicos, ella no siente nada – me dijo mi subconsciente.

– Supongo que es mentira.

– Si lo es, ella siente todo y escucha todo. Lo puede sentir en su alma que de a poco se va fusionando, como al principio. Puedo mostrarte mas, es un futuro muy sencillo, ella no cambia de lugar ni de momento en tres meses, ósea que su agonía se va a prolongar – me miró con los ojos vacíos, como si en él no hubiera ningún tipo de sentimiento, era como si la nada misma habitara dentro de ellos – Lo dejo en tus manos. Yo ya no puedo hacer nada. Espero que cuando nos unamos, no tengas que darme la razón.

– Si lo hago, sabes bien que tarde o temprano me voy a matar.

– Si, lo se. Pero tal vez podamos volver a reunirnos con ella.

El fuego se apagó tan rápido como apareció y me quede solo en la cocina, parado mirando a la habitación donde mi papa se levantaba para encarar un nuevo día.

– ¿Pasa algo negro? – me dijo tiernamente. No hacia falta que mi subconsciente me dijera que estuvo llorando. Suspire profundamente. Entonces escuche su voz en mi cerebro, como si lo hubiese dicho en voz alta, pero no movió los labios, a veces no se si eso lo hizo mi subconsciente o si de verdad pude escuchar el pensamiento proyectado en mi mente. “Realmente no lo se y a esta altura ya no importa.”

La oficial al otro lado de la línea estaba asustada, miraba a su compañero una y otra vez. Este le hacía señas. En solo 5 minutos los móviles policiales lo interceptarían, le pedía que extendiera la charla. Ella se dio cuenta que nadie le hablaba en la línea, sintió pánico.

– ¿Estás ahí Lucas?

– Si, no me he ido a ningún lado. Estaba esperando que terminara de hablar con su compañero.

Un escalofrió sacudió el cuerpo de la oficial – ¿Cómo sabes?

– Creo que nuestras mentes se están uniendo. Voy a terminar de contarte lo que pasó esa tarde.

Al irse mi papa y mi hermano me quedé solo en la casa, en la habitación de mi mama con ella dormida, perdida en algún sueño, donde tal vez estaría sana y feliz disfrutando una vida que nunca tuvo.

El tiempo se convirtió en mi peor enemigo, las horas pasaban como arena vertiéndose en un reloj. Cada minuto era tortuoso y veloz, pero a la vez era lento y expectante. Me pregunté mil veces que haría. Ya no tenia otra solución. Llegó el medio día.

Me acosté al lado de mi mama y ella me observó, nuevamente su perfume a orquídeas inundó mi sistema respiratorio grabándose en mi memoria olfativa. Me miró con muchísima atención, me sonrió con la mitad de su boca y me guiñó el ojo con un gesto de confianza, ella ya sabia todo lo que me pasó en los últimos días, lo intuía, ella estaba al tanto de todo. La abracé fuertemente por casi dos horas quedándome dormido con ella.

Me desperté y eran las catorce, entonces tomé una decisión, una decisión que en realidad no existía, no podía hacer otra cosa ¿En realidad tenia otra opción? No la había. Me levanté de la cama, me sorprendí al verla despierta, la besé en la frente y ambos suspiramos al mismo tiempo.

Salí de la habitación – te voy a traer el medicamento – le dije. Me miraba con una luz de entendimiento implacable en sus ojos. Sabia lo que iba a suceder. Disolví las ampollas que me quedaban de morfina, por suerte mi hermano el día anterior consiguió un poco mas. Eran casi seis milímetros cúbicos. Lo inyecté en su pie, al momento se quedo dormida, le di un ultimo beso en la frente preguntándome si lo sintió.

Me fui hasta a cocina, prendí el televisor y me que ahí quince minutos. Las lágrimas caían solas de mi mejillas y la culpa ya me mortificaba, pero sabia que tomé la mejor decisión. Entonces mientras lloraba he intentaba no pensar en nada, percibí un olor a orquídeas y una mano se poso en mi hombro, suave y cálida, llena de entendimiento.

– Gracias – me dijo – te amo con todo mi corazón – como esa tarde que la grabé antes del ACV.

Y mientras esa frase inundaba mi pecho de tristeza, llamaba a mi papa para contarle que mi mama dejo de respirar. Le dije que no me di cuenta porque me quedé dormido al lado de ella. Le pedí perdón en una verborragia inentendible.

La oficial al otro lado de la línea rompió en un llanto desgarrador, mientras que a su compañero se le inundaron los ojos con lágrimas.

– Bueno esa es toda la historia – dijo Lucas – después de contarte todo me siento mejor.

– ¿Eso significa que cambiaste de opinión?

– No, la extraño mucho. Ya no puedo seguir así. La culpa me persigue, me atormenta todo el tiempo, ya no se que hago en esta vida, todo vuelve a ese día. A pesar que considero que hice lo correcto al final, no merezco vivir. Creo que si de un principio la hubiera convencido para consultar al primer cirujano todo estaría bien. Quizás seguiría enferma, pero le hubiéramos dado la oportunidad al cáncer para que avanzara tan rápido.

– Por favor, no lo hagas – le suplicaba Soledad.

– Esta aumentado la velocidad, el detector de llamadas apenas alcanza a localizar la señal de satélite – dijo el otro oficial alarmado – ¡Va ciento ochenta kilómetros por hora! – Gritó.

– ¡No lo hagas! – Suplicaba con mas vehemencia – por favor, no te sientas culpable, mas de uno hubiese hecho lo mismo.

– Ya es tarde, que tengas una buena vida Soledad. No te conozco en persona, pero creo que debes ser una mujer excelente.

– ¡Por favor! – gritó Soledad, pero su voz se vio opacada por un golpe seco, seguido de un estruendoso ruido que la ensordeció.

Fin.

Compartí, no seas paco