Los habitantes de la República Argentina somos un conjunto de personas que conformamos una comunión de etnias, razas, credos y clases, con ideas e ideologías y pensamientos disímiles, divididos en progresistas y conservadores, divididos en comunistas y capitalistas, divididos…

En fin… por ser algo compleja de entender y siendo necesario una forma de agruparnos, se podría decir que están los “honestos” y los “deshonestos”, ambos tienen derechos, a los honestos se le agregan obligaciones. A su vez, están los honestos que les va bien y los que no les va bien, y, los deshonestos que les va bien y los que no les va bien. El honesto que le va bien se lo ha ganado y bien merecido, el honesto que no le va bien es un frustrado y no se da por vencido, el deshonesto que le va bien es un malparido y el deshonesto que no le va bien está jugado y es un resentido.

Las matemáticas son una ciencia exacta y las ideologías está visto que no, para tratar de entenderlas en su conjunto, podríamos decir que somos 40 millones de almas, habitantes más o menos y nos seguimos multiplicando, en definitiva… un “número”. Si dividimos un número en cero el resultado es nada, suena a falto de acción; si dividimos un número en sí mismo el resultado es uno, lo que representa una acción individual; si dividimos un “número” en “uno” nos da como resultado el mismo “número”, es decir una acción grupal.

Ahora bien, cómo hacemos para unificar criterios en pos de “un” objetivo en común a fin de agruparnos “todos” del mismo lado para que no nos dividan y empezar a entender que… “Una Nación enferma desde el pasado, si no se trata en el presente, no tiene cura para el futuro”.

La respuesta no la tengo. Me remito a un suceso histórico ocurrido un 13 de febrero de 1812, que tuvo como protagonista a un tal Manuel Belgrano -el que está dibujado en los billetes de 10$- que diagnosticó la dolencia y nos prescribió el remedio, mandó hacer unas pastillas celestes y blancas e incluyó en el prospecto las siguientes indicaciones:

Parece que es llegado el caso que Vuestra Excelencia se sirva declarar la escarapela nacional que debemos usar para que no se equivoque con la de nuestros enemigos, y no haya acciones que puedan sernos de perjuicio; y como por otra parte observo que hay cuerpos del Ejército que la llevan diferente, de modo que casi sea una señal de división, cuyas sombras, si es posible, deben alejarse, como Vuestra Excelencia sabe, me tomo la libertad de exigir de Vuestra Excelencia la declaratoria que antes expuse”.

Si tuviera que valorar el hecho y colocarlo dentro de los top ten como se dice ahora, ni por un minuto dudaría y ocuparía el primer lugar, por delante de las Invasiones Inglesas, la Revolución de Mayo, la creación de la Bandera, la Asamblea del Año XIII, la declaración de la Independencia en Tucumán, el Cruce de los Andes, el Ejercito de los Andes y la liberación de Chile, la caída del Virreinato del Perú y la aprobación de la Constitución Nacional.

La clasificación es cronológica del segundo hasta el final, y por casualidad o causalidad, el primer y último lugar se alinearon de tal forma que han quedado enfrentados, tanto por su ubicación como por el contenido de sus palabras. Belgrano nos advirtió que de las sombras de la “división” nos debemos alejar y en nuestra Constitución el Preámbulo nos instó a constituir la “unión” nacional.

El día que, los honestos que queremos ser libres y los deshonestos que queremos estén presos, dejemos de buscar en teorías de “izquierda – centro – derecha” el remedio que cure nuestras heridas, que nos desangran a diario y todos los días, y logremos alejarnos de aquellos medicastros y matasanos que nos recomiendan terapias alternativas “neoliberales o estatistas” y nos someten a transfusiones de ideologías opositoras y oficialistas, será el momento de comprender que…“Si nuestra Patria llora, el consuelo no es la mejor opción, dejar de hacerla sufrir es la única solución”.

14 de febrero, día de San Valentín.

Una noche que debería haber sido tranquila para escuchar los latidos de aquellos corazones que se aman, se transformó en un altercado que terminaría con una víctima, un delito y un acusado, un juicio, una condena y un condenado.

Antes que el reloj diera por terminado el día de los enamorados, la víctima se presenta en la fiscalía de turno junto a su abogada para denunciar un ilícito. Los peritos y médicos realizan los estudios, concluyen que el delito ha sido perpetrado. El fiscal cursa notificación al acusado para indagatoria, solicita a las partes presentar testigos.

Los testigos de la víctima declaran ante el fiscal, detallan los hechos y confirman el delito. El abogado defensor se presenta ante el fiscal, no niega el ilícito y aduce que su cliente es inimputable, que es un demente sin remedio y no tiene curación.

El fiscal toma declaratoria al acusado en presencia de su abogado defensor, y presenta por testigos: una fogata, dos copas, una botella de vino y millones de estrellas. La abogada querellante pide elevar la causa a juicio oral y público, solicita a pedido de la víctima y ante la negativa de la psicóloga forense, la reconstrucción de los hechos in situ.

Los testigos de la defensa son recusados, la causa es elevada a juicio oral y público… se designa sala, juez y jurado, se hacen presentes el fiscal, la víctima, el acusado, testigos, familiares, prensa y abogados.

El abogado defensor se excusa y solicita dimisión. La corte acepta y designa defensor de oficio, el acusado lo rechaza y pide ejercer su derecho de autodefensa. El juez solicita al fiscal que presente el caso al jurado, con detalle de cargos que se le imputan al acusado y surgen de su declaración:

  • Cargo 1: por recitarle poesías y cantarle románticas melodías.
  • Cargo 2: por mirarla a los ojos y expresar sin temor lo que siente en su corazón.
  • Cargo 3: por descubrir sus oídos y confesar en voz baja cuáles son sus secretos más ocultos.
  • Cargo 4: por respirar en su cuello, acercarse a sus labios, robarle un beso y perder la razón.

¡Protesto su Señoría! no tengo testigos y tampoco abogado defensor, sin más y por amor, solicito su clemencia y me absuelva con el perdón. Su Señoría, si lo expuesto por el fiscal es un delito… que me lleven preso y no me dejen salir. Su Señoría, si lo expuesto por el fiscal es un delito… que me lleven preso y me condenen a morir.

A confesión de partes relevo de pruebas. El juez ordena al jurado deliberar y emitir un veredicto, permite al acusado un último descargo. En el banquillo y ante todos los presentes, fija su mirada en la víctima y expresa:

La magia de una palabra, el misterio de una frase, el milagro de una poesía; sólo son el producto de mi imaginación y de mis pensamientos… tal vez no entiendas lo que te digo, sólo quiero que imagines mis manos al escribirlas y pienses que… un beso es una palabra, un te quiero es una frase, y el conocerte más que poesía… ha sido un milagro en mi vida”.

El juez recibe el veredicto del jurado por los cuatro cargos que se le imputan al acusado. Cargo 1, 2 y 3: Inocente por presunta demencia. Cargo 4: Culpable por el robo de un beso. El juez redacta sentencia y condena al acusado a “libertad condicional” en tanto la víctima no presente una denuncia en su contra en la que consigne falta de amor. Toc Toc, caso cerrado. Será Justicia, conste en Actas.-

Escrito por Mauro Jaja para la sección:

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