Miércoles de la semana pasada fue 14 de febrero. Esa fecha donde las parejas empalagosas quieren mostrar mediante bombones, flores y no sé cuántas boludeces más que pagan con un gran porcentaje del sueldo, todo el amor que se tienen. Y donde los solitarios que nadie quiere, demuestran los felices que son siendo solteros, aunque todos sabemos lo retorcido que se les pone el corazón y lloran en soledad lágrimas de cocodrilo… re dramáticos.

Bueno y yo, otra sola, fea, triste y sola que pensaba pasar esa fecha, otra más del año, viendo Netflix y engordando con comida chatarra.

Hasta el momento que sonó mi celular con una propuesta realmente inesperada, de esas que me suelen llegar cada tanto, lo inesperado es de donde venía.

Les paso a contar. Ese mensaje que llamaba mi atención era de mi amiga, quien me estaba proponiendo hacer un trío, nada más y nada menos que con su novio. Yo sería “el regalito” de San Valentín para ambos. Ya que ninguno había tenido esta experiencia. “¡Que originales para dar regalos!” pensé

Y yo como buena amiga no podía rechazar esta tentadora propuesta y hacer los honores.

Miércoles… siete de la tarde me llega el mensajito que anunciaba que ya era hora “del momento”.

– ¿Estas lista para pasar San Valentín con nosotros?

– Por supuesto que si – fue mi respuesta instantánea.

Pasé a arreglarme y a partir donde sería la cita. Llegué y un toque de nerviosismo se percibía en el ambiente. Un par de cervezas, unos cigarrillos y charla para relajar.

Aun no lográbamos avanzar con el acto sexual, él besaba y tocaba un poco a su novia, pero continuábamos con la charla. Un par de cervezas más iban y venían.

Ambos fueron a la habitación, me acerqué para poder darle avance a lo que tanto queríamos.

Comencé besando a mi amiga, besos desaforados, recorrí su cuerpo con mis manos y saqué lentamente su vestido, mientras él nos toca a ambas.

Mis labios empezaron a tocar los labios de él, me desvistió y le saqué la remera, ella quitó su pantalón y sin perder tiempo se llevó su miembro a la boca. Se puso a lamerlo por completo, él gemía de placer.

Me dio el paso para besar a mi amiga, toqué sus pechos y lentamente llegué a su pequeña flor. Acaricié con mis dedos todo su interior, ¡como disfrutaba verla gozar! Bajé para recorrer con mi lengua cada pétalo. Sentí cómo él me penetró, siendo pedido a gritos por su novia, haciendo que me diera con más fuerzas. Los tres disfrutábamos cada instante.

Él llenó de estrellas todos los cielos y nosotras recorrimos todo ese cielo y embebimos nuestros rostros. Cada momento era como si supiéramos que hacer, tan complementado.

Ella montó sobre la boca de él sus pétalos y sintió libar hasta sacar todo el polen que cayó sobre su rostro, mientras yo succionaba y expelía su particular pene, para luego pasar a besar y tocar a mi amiga, ¡que rico verla gritar y besar sus hermosos pechos!

El empezó a tocarme más y más, cerniendo sus dedos en mí. Yo no podía soltarla a ella. Estaba alocada dando y recibiendo tanto placer, hasta llegar a ver todas las constelaciones y caer rendidos.

Fue necesario un cigarro de por medio y un pequeño receso para así continuar con el ruedo.

Él tocaba mis pechos y besaba mis labios, mientras ella agarraba su miembro con su deliciosa boca e introducía sus dedos en mí. Besos iban y venían, no cesaban, nuestros cuerpos agitados de disfrute. Ella pasa a montarlo y con esos movimientos decidí deleitar tal escena. Mientras exploraba mi ser

Sus gritos anunciaban la segunda llegada a la carrera. Proseguí a libar sus testículos, miembro y acariciar hasta donde me permitiese. Mientras oía “Que bien me la chupas”.

Mi amiga se encargó de mi disfrute con su lengua y manos posadas detrás y dentro de mí. La noche continuó larga y deliciosa.

Mas cabe decir que fue el mejor 14 de febrero de mi vida.

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