El pasado fin de semana lo pasé en Potrerillos. Me dediqué a recorrer toda la zona del dique, “la villa” (como le dicen los lugareños “al centro”), El Salto y Las Vegas. Naturalmente es un lugar maravilloso, de una hermosura característica, increíble y bien cuyana. Varios ríos pequeños de aguas transparentes recorren la zona, la vegetación aledaña a ellos es verde, tierna y abundante. Todo absolutamente rodeado de montañas, donde crece otro tipo de flora, típica de paisajes agrestes, pero no menos llamativa. El aires es fresco, los días son cálidos y las noches ideales para dormir tapado. El clima es espectacular y las lluvias generan pasturas salvajes, que al ser levemente controladas, dan como resultados hermosos patios de césped como alfombras naturales.

De noche se puede ver un cielo limpio, plagado de estrellas, sumergido en el silencio hermético generado por las laderas rocosas. Hay senderos que circundan los montes o terminan en místicos claros, caminos que se esparcen como laberintos, circuitos para andar en bici o hacer caminatas.

Naturalmente es hermoso y los lugareños hacen lo posible por mantener este lugar… pero no alcanza, para mí está pésimamente mal explotado, administrado y publicitado. Vamos a la lista de “defectos” que veo y las posibles soluciones:

1- Los alojamientos son bastantes decadentes y extremadamente caros.

Una cosa o la otra. No está mal cobrar lo mismo que un día en Río de Janeiro, pero por lo menos que sea un lugar decente. Cabañas que se caen a pedazos, mal construidas, destruidas por el tiempo, a merced de la naturaleza, sin un poco de cariño ni reinversión a precios atronómicamente altos. Si vas a alquilar una porquería, por lo menos ponele un precio competitivo para ver si ganas más dinero con la rotación de días y le podes meter algo para mejorarla.

2- Hay pocos campings y están bastante descuidados.

Ya que hay tantos créditos para comprar o hacer casas, se podría establecer una línea de crédito turística para complejos y sobre todo para campings. Tiene el pasto reventado, tenes que armar la carpa en un pedazo de tierra, los terrenos no están siquiera aptos para acampar, las churrasqueras de la mayoría son una mugre, ni hablar de los baños. Además los precios son altos, como todo en esta provincia.

3- Los cauces de los ríos podrían ser puntos explosivos de turismo si se hicieran cosas básicas.

El agua que corre es poca, pero constante. No costaría nada dedicarle un tiempo a armar represas artificiales para generar estanques de agua que permitan simular playas. No digo hacerlo en todas partes, pero por lo menos en el tramo del Río Blanco que desemboca en el Dique, de esa manera podría potenciarse el comercio local y sería un lugar hermoso para pasar el día dentro del agua.

4- El asfalto es un desastre.

Habría que destinar algo de presupuesto a las calles y la infraestructura civil del lugar. Pozos como cráteres, grava por doquier, banquinas detonadas, pésima señalización y partes de tierra. Ni hablar de la luminaria, es inexistente o lúgubre. De noche parece un cuento de terror. Y si llueve… preparate para morir en un accidente de tránsito seguro.

5- La oferta gastronómica es pobre.

En esto culpo a los lugareños y comerciantes del lugar. No hay nada típico ni referente de la zona, salvo algunos casos puntuales, los restaurantes son malos, hacen cosas feas (y carísimas, obvio) y no tienen un estilo definido. Se podría enaltecer alguna comida típica, especializar y armar un punto gastronómico. La panadería y pastelería de toda la zona es espantosa y un punto que deben mejorar urgente.

6- No hay buenas excursiones y las pocas que existen están mal promocionadas.

Hay cientos de lugares maravillosos esparcidos por toda la zona, pero no existen excursiones bien armadas, serias, con equipos acordes y gente preparada. Salvo algunos caballos matados que te alquilan y unos kayaks reventados, lo demás no existe. Esta verde el asunto.

7- No hay ciclovías.

Si bien estás atestado de ciclistas y runners, no hay nada que los contenga y proteja. Hay que salir a correr o andar en bici por las banquinas (que ya comenté que están destruidas) a merced de los autos o las motos que se creen en un Daytona. Muchachos de la municipalidad… ¡no les cuesta nada dejar de robar un poquito y meterle onda al lugar más concurrido por los mendocinos! Alrededor del lago no hay una explanada como la gente para estar.

8- La noche está totalmente desaprovechada.

Yo no digo que conviertan el lugar en una zona bolichera o en una Arístides, ¡pero te cagas de embole por la noche! O sea… si no tenes 60 años, a veces, pueden darte ganas de ir a bailar, escuchar una banda o quedarte en un bar tomando una cerveza. Hay dos o tres lugares (literalmente) que atinan un toque, pero no basta. Es un lugar maravilloso, con una vista única, con espacio y cerca de la ciudad, se podrían hacer mil cosas. Le falta rosca, le falta onda, le falta vida a la noche en Potrerillos.

9- No hay un buen hostel.

No hablo de una oferta hostelera, ¡sino UNO! Hay algunos que intentan hacer lo posible, pero uno groso, con una pata en la ciudad que impulse a turistas y mendocinos a visitar el lugar, con una oferta copada, con promociones, con movidas dentro y fuera del hostel, no existe. Uno grande, limpio, moderno y con onda no hay. A un cordobés esto no le pasaría.

10- Están mal explotados los puntos de interés.

Como existe poca gente que sabe que se llama “El salto” por un hermoso salto de agua ubicado a 16km de El Salto, hay muchos puntos de interés, locales y miradores que están mal comunicados por Turismo. Dudo que exista un museo que muestre reliquias arqueológicas del lugar y si lo hay… ¡no lo sé porque está mal comunicado! Les faltan redes, publicidad, movidas provinciales y mucha, pero mucha difusión.

En fin… esto son para mí los puntos más flacos del lugar y algunas soluciones posibles, concretas y reales. Si Potrerillos fuese cordobés, estaría explotado de turistas y sería un destino nacional de vacaciones de verano e invierno, no la mediocridad que es ahora.

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