La Asamblea General Constituyente emitía un Decreto y una notificación a las autoridades provinciales en 1813, que luego sería transcripto en El Redactor de la Asamblea, y según documento original decían:

 “Aprobada por esta Asamblea General la canción que por comisión de este Soberano Cuerpo en 6 de Marzo último ha trabajado el Diputado Lopes, téngase por la única marcha nacional, debiendo por lo mismo ser la que se cante en todos los actos públicos, y acompáñese en copia certificada al Supremo Poder Ejecutivo al efecto de lo prevenido en el presente decreto. Lo tendrá así entendido el Supremo Poder Ejecutivo a su debida observancia y cumplimiento. Buenos Aires, 11 de mayo. Juan Larrea, Presidente. Hipólito Vieytes, Secretario”.

 “Dirigímos a Vuestra Señoría copia de la expresada canción para que transmitida a quienes corresponda en el territorio de su mando, sirva a los fines que dispone la Soberana Asamblea, a inspirar el inevitable carácter nacional, y aquel heroísmo y ambición de gloria que ha inmortalizado a los hombres libres. Dios guarde a Vuestra Señoría muchos años. Buenos Aires, 12 de mayo. Antonio Alvarez Jonte, Nicolás Rodriguez Peña, José Julián Perez. Al Gobernador Intendente de la Provincia”.

Grandes cambios transformaban una vez más a Mendoza en ese año, Alejo Nazarre sería el último Teniente Gobernador y Juan Florencio Terrada el primer Gobernador Intendente, dando aviso de su llegada por nota y según documento original:

 “El Supremo Poder Ejecutivo ha tenido a bien conferirme el honroso cargo de Gobernador Intendente de la Provincia de Cuyo nuevamente formada, con este motivo tengo el gusto de avisarlo a Vuestra Señoría para su conocimiento, quedándome la satisfacción, que en breve me apersonaré en ese destino, donde Vuestra Señoría podrá disponer de mis facultades. Oficio de Terrada al Cabildo de Mendoza, Buenos Aires 16 de diciembre”.

Fue en ese preciso instante en el tiempo que a los mendocinos y mendocinas nos unía algo más que el haber nacido en suelo cuyano, teníamos una “Marcha Nacional” que nos unificaba en pos de un objetivo en común, encaminándonos por el largo camino de empezar a construir una Nación libre y soberana; rememorando en cada verso a aquellos que con su sangre escribieron sus notas y recordando en cada estrofa a aquellas que con su vida compusieron su melodía; siendo ese el sentimiento que nos debe generar al escuchar o entonar las estrofas de nuestro Himno Nacional Argentino.

En la final de la Supercopa Argentina del 14 de marzo de 2018 entre Boca y River, surgieron en mi una serie de preguntas que no logro encontrarle una respuesta con respecto a la interpretación… ¿Escuchamos la introducción? o ¿Cantamos las estrofas? o ¿Tarareamos la introducción y cantamos “Sean eternos los laureles”? no pude precisar qué pasó con exactitud en ese minuto y chirolas. Creo que hubo un punto de inflexión al interpretar la Canción Patria, la que empezó no muy bien y después a mitad de camino como que se quiso acomodar y se la intentó pilotear hasta llegar a un decoroso final.

Si la idea es tararear o cantar el Himno en espectáculos deportivos o similar, puedo llegar a comprender que aquella persona que lo interprete haga una versión a su manera y trasmute la original, o, a partir de un instrumento musical se lo quiera tocar a como dé lugar; el tema es que esa “versión” no se transforme en una “aversión”, es decir, algo que provoca rechazo auditivo al escucharla y nos quita la posibilidad de tararearla o cantarla, sumiendo a todos en una confusión general.

Lo que más me llama la atención es que nuestros pulmones durante 90 minutos no paran de alentar… “Dale Booo, Dale Booo” o “Soy del Mishoo, Soy del Mishoo”, no así el “Oíd mortales…” sumando a las dos hinchadas debería elevar el número de decibeles al doble como mínimo. Según la versión cantada por Ricardo Mollo e interpretada por la Orquesta Filarmónica de Mendoza en el Teatro Independencia, dura 4 minutos completa, o, la introducción más “Sean eternos los laureles…” la mitad de ese tiempo.

En cualquiera de las dos modalidades la idea es que los hinchas se enganchen con la propuesta, avisando por los altoparlantes del estadio y que dejen de gritar por unos instantes. Es posible que con el transcurso del tiempo se nos haga una buena costumbre y los incorporemos al folclore del fútbol, y que lo veamos como el plato de entrada de una cena de gala que tiene por menú principal el cotejo, y de postre que no hayan disturbios.

Ahora bien… si no te animás a cantar lo podés honrar haciendo silencio o te ponés la mano en el corazón y mirás al cielo, si te emocionás, descargá unas gotas de llanto al suelo, si se te irritan los ojos el gran Doctor Zaldivar estaba en el Malvinas; si cantás mal y desentonás no te preocupés en la multitud nadie te va a señalar; si no sabés bien la letra y no querés quedar pagando seguí a los demás y tararealo hasta el final. La idea es disfrutarlo y que no te avergüences, que no se te haga una carga pesada el volver a escucharlo o pensar que el cantarlo de nuevo es un bodrio.

Igual… mucho no importa. Hoteles y restobares llenos, somos un polo turístico importante y entraron billetes a la provincia; la vip a full, la popu al mango; canapés y champagne para degustar y beber, chori y birra para morfar y chupar. Esperemos que cuando juegue el Tomba con Lanús o la Lepra con Dálmine por citar alguna fecha, haya una convocatoria como la de Boca y River o parecida, para que las gradas no estén vacías y solas como la mona Cecilia o el difunto oso Arturo para el Día de San Valentín en el extinto Zoológico y hoy Ecoparque de Mendoza.

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