“Reflexión”, es la palabra que nos hace falta a todos los argentinos, necesitamos reflexionar bien las cosas. Necesitamos abrir los ojos y darnos cuenta que las cosas que pasan no son culpa del de al lado, sino que son culpa de todos nosotros. Nosotros somos los culpables de todo lo que está pasando en nuestra sociedad. Esta nota es mi intento de reflexionar sobre lo que estamos viviendo, no digo que sea una verdad, pero es lo que yo pienso, porque creo que estamos sumergidos en un una enorme pileta de caos.

¿Casos a citar? Muchos, el más conocido es el caso Chocobar, donde un policía abate a un criminal a tiros luego de que este le diera la módica cantidad de 10 puñaladas a un turista norteamericano. El actuar del policía es festejado por la mayoría de la sociedad, mientras que la justicia le aplica un alto embargo económico al agente y otra parte de la sociedad victimiza al delincuente y habla de Chocobar como un asesino. Esta es la sociedad anárquica de nuestro país, esa porción (no mayoritaria pero grande) que vive del crimen día a día.

Esta sociedad nos mantiene intimidados a todos, a los giles laburantes, y es apoyada por una serie de falsos “progres” que realmente lo único que desean es ver arder el país, porque no se puede defender a una persona que asesina y destruye familias. Ellos son unos de los grandes culpables de nuestros problemas, una sociedad sale adelante trabajando día a día, no defendiendo al delincuente con los mal llamados “derechos humanos” que terminan perjudicando al ciudadano común.

Otra gran culpable de esto es nuestra justicia con la famosa “puerta giratoria”, esta que en vez de hacer que un delincuente cumpla la condena los libera antes de tiempo y no garantiza la reinserción a la sociedad de los mismos, ya que nuestro pésimo y corrupto sistema carcelario se encarga de agravar la violencia de estos, devolviéndolos a la sociedad aun peor de como entraron. Esta justicia, que también pertenece a nuestra sociedad anárquica, es controlada por una corrupción perversa que interpreta las leyes a su antojo, ya que estas no son claras en muchos casos o simplemente están mal hechas.

Y la culpa no es solo del poder judicial, porque parte sin dudas del legislativo, la cámara de diputados y senadores. Esas personas a las que nosotros elegimos esperando que todas estas cosas cambien un poco y en vez de mejorar simplemente empeoran. Esta es otra perversa y corrupta organización que no roba dinero (solamente), roba las esperanzas de todos los argentinos. Pensemos un poco, no distingue partidos políticos, nosotros elegimos a estas personas para que cambien las cosas, ellos aprobando y vetando leyes son los que deciden y controlan el curso de nuestra nación.

Esto nos hace llegar a una gran paradoja, nosotros elegimos a estas personas, lo que (en parte) también nos incluye dentro de esta sociedad anárquica, pero nos estamos olvidando de algo muy importante.

La nueva intriga es ¿Por qué ocurren estas cosas? ¿Quién se beneficia con esto? Esto nos lleva a dos ganadores, el puesto número dos se lo lleva nuestra justicia, que gana mucho jugando con estos asuntos. Pero el puesto número uno se o ganan las hermosas y más perversas aun organizaciones de derechos humanos. Si damas y caballeros, ellos levantando la bandera de “la policía es mala” y “la culpa es de la sociedad” (si, pero no toda la culpa) se llevan la porción más grande de la torta y no permiten que los policías actúen como deberían hacerlo. Ellos son los que controlan el títere principal de esta macabra obra.

Esperemos que un día termine toda esta corrupción que también alcanza a la policía, pero que les aseguro no a la gran mayoría, ya que hay muchos policías que quieren hacer las cosas bien y temen que al actuar sean juzgados por el simple hecho de hacer su trabajo, defendernos. Lo mismo ocurre con el ciudadano común que tiene que tomar la decisión de armarse en defensa de su familia y disparar contra un delincuente, ya que estamos hablando de la vida de su familia contra la de un mal viviente, para luego ser encarcelado por defender a su sangre, a sus hijos.

Creo que llego el momento de replantear las cosas, la dictadura termino en los 80 y tenemos la oportunidad única de vivir en democracia y tomar acciones concretas. La primera es dejar de despreciar a  la policía y tratar de apoyarla y respetarla lo más que se pueda, son ellos los que por poco nos defienden con su vida. Entender que tristemente su actuar es malo por culpa de las trabas que se les impone. Está en cada uno de nosotros cambiar las cosas, creo con mucha fuerza que juntos lo vamos a poder lograr, somos más fuertes de lo que creemos.

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