Dicen que no hay mejor sensación que la que uno tiene después de haber ayudado a otra persona, obvio que cuando es sincero y desinteresado el gesto, y si puede que así sea. Las gracias después de la acción, palabra, llamado, mensaje o lo que sea, en si es muy reconfortante, es como dicen, “una caricia al alma”.

La palabra ayudar desde mi punto de vista, es muy grande, muy amplia, y no a todo el mundo le cabe la responsabilidad de cargar con ella. Hace unos días escuché en una charla de Pilar Sordo que muchas veces uno no ayuda sino acompaña, y así es, esa simple frase me resolvió una cuestión de vergüenza que tenía cuando alguien me decía “gracias por tu ayuda”, no me sale sinceramente el decir “de nada, por nada, no hay porque”. Eso explica porque la nota se llama como se llama y no “ayúdame a ayudarte”, y si lo vemos en profundidad no está equivocado el concepto. Cuando uno le pide a alguien que lo acompañe al médico lo que está haciendo inconscientemente es pidiendo que lo ayude a ir porque se siente mejor con esa persona que yendo solo, por supuesto que no es solo en casos malos, puede ser también acompañar a cenar, tomar algo por ahí, ir a bailar, cumpleaños.

Todo el mundo coincide con que ayudar es un gesto muy noble, que requiere desinterés de recibir recompensa a cambio, porque si no estaríamos hablando de un favor o un trueque, te doy esto, pero cuando necesite… en particular odio la gente que da algo y después lo anda echando en cara, como se dice en la calle, si me das un regalo no me lo vengas a cobrar. ¿Y qué pasa cuando la ayuda no es suficiente y no surge efecto? Hay dos opciones el que la brinda se cansa y se va dando por sentado que dio lo mejor de sí para acompañar y no fue suficiente o la persona no la supo aprovechar o sigue insistiendo en confiar que la ayudada va a progresar.

En ese caso es donde entran en juego los sentimientos, porque es obvio que no se habla de ayudar a alguien a cruzar la calle, pasear el perro, salir a correr o lavar el auto, si no de ayudas importantes, con personas que uno quiere de verdad, esta es la parte donde llamamos de nuevo al título, donde la primer persona, el que ayuda, siente que no está haciendo bien lo que quiso desde el primer momento y se cae , el ayudado entra en acción o debería hacerlo, ¿y cómo? ¿Cumpliendo con lo que el otro quiso que pudiera hacer? No, con solo agradecer estar disponible para mi basta, aunque no pueda o no este dándole lo que la persona espera de mí, ¿y si soy el que ayudo como sé que no volverá a defraudarme, desilusionarme o cualquiera de sus sinónimos? No lo sé, solo sé que el amor, cariño, afecto, amistad, hermandad o como quieran llamarle a la relación que se tienen, es más fuerte y prevalecerá, ante todo.

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