Tanto le había insistido Matías en ir a ver la banda que, para evitar su enemistad, lo acompañó.

Llegó a la barra del boliche mientras que la banda preparaba los equipos en el escenario y se pidió una cerveza. De a poco se iba llenando de gente, y él se quedó en la mitad del tumulto, al costado, tomando.

Matías estaba con él, pero apenas empezaron los primeros acordes de la banda, se fue adelante y Gerónimo se quedó solo. Lo tenía que esperar, ambos se habían ido en el auto de Gerónimo y, aunque la paciencia no era su fuerte, intentaría ponerle un poco de ganas.

Y de pronto la vio. La chica con la remera de Soda Stereo que, en vez de ver a la banda que había empezado a tocar, lo estaba mirando a él.

El flechazo fue instantáneo. Ella se le acercó y le pegó un trago al vaso de cerveza que él tenía en la mano. Luego le dio un beso corto en la boca y se metió entre la multitud de fanáticos. Aquella chica no se parecía en nada a las que él había conocido, ella era diferente, casi magnética. La fue a buscar y la encontró riendo, sabiendo que él iba a aparecer. Lo agarró de la mano y lo llevó casi al final en donde las voces de los demás se acallaban un poco para que se pudiesen escuchar mejor.

Ella reía. Él estaba casi hipnotizado, y en ese trance le preguntó su nombre.

– Me llamo Emilse – le dijo – y vos tenes una cara terrible de no tener idea que estás haciendo acá.

– Si, vine a acompañar un amigo que me dejó solo cuando empezaron a tocar.

– Se nota – le dijo ella.

– ¿Porque me empezaste a mirar en vez de ver a la banda? – Le preguntó Gerónimo.

– Porque pude ver claramente que no encajabas, así como me pasa a mí la gran parte del tiempo.

Tenía razón. Ella estaba en su ambiente y él no, pero el resto de la noche él quería estar a su lado.

– Si no me invitás una cerveza, me voy – le dijo ella. Y él agarró y le dio la suya, que estaba a la mitad. Tomó un sorbo, dejó el vaso arriba de una mesa, lo miró fijo y le dio un beso en la boca, bien intenso, más íntimo que muchas de las relaciones sexuales que él había tenido en su vida.

De pronto todo lo demás pasó a segundo plano, ya la banda no se sentía y el murmullo de la gente tampoco. Los dos estaban enfocados en ese momento, sin importar nada más.

De pronto sus labios se separaron y sintieron que la banda ya anunciaba su último tema. Y cual Cenicienta, ella lo miro y le dijo “tengo que irme”.

– Necesito seguir en contacto con vos, ¿cómo podemos hacer, por favor? – Le dijo Gerónimo. Ella agarró y metió la mano en uno de los bolsillos de su campera negra abierta, sacó un fibrón y con tinta le escribió en su mano un número de celular.

– Llamame si me necesitas – le respondió, le dio un beso y se perdió en la multitud.

Sin dudarlo mucho, y, hechizado por aquella mujer, él anotó rápidamente el número que ella le había escrito en su celular.

“Ya te necesito” – le escribió un whatsapp.

“Todavía no” – le respondió ella.

Era todo tan extraño pero no podía evitar no querer saber todo de ella. Aunque sea verse una vez más.

Continuará…

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