Vuelve atrás en el tiempo. Recuerda el último momento en el que la felicidad te invadía. Haz una pausa en el presente tan vacío que te abruma y vuelve a vivir la plenitud de aquellos años llenos de vitalidad, juegos e inocentes alegrías.

¿No recuerdas con emoción sobrecogedora aquellos hermosos domingos en familia, en los que podían faltarnos lujos pero en los que nunca faltaba el afecto que sentíamos por nuestros seres queridos y que tan celosamente manteníamos guardado hasta soltarlo en un abrazo, en un simple te quiero, en tan solo un momento? ¿Aquellas comidas preparadas con simpleza, pero con tanto amor y cariño que nos hacían disfrutarlas como si de un banquete real se tratara?

¿Acaso has endurecido tu corazón y te has olvidado tan fácilmente de las anécdotas que nuestro abuelo solía contarnos, llevándonos en un viaje imaginario pero a la vez tan real hacia sus memorias más bellas? Al igual que él, éramos tripulantes en aquel barco en búsqueda de una tierra llena de tesoros y aventuras.

¿Qué te ha pasado, hermano mío? Vos no eras así. Solíamos reír juntos a la par de aquellas maravillosas hazañas. Amábamos aquellos momentos tan cargados de alegría y belleza que compartíamos en familia. Era magnífico ver a toda la familia unida.

Ya ha pasado mucho tiempo desde el último domingo que disfrutamos juntos. Tu corazón ha soportado injustamente durante años los embates de vivir en una sociedad marchita, en la que el arduo trabajo y obligaciones no dan tiempo de disfrutar siquiera de los pequeños placeres de la vida. ¿Será que el ejército del olvido te ha derrotado? No lo creo, nunca es demasiado tarde para una última batalla. Podes ganar la guerra.

Solo mira la familia que has formado. Aquella a la que amas con fervor, pero la cual no conoce aún el lado más bonito y perfumado de tu vida. Recordá al abuelo sentado en su silla en aquellas tardes de domingo. Ahora pensá en el tesoro del que nos hablaba. ¿Acaso no lo ves? No es oro lo que él buscaba en sus viajes. Nosotros éramos el verdadero tesoro. Nuestra sonrisa era la fortuna que tanto anhelaba.

Debes ser el presente del pasado. Vos serás el narrador de aquellas hermosas historias y observarás nuestra risa en la alegría de tus nietos. Ellos son tu verdadero tesoro. Nunca lo olvides.

Espero que leas estas humildes líneas y que entiendas que no encontrarás en la seriedad cotidiana en la que vives un pequeño espacio para liberar tu alma y alcanzar la felicidad. Sólo recordá como lo hacíamos aquellos hermosos domingos a la tarde en familia.

Escrito por Mati Locamuz para la sección:

Compartí, no seas paco