Hace ya unos meses estaba en un aeropuerto esperando para despachar mi equipaje y hacer el check-in, ya llevaba mi buen tiempo haciendo fila para presentar todos mis papeles cuando de repente un hombre, argumentando que no llevaba equipaje, quiso ahorrarse toda la fila y tiempo de espera y pasar primero que los que religiosamente esperábamos nuestro turno.

Los que estábamos esperando empezamos a mirarnos y nadie hacia nada, todos tenían cara de personas correctas y era obvio que ninguno iba a salir a reclamar la situación. Como buen argentino mis niveles de rabia se fueron al máximo y me vi entre las dos opciones: me quedo callado y lo dejo que haga lo que quiere así seguimos hasta llegar o me voy al mostrador y le reclamo que haga la fila como todos veníamos haciendo.

Obviamente fui a quejarme con la mujer que atendía el mostrador, ella ni se había percatado de la situación ocurrida, el hombre volvió a decir que no tenia equipaje, a lo que respondí que a mí no me importaba si lo tenía o no, que por una cuestión de respeto hacia mí y las demás personas, una buena cantidad, veinte aproximadamente, él debía hacer la fila y esperar su turno. Muy amablemente la empleada le devolvió los papeles, me pidió disculpas y lo mandó al final de la fila a esperar su turno.

Esta situación que me paso a mi es un pequeño ejemplo de acciones que todos vivimos día a día, con el que pasa en el colectivo sin pagar, el que le dan mal el vuelto y se calla la boca, el que al ver el semáforo en amarillo acelera, y tantos casos que podría nombrar en los cuales por hacernos o creernos “astutos”, de forma directa estamos perjudicando a otra persona, ya sea en su trabajo, vida o lo que sea. Porque el que es “buena persona” y hace bien las cosas esta visto como el tonto, “si te cobró menos que se joda, quien la manda a no sacar bien las cuentas”, no olvidemos que al bueno también se lo mira con desconfianza, porque no puede ser que sea así, seguro que algún día muestra su otra cara y todos terminamos muertos. En las entrevistas de trabajo cuando se preguntan cualidades la gente por lo general responde, buen líder, proactivo, pero nunca van a escuchar “buena persona” y doy por seguro que si lo hacen va a ser en blanco de las burlas y risas, como si fuera una tarea fácil de la intentar serlo.

Hoy en día se busca educar a niños fomentando la autodefensa para enfrentar situaciones como las que describí arriba y la competitividad y no desde la bondad o las buenas acciones y menos a escuchar al cuerpo y al corazón. Lo peor que estamos rodeados de frases que fomentan estas cosas, como “las reglas están para romperse, no seas bueno porque sufrirás” y un montón de estupideces que, aunque parezcan insignificante tienen repercusión inmediata en los niños que las escuchan, porque las palabras se vuelven realidades que se inconscientemente se van generando, ¿Y qué realidad estamos creando? Una germinación de corrupción.

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