Desde pequeño he sido un enamorado empedernido. Con solo una mirada podía soñar con un futuro juntos, será que nunca me sentí realmente querido. Mi bajo ego formó a un pibe simpático, un ladrón de sonrisas, cariñoso, positivo, creativo, entrador, comunicativo.

Sin embargo, hay algo que el pasar de los años no cambió: los sentimientos que me despiertan las mujeres con sus sonrisas, con su andar, con su sensualidad innata. Con sus saludos, sus movimientos, con la dulzura con la que hablan.

Lamentablemente hoy me miro al espejo y me veo nuevamente solo. Me observo con unos ojos que no son míos, no veo la esperanza que irradiaba mi rostro, ni la alegría que emanaba mis comentarios. Mis labios han vuelto a ser vírgenes, mis manos olvidaron cómo acariciar, mi corazón podrido ya no sabe amar.

Es que soy consciente de que el amor duele pero que el desamor duele mucho más, es por eso que hoy escribo estas letras.

Se lo dedico a usted lectora. Si, a usted y a nadie más. Déjeme expresar lo horrible del amor que me hace respirar.

“Cuesta ganarme tus manos, tus ojos, tu cintura. Cuesta conseguir tus caricias, tus verdades, tu ternura.

Me gustás… pero te miro rencoroso. ¿Qué no tengo yo… que si tienen los otros?

Pero te sigo, soy perseverante, que me cueste un ojo, que me extirpen el otro, que sin anestesia me saquen algunas muelas, que golpeen mi rostro con palos filosos.

Con una pinza lentamente arrancaré mis uñas, clavaré clavos en mis piernas, masturbaré frenéticamente un palo astilloso, con él acariciaré el hueco de mis ojos.

Con cuchillos escribiré en mi pecho: “Mirá princesa lo que hago, es amor lo que siento”. Con vidrios dibujaré sonrisas en mis brazos, con mierda engominaré mi cabello, con una lija me depilaré los huevos, mi cola de mujer la filetearé con un hacha, reiré felizmente sin saber qué me pasa. Romperé mi cabeza contra la pared y en el piso… destrozado, te recordaré.

Algún día, con dos cabellos sobre mi cabeza, con los dedos marchitos, sin piernas ni piel, sin conciencia, ni esencia, ni presencia, sin visión, ni precisión, ni ilusión. Me volverás a mirar, te acercarás orgullosa por lo que has logrado, entenderás por fin que debes estar a mi lado.

Besarás mi frente leprosa… Acariciándome me dirás “te amo”. Recibiré tu beso  y me alejaré para no volver. Con mi boca marchita intentaré sonreír.

Y así, todo habrá terminado.

Compartí, no seas paco