Hay momentos en la vida de ciertas mujeres que son bisagra: Uno es adelgazar y el otro es ponerse tetas. Siempre me he preguntado por qué algunas mujeres que cambian su cuerpo, modifican su personalidad también.

Creo que tiene que ver con confundir autoestima con superación. El autoestima es necesario, porque amarnos tal cual somos es fundamental para una mente y alma sanos. El problema radica en querer modificarte entera para poder amarte… No creo que de eso se trate la vida.

La persona que logra adelgazar y llegar a un peso saludable (¡esto es excelente!) cambia su forma de moverse, de vestirse, de relacionarse con la gente. Se sacude los prejuicios, se aleja de la autodestrucción y comienza a amarse, lo cual es un gran avance. Pero en algunas personas, implica comenzar a alejarse de lo que alguna vez fueron. Porque cuando sos gordita, lo que destaca es tu personalidad, tu simpatía, tu forma de encarar el mundo. Al no tener que utilizar tu carisma, porque tu cuerpo es el que destaca, lo anterior se diluye y comienzan a aflorar otras características de la personalidad que antes estaban dormidas.

Con las tetas pasa lo mismo. Algunas mujeres viven acomplejadas por su falta de atributos, a tal punto que sueñan con tener un par de lolas que las haga sentirse bien con su cuerpo. Una vez obtenidas, comienzan a superar complejos y a mostrarse encaradoras, superficiales y hasta a veces se vuelven frías y se alejan de lo que alguna vez fue su personalidad.

Con esto no digo que los cambios en nuestro cuerpo no sean buenos (o necesarios) pero enfocarse solamente en nuestro aspecto y descuidar nuestro entorno, nuestras almas, nuestra paz mental, no creo que sea un cambio realmente positivo. Hay una frase que leí por ahí que decía que, en estos tiempos que corren, a veces es más necesario un buen psicólogo que un buen gimnasio…

Escrito por Betsabe Salomon para la sección:

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